La misteriosa novedad del no novedoso misterio del Aserejé

¡El origen de la letra del estribillo se sabía desde hace mucho tiempo!

El día de ayer, 25 de septiembre de 2017, el internet y las redes sociales explotaron (figurada y relativamente hablando) con un «impactante descubrimiento» (sarcasmo entre comillas): Por fin alguien había descubierto el misterio del éxito del 2002: el origen del estribillo de la famosísima canción Aserejé, interpretada por Las Ketchup:

Lo verdaderamente cómico del asunto es que muchísimos incautos, incluyendo sitios prestigiosos como Gizmodo, de prensa como La Nación y agregadores de post colectivos como Buzzfeed, cayeron en la trampa y anunciaron que después de tantos años ¡por fin se revelaba el misterio de la canción!

Los incautos y unos cuantos

Aquí algunos ejemplos de los sitios que se maravillaron y corrieron ¡a publicar la bomba del siglo!:

Milenio también cayó:

Con una sencilla búsqueda en Google encontrarás muchas publicaciones similares:

Y muchas más por el estilo.

Cabe también mencionar que muchos de esos sitios, literalmente, han copiado y pegado el texto del artículo original de BuzzFeed, que compila los tuits de… el que propició la trampa.

El que propició la trampa

Y todo porque un tuitero, milky silver chance (@Kueaff), publicó una cadena de tuits en donde se tomó el trabajo (sic) de explicar el significado de la letra:


En su defensa, no creo que él haya pretendido anunciarse con bombo y platillo como el descubridor del hilo negro, de algo que no era un misterio ni una novedad. Creo que simplemente lo hizo por aportar algo al conocimiento colectivo; lo curioso es que tantos y tantos medios lo hayan publicado sin tener idea de que era una verdad conocida desde hace mucho tiempo.

Los antecedentes

Por lo menos, aquí hay un par de videos que exploraban el origen desde el 2008:


Y en el artículo de Wikipedia de Aserejé, existe la mención muy breve de Rapper’s Delight:

La autenticidad de este antecedente puede comprobarse en las revisiones del historial del mismo artículo por lo menos desde el 2007, en la siguiente dirección: https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Aserej%C3%A9&diff=6690738&oldid=6476122

Y alguien en el sitio MarcianosMx publicó la misma explicación en enero de este mismo año, y al parecer ¡nadie le hizo caso!

¡Hasta hubo demanda!

Además, aquí está un artículo de LegalToday que data del 2010, en donde se plasma la demanda de Sugar Hill Gang por el supuesto «plagio» (que no era tal, ni procedió):
http://www.legaltoday.com/informacion-juridica/jurisprudencia/civil/sentencia-del-juzgado-de-lo-mercantil-n-6-de-madrid-del-13-de-enero-de-2010

Y en esta entrada de El País, del 2003, se menciona claramente que Aserejé está basada en «el primer rap de la historia»:

Esto nos demuestra y enseña varias cosas importantes: 1) Siempre habrá incautos en esta gran selva mediática que es el internet, 2) los medios y periodistas que los alimentan nunca investigan o comprueban la información, y 3) siempre habrá verdades que saldrán a la luz… una, y otra, y otra vez.

Mother!: todos debemos amarla

Mirándola en su nivel más superficial, estuve a punto de etiquetar Mother! la más reciente extravagancia de Darren Aronofski, como una «comedia de horror». Yo mismo no podía aguantar la risa en alto volumen y me sentí apoyado por varios compañeros del público, seguro que lo que estaba viendo era una farsa, una crítica sociológica que utilizaba la comedia como excusa para un terror sofisticado.

Hasta que dejé de reírme.

Afortunadamente, no me documenté previamente sobre la película y pude formar mi propio criterio desde una hoja en blanco. Cuando terminó el primer acto, las cosas comenzaron a ponerse más extrañas y entonces es cuando hube de comenzar a usar el cerebro, en un esfuerzo inusual para un aparente thriller/suspense. Requerimiento que pone a esta cinta como una de las obras cinematográficas a la altura de clásicos enigmáticos como «Possession» (1981) de Andrzej Zulawski o «Mulholland Dr.» (2001) de David Lynch.

Mother! (estilizada como «mother!») es una película que, al mismo tiempo que muestra resistencia a la clasificación, su apreciación queda en riesgo cuando se comenta y analiza a profundidad antes de ser disfrutada. Cualquier detalle es una revelación potencial que arruinaría la sorpresa, por lo cual pediré a quienes no la han visto y quieran apreciarla en toda su extensión, que dejen de leer esta reseña después del aviso de spoilers.

Antes de entrar a ese nivel, es obligatorio mencionar que la película ha dividido tanto a críticos como a audiencias en dos bandos: los que la odiaron profundamente y los que la amamos sin reservas. Es obvio que yo me cuento entre estos últimos, tanto por el estilo narrativo que utiliza Aronofski como por la curiosa construcción y emplazamiento de las secuencias.

Ahora sí, favor de no leer de aquí en adelante, si no la han visto.

SPOILERS

Si bien la película está contada en metáforas y éstas no están construídas en absoluta perfección, el trabajo para diseñar las analogías es digno de ser tomado en cuenta. Aronofsky ha emparejado cada actor-personaje principal con un objeto místico/metafísico de la mitología católica: Jennifer Lawrence («mother», en los créditos) representa a la Madre Naturaleza. La casa que ella misma va remodelando y mejorando representa a la Tierra. El personaje de Javier Bardem, en los créditos como Him (Él, el único con inicial en mayúscula) es, obviamente, el Creador. Ed Harris (man) y Michelle Pfeiffer (woman) son la contrapartida de Adán y Eva, quienes llegan por primera vez a visitar el paraíso y rompen el preciado objeto de Él, analogizando el episodio del Fruto Prohibido. Sus hijos (oldest son y younger son) son Caín y Abel. La muerte de Abel por Caín propicia un velorio que termina en ruptura e inundación (aquí las metáforas son comprimidas por conveniencia). «Madre» queda preñada y da a luz a un hijo que sin duda es el paralelismo de Jesucristo, hijo que la humanidad termina asesinando en un frenesí de fanatismo. El haber necesitado utilizar a un personaje adicional para emular a la Virgen María habría requerido más complejidad y el resultado habría sido aún menos comercial. Finalmente, la Madre Naturaleza se inmola para limpiar toda la basura de su casa y, de sus restos, aún viviendo, Él extrae de su interior, un nuevo objeto (su corazón), reiniciando así el ciclo de la Creación con una nueva Madre. Ingenioso.

No importa si no la amas. Pero, metafóricamente también, todos deberíamos amarla. Es entendible que no a todos los públicos les haya agradado Mother! La vertiginosa acción del segundo acto, más que divertir, produce vértigo en los espectadores sensibles. Es una historia difícil de digerir y de disfrutar, realmente una audacia de Aronofsky (quien junto con David Lynch, Lars Von Trier y David Cronenberg nunca hemos entendido quién sigue finánciandolos) y supongo que no esperaba que fuese un éxito taquillero, aún incluyendo a su esposa como protagonista. Este resultado habría sido sólo un plus. La crítica tampoco trató bien a Mother! en su totalidad. Sin embargo, a mí me parece una obra para ser considerada entre las supremas y magníficas de todos los tiempos: no cualquier película nos ofrece un puzzle tan cuidado y al mismo tiempo un desarrollo tan lleno de suspenso y acción insana que te mantiene en vilo desde el inicio hasta el extraño y perturbador final, cuya sugerencia es más escalofriante de lo que parece, si se razona adecuadamente.

Mara y la Utopía que viene

No hay mucho más ni nada novedoso que decir al respecto. En la semana que ha transcurrido, correspondiente a las Fiestas Patrias de México que ya también sufrían deterioro por el terremoto, estas resultarían aún más eclipsadas por el seguimiento mediático del caso de Mara Fernanda Castilla, la joven veracruzana que fue violada y asesinada por un chofer de Cabify en Puebla. Y como no hay mucho qué informar aparte de la infinidad de noticias que ya inundan la red, creo que está de más declarar que el repetir la información no es el objetivo de este artículo.

Pero sí lo es el tratar de ordenar un poco las ideas al respecto, para llegar a mi punto de la utopía. El asesinato de Mara cometido -presuntamente, hasta el momento- por un chofer de una empresa de transportación privada, se ramifica por varias vertientes alarmantes.

Una de ellas es el asunto de la empresa de origen español que no cuenta, por lo menos en México, con los filtros adecuados para detectar si en sus filas de conductores se cuela algún psicópata oportunista, ladrón oportunista o, en el caso actual, un criminal sexual oportunista.

De acuerdo a la más lógica reconstrucción de los hechos -en el caso de que todos los datos sean veraces- el delincuente en ciernes llevó a la chica a su casa desde un bar en la madrugada, y ella, en estado de ebriedad, se había quedado dormida, por lo que el conductor le tomó algunas fotos (tal vez ya sin ropa), a juzgar por los flashazos que reportaron las imágenes de las cámaras de seguridad. Al ver que no despertaba, vaya usted a saber si le suministró alguna droga que terminó de rematarla, decidió alegremente mejor aventarse la hazaña completa y llevarla a un motel, donde la violó ya sin una gota de escrúpulos y al final, tal vez por temor repentino, tomó la decisión de estrangularla para evitar las acusaciones directas. Y como no estamos hablando de un genio criminal digno de la mente de Doyle o Christie, subestimó la inteligencia de los posibles investigadores y supuso, inocentemente, que tirarla en un barranco a varios kilómetros sería suficiente para que jamás fuese encontrada. «¿Quién demonios encontraría el cadáver en un barranco?».

Ah, y en su negligencia criminal olvidó que existen cámaras de seguridad, GPS y diversas tecnologías que podrían delatarle, por lo que se le hizo muy fácil alegar que la había entregado sana y salva en su casa. Ni el más estúpido de los Minions sugeriría una coartada tan débil como esa.

Hasta el momento, el gobierno de la ciudad de Puebla ha retirado el registro a Cabify para operar en el estado. Y no sabemos qué consecuencias traerá esto al futuro de la empresa de transporte privado, e incluso al también polémico Uber, ya que este caso aislado parece demostrar que estas empresas no ofrecen realmente la seguridad que prometen. Pero que, al final de cuentas, no es peor que la inseguridad de utilizar los taxis tradicionales en ciudades inseguras y pululantes de delincuentes y agresores sexuales.

Por otro lado, existe la vertiente de la imagen de la inseguridad en México. La cual, así como un conductor criminal de Cabify ha echado a perder la reputación de una empresa del nuevo milenio, ha mermado la reputación de un país que en lugar de ser un atractivo turístico mundial debido a su riqueza cultural y hermosos parajes naturales, se plasma en la opinión mundial como uno de los más inseguros del mundo. En el 2011, debido a una ola de violencia en el estado de Veracruz, la gente creía que apenas pisaran tierra jarocha comenzarían a recibir disparos. Ahora esta fama se enquista en la imagen de toda una nación para el resto del planeta. Y ayudada (metafóricamente hablando) por la negligencia y falta de interés del gobierno para investigar, procesar y finiquitar adecuadamente los casos criminales, el turismo en nuestro país ha sido mermado de una forma nunca antes vista. En México matan, y lo peor, les gusta matar mujeres.

Eso nos lleva a la otra vertiente, la de la opinión pública. La gran reacción en masa es, obviamente, un termómetro de los problemas nacionales. En este caso, el que miles de mujeres salgan a protestar es un hecho que aplaudo, pero que lamentablemente es más dirigido a los funcionarios de Estado que a los propios criminales. El «Todos somos Mara» y el «Ni una menos» son gritos de batalla que significan que las mujeres ya están cansadas de la inseguridad, del machismo, de la violencia, de las agresiones, de la discriminación y de ser culpadas, por ser mujeres, de las agresiones de los perversos varones.

Por desfortuna, ni Cabify, ni México, ni su gobierno, ni los perversos varones tienen la culpa total de estas desastrosas situaciones. Si se me permite la opinión, creo que el problema radica en algo más profundo: una combinación de muchos factores, entre ellos, los principales, una profunda deficiencia cultural y educativa y la evidente disparidad en la economía social. Me atrevo a opinar, en realidad sin datos ni estudios certificados en la mano, que la mayoría de los problemas de violencia en México -como en muchos países similares- se debe a un error de coherencia en la mentalidad del mexicano promedio, que se intensifica con la educación básica: hasta ahora, que ya el problema ha sido detectado, se está promoviendo, muy lentamente, la metamorfosis de los valores culturales. Esto, aunado a la pobreza consecuente de una corrupción sin límites, crea un círculo vicioso de criminalidad y un caldo de cultivo para sus representantes.

A nadie le sirve, realmente, una escuela en donde el civismo es adorar símbolos patrios en lugar de enseñarles la igualdad de derechos y valores humanos de hombres y mujeres, de la diversidad de géneros, de pieles y credos. Y se promueve lentamente porque la promoción de la aceptación de la diversidad aún encuentra barreras y oposición en las mismas familias tradicionales, cuando los padres protestan porque a sus hijos les enseñan que los hombres pueden hacer «cosas de mujeres» o que el ser homosexual o las diversas expresiones sexuales son algo normal.

Los «valores tradicionales» aún son cadenas que frenan el progreso cultural y que costará mucho trabajo deshacerlos: no hay más que ver las expresiones públicas de los despistados que afirman que «sin pene no hay violación» o como el reciente locutor de Juego de Troles que afirmó que la muerte de Mara es, por lo menos, la mitad de responsabilidad de ella. O el rector de la universidad Madero, quien más o menos afirmó públicamente que por liberales, las chicas se exponen a los peligros…

…quienes tal vez tienen un punto, pero se olvidan que el {1 + 1 igual a 2} funciona a la perfección en aritmética básica, pero en la vida real se necesitaría un sistema tan sofisticado (y hasta el momento, ficticio) como la «psicohistoria» creada por Hari Seldon (de la saga de la Fundación creada por Isaac Asimov), la cual consiste en una serie de ecuaciones que permiten predecir el futuro en términos probabilísticos. En este caso, sólo matemáticas tan complejas como las de la psicohistoria podrían determinar las vastas interrelaciones de causa-efecto que permitirían distribuir correctamente las responsabilidades en los conflictos sociales.

Aún existe una irresistible tentación de no aceptar lo que ya es una tendencia mundial. Pero se necesita mucho tiempo y esfuerzo, errores, tropiezos y correcciones de la sociedad humana para lograr lo que todos anhelamos: la utopía.

El universo de la visionaria franquicia de Star Trek (iniciado a principios de los años sesenta) muestra un futuro utópico en el que la pobreza y disparidad social, los prejuicios, la discriminación racial y religiosa, la corrupción, el crimen organizado y los desórdenes mentales sociopáticos han sido exitosamente erradicados, y gracias a la avanzada tecnología imaginada, los casos aislados son eficientemente identificados y corregidos. Las series de televisión de la saga han ido incorporando elementos de evolución cultural a medida que los shows han ido apareciendo a lo largo de cinco décadas. No hay hacer mucha aritmética para intuir la acertada visión de su creador y showrunners, pero tal vez esto nos demuestra que el problema que nos aqueja actualmente no solamente existe en México: la mayor parte del planeta sufre de estos desatinos humanos. Y hay que revisar la historia para darse cuenta de que, desde los sacrificios humanos, pasando por torturas religiosas, esclavitud, crímenes supremacistas, genocidios, hasta llegar a los crímenes de machismo y odio a la diversidad, en efecto: vamos avanzando hacia la utopía, o lo más cercano a ese concepto que se pueda.

Tal vez no vivamos para verlo, mientras tanto, dejemos de pensar que no sirve para nada protestar. Probablemente no sirva en el momento, pero definitivamente debemos entender que nuestras acciones y movimientos actuales son, en la historia que se leerá en el futuro, un escalón más para llegar a ese anhelado estatus de la humanidad.

It (Eso): una fiesta del horror

It, título adaptado al español tradicionalmente como Eso (gramaticalmente incorrecto (ya que debería ser «Ello» (artículo neutro) y se ha consensuado como «Eso») pero comercialmente conveniente), es una película que muy bien podría considerarse un clásico de horror moderno. La largamente esperada adaptación cinematográfica llega precedida por un gran apoyo viral de avistamientos urbanos de payasos que han incrementado la «coulrofobia» popular, la cual inconscientemente fue asociándose al estreno que se acercaba. Recuerdo innumerables posts en las redes sociales, por lo menos desde mayo del 2016, de gente que reportaba payasos amenazadores en las calles, sin estar conscientes que se trataba de una ingeniosa y relativamente barata campaña de Warner Brothers y New Line Cinema. Nada más económico que distribuir dinero internacionalmente y dispersarlo sobre los potenciales mercados. El resultado en taquilla debe haberlo recuperado de sobra.

En repetidas ocasiones he sostenido a título personal que el horror en el cine ya no me afecta, ni me mueve ni me incomoda. Pero ese es mi problema. Eso no significa que IT no sea una película «horrorizante». A pesar de mantener -y justificadamente- algunos recursos clichéscos del cine de terror convencional, la atmósfera que emana, las estratégicas apariciones de Pennywise en la medida correcta (aún rompiendo la cátedra spielbergiana), y las ilusiones (¿ilusiones?) proyectadas en la mente de los chicos para mantenerlos aterrorizados hacen de este un espectáculo insoportable para los susceptibles, mientras que emocionante y divertido para las audiencias más maduras.

No se puede seguir sosteniendo, como lo pretendieron los típicos puristas (que eran de esperarse en esta ocasión), que la versión original fuese insuperable, o por lo menos la memorable actuación de Tim Curry. Bill Skarsgård brinda una excelente interpretación de Pennywise, y esta vez el terror del personaje viene mejorado con ciertos efectos digitales necesarios para este tipo de historias. Las múltiples mandíbulas emergentes de la criatura, en reminiscencia del rey xenomorfo, otorgan la dimensión exacta para proyectar el mal de un ser de este calibre. Como Eso.

Pennywise no solamente es payaso -usado como adjetivo-: esta vez es más cruel, más despiadado e innegablemente feroz. A pesar de que es presentado sin tapujos desde la primera secuencia, y correcta pero abundantemente dosificada a lo largo de la historia, sumando las innumerables escenas en las que le han permitido salir a la luz antes de su proyección oficial, el rey de los payasos diabólicos no pierde fuerza a la hora de ver la película: hay que verlo en acción. Aún tengo la duda si Stephen King inició la idea de alimentarse del miedo de las víctimas, pero eso es solamente la punta del iceberg del verdadero origen en la mitología de Pennywise, de qué clase de creatura del mal se trata, quienes son sus enemigos naturales y de donde provienen. Datos interesantes mayormente para la comunidad geek y que si se hubiese profundizado en ellos, la película habría perdido su atractivo popular. La novela, de alrededor de 1000 páginas, contiene más profundidad en los personajes -como es de esperarse en tal extensión-, más subtramas, y un vistazo al origen no solo del enemigo, sino de todo el Macroverso, el plano existencial donde este engendro del mal puede ser vencido.

Nunca he sido fan de la historia de It aunque debo reconocer la penetración del concepto en la imaginería urbana, sin tomar en cuenta que la «coulrofobia» ha sido identificada desde mucho antes de la novela y la miniserie. It tiene muchas similitudes con Freddy Krueger, con recursos similares para crear y enfrentar temores en niños y jóvenes, cuya mitología fue creada dos años antes de la aparición del libro original de King y la miniserie televisiva. La única diferencia es que Krueger utiliza el territorio de los sueños, que es como un enorme escenario donde posee total libertad creativa para construir sus pesadillas. Algo, si me preguntan, mucho más coherente que la constante transición de Pennywise de la realidad al Macroverso: como que a veces puede, y a veces no puede. Pero en fin, es perfectamente justificable como metáfora conceptual para el origen y la proyección de los temores infantiles y juveniles.

Esta nueva entrega, hecha con la mejor técnica tanto cinematográfica como estilística, por fin hace justicia al material original de King después de tantos años que reinó la miniserie de 1990. Seas o no aficionado del terror, It impacta de manera positiva, y junto con su gran hype se ha consolidado como una verdadera fiesta del horror. Demuestra una vez más que Hollywood es capaz de hacer buenas producciones sin desviar descaradamente el material original, si los estudios lo permiten, a lo que solamente cuando ya es mercancía probada. A pesar de contener mucho gore -el necesario-, situaciones de abuso sexual infantil, mucho bullying y escenas políticamente incorrectas e inapropiadas para algunos gustos -menores de edad de ambos sexos en ropa interior sugestiva, y eso que no han leído la novela-, se las arregla para mantener el buen gusto y logra que el público salga con un buen sabor de boca, a pesar de ser una película para paladares heroicos.

Ray-BluRay (Colección)

El primero que vi, fue el de Ray-BluRay, de ahí el nombre que le di al compilado. Me pareció de las más graciosas e ingeniosas tendencias de la inteligencia colectiva, y cuando aparecieron más de ese estilo, comencé a reunirlas. Con ustedes, la Colección Ray-BluRay, que iré actualizando poco a poco. Si alguien quiere añadir alguna pieza, se recibe con gusto. Esperamos que sea la exhibición curada más grande de América y ¿por qué no? De todo el mundo, para poder venderla en un futuro a un adinerado coleccionista.

Ray (Charles)

Alejandro Fernández

Amadeus

Amazon

Angus Young

Ariana Grande

Armadillo

Beyonce

Cervantes

Chinchilla

Chopin

Clint Eastwood

Condorito

Debussy

Eso

Harrison Ford

Formaldehído

Héctor Lavoe

John Cena

Jude Law

Laura Pausini

Legolas

Normal cone

Reese Witherspoon

Ringo Starr

Samuel L. Jackson

Sauron

Serena

Usain Bold

Vegeta – Rihanna

Vin Diesel

Washington D.C.

Werewolf

X-Men

Yoda

Y algunos juegos con nombres…

Danza con simios

El reciente «escándalo» (ya que no se le puede llamar de otra forma sino con comillas) de las declaraciones de Aleks Syntek contra el tristemente célebre reggatón es un claro termómetro de la nefasta situación de la actual industria musical.

Enfrentémoslo. Estamos en un mundo en el que el rock está en coma perpetuo, sostenido solamente por una pléyade de fans que poco a poco se van debilitando, con mucha fuerza (aún) en Europa y adorado por «ghettos» musicales, pero que sufre de falta de interés por la gran masa de público hispano y latino, en todo el continente americano. En su lugar, la raza, esa que compra discos y repleta conciertos, prefiere un género que comenzó siendo un subgénero que comenzó pareciéndonos muy carismático, cuando jamás nos imaginamos a lo que iba a llegar (el antecedente más lejano que recuerdo es «Te ves buena» de El General). En su momento ni siquiera le llamábamos reaggetón. Nos parecía una combinación de rap, hip-hop y reggae, un experimento muy gracioso que para nosotros los -más o menos conocedores- de la música fue perdiendo el interés, pensando inocentemente que no pasaría de unos cuantos refritos y moriría.

En lugar de eso, fue cobrando fuerza a través de dos décadas y media, durante las cuales no puedo recordar cuándo escuché por primera vez referirse a eso como «reggaetón», pero la palabra en sí me parecía un chiste. ¿Reggae? ¡No, reggaetón! No necesitabas conocer las raíces o ser fan del reggae para disfrutar del reggaetón.

Pero una vez que fue diseccionado y fueron pasando estrellas fugaces y otras estáticas a través de su existencia, pudimos descubrir que lo único que se necesitaba, musicalmente hablando, para que una canción se presentara como reggaetón era basarse en un sencillo ritmo, oscilando hacia arriba y abajo de los mismos BPM, ritmo que reza… Tún, tún-tún, tún–Tún, y eso era todo. Poco importaba que hablaran de gatos voladores, de chicas que quieren chorizo, de gasolinas o de mujeres que conocieron en un taxi. Poco importaba que el mensaje a trasmitir consistiera sólo de lo bien que iban a perrear, que chuleara divina y misóginamente a las mujeres diciéndoles mamita y nena muévelo y acércate a mi pantalón dale vamo a pegarnos como animales y te voy a atravesar con mi espada. El único requerimiento verdadero y universal es el Tún, tún-tún, tún–Tún.

De ahí evolucionaría, al darse cuenta algunos novatos y estrellas ya consolidadas de que «si no puedes vencerlo, únete» era la máxima válida aquí, comenzaron a integrar el Tún, tún-tún, tún–Tún a sus éxitos y colaboraciones, situación en la que han caído desde los más desconocidos hasta los grandes consagrados. La única manera de integrarlo sin perder su propio glamour era suavizando la misoginia implícita y la carga erótico-vulgar del género, con letras un poco más pensadas, sensuales y menos toscas, y nunca con complicaciones intelectuales (con una sola excepción y mención honorífica: Calle 13).

Y de pronto, al gran Aleks Syntek, músico bien preparado y conocedor de la historia musical pop y otros géneros, buen arreglista, compositor y carismático intérprete, se le ocurre decir (tal vez bromeando, y con toda intención y entendimiento de la tormenta que causaría) que el reggaetón le tiene hasta la madre, que no se explica por qué tantos colegas le entran (pregunta casi retórica) y, entre otras cosas, que el reggaetón viene de los simios.

Obviamente, muchísimas personas, yo incluído, aplaudimos las declaraciones de Aleks Syntek y sobre todo su valor al declarar que aunque el reggaetón fuese lo último que quedara disponible, él no le entraría al toro. No sabemos si realmente lo haría; lo cierto es que, como es tan usual y tan de moda en estos tiempos, la «comunidad reggaetonera» se le fue encima, al grado de que (mal por Aleks) tuvo que disculparse por haber dicho lo que dijo.

Vamos, no se trata de defender los insultos, pero ¿en qué clase de tiempos estamos viviendo en los cuales alguien muy versado en música ofende a un género decadente desde su concepción y después debe disculparse por decir la verdad? Si Aleks ofendió a los engendros de Alex y Fido, al barriobajoso C-Kan, al alcohólico y drogadicto (y a todas luces analfabeta) Nicky Jam, al estúpido Yankee y a los caritas misóginos de Balvin y Maluma ¿por qué debe pedir disculpas públicamente y satisfacer a una gran masa de simios a quien no le preocupa en lo más mínimo la calidad musical? El que todos esos dizque cantantes hayan protestado y exigido la retractación resulta exactamente la misma ofensa para nosotros, si no mayor, que la que Aleks hizo a ellos. Estos intérpretes tienen el cerebro lleno de estiércol y sus seguidores y admiradores son la lacra de la sociedad.

Ya. Está hecho. Insulté y ofendí a toda esa comunidad reggaetonera. ¿Y qué ocurrió? Nada. Ninguna turba enardecida vendrá a buscarme con antorchas para llevarme a la pira purificadora de la retractación pública. Ni ocurrirá de aquí a la eternidad. ¿Por qué?

La respuesta es sencilla: Aleks Syntek es una figura pública, y la gran cantidad de seguidores del reggaetón componen una masa enorme y hambrienta de justicia y venganza. Anhelan la lapidación mediática por una tontería, por una broma, por un momento de extravagancia y, sobre todo, de honestidad.

Porque estamos en los desagradables tiempos en que la corrección política es la ley y las redes sociales son jueces y verdugos.

Por la misma razón que una vez fueron lapidados Platanito por repetir un chiste de humor negro (el de Kentucky Fried Children) en un momento sensible, a Nicolás Alvarado por decir la verdad de su actitud hacia Juan Gabriel (que estaba en todo su derecho), Tiziano Ferro por llamar bigotonas a las mexicanas (a quien les vienen guangos sus detractores en México), a Ludwika Paleta por repetir el chiste de la sopa de coditos en un inofensivo tuit, a Michael Richards por su rant humorístico contra los negros en un show de stand-up («a ese idiota ya nadie le da chamba y ahora quiere hacerse el gracioso ofendiendo a un brother»).

Porque dicen lo que sólo podemos decir las no-celebridades en nuestros blogs personales y sitios de opinión, en foros de discusión, en charlas de café y en bromas de fiesta. Nada ocurre si yo apoyo a Aleks Syntek y reitero que EL REGGAETÓN VIENE DE SIMIOS, sí, porque eso es la neta, pero a la gente no le importa si uno dice la neta. Le importa que lo digan los famosos. Hagan un experimento. Tengan ustedes la edad que tengan, afirmen frente a un chico o chica amante del reggaetón que su música es simiesca, inculta y degradante. Mientras menos edad tengan, lo más que podrá pasar es que recibirán un «chinga tu madre» fácilmente perdonable, a menos que vivan en un barrio sin ley. Fuera de esos sitios, a nadie le importa la opinión insultante de un hijo de vecina, sea del estrato social que sea (la vecina).

Y créanme, no odio realmente el reggaetón. Que lo desprecie como expresión musical tampoco significa que no reconozca que SÍ ES MÚSICA, aunque muy primitiva, fácil de hacer, fácil de cantar, fácil de componer, repetitiva y nada imaginativa. Eso tampoco me impide reconocer que de repente me sorprendo a mí mismo canturreando los 4 felices de Maluma, el reggaetón necesitoso de Balvin, los mashups de género de Gloria Trevi, Ricky Martin y similares y, ¡cómo no! el archifamoso little slow de Fonsi y Yankee. Y si hay que bailarlo en algún momento que haya que bailarlo, no tengo problema, le entro, aunque siempre he sido menos bailarín que cualquier simio de la alta sociedad.

De pilón, les regalo esta joyita, quien muestra todo su linaje de cobre cuando le preguntan por la notita musical tatuada en su cabeza: