Star Wars: The Last Jedi, la nueva fuerza de La Fuerza

Decir que Star Wars: The Last Jedi (El Último o Los Últimos Jedi), el octavo episodio en la ya trascendental franquicia cinematográfica es mil veces mejor que su predecesora, Star Wars: The Force Awakens, es ser bastante injusto con ésta última y deteriorar su mérito de haber sentado las bases, las nuevas situaciones y los personajes para continuar la épica saga.

En lugar de eso, como odio las comparaciones denostativas, me limitaré a afirmar que The Force Awakens es una película muy bien lograda y que supo honrar la causa, pero The Last Jedi es, indudablemente, encantadora.

A pesar de ciertas fallas en el ritmo y secuencias que se sienten innecesariamente largas, esta nueva entrega es capaz de mantenernos interesados durante dos horas y media sin perder el mínimo de interés. En algún momento entre los últimos dos años llegué a pensar que era necesario traer de regreso a George Lucas y obligarle a sintonizarse con su espíritu creativo en versión joven para lograr recapturar la esencia de los primeros episodios (4, 5 y un poco del 6), la cual perdió en su brillante idea de presentar al mundo toda una pre-trilogía que fue basada mayormente en situaciones galactico-políticas y muy poco en las aventuras heroicas a las que dejó acostumbrada a su leal legión de fans.

Ahora ya no lo pienso. Es notable ver que, mientras J. J. Abrams jugó a la segura en el episodio anterior (tal vez presionado por los jefes Disney, pero también compartiría la responsabilidad con el mismo Kasdan y Amdt, co-escritores), Rian Johnson se las arregló para desarrollar un guión con un balance más cohesivo entre los arcos de religión, lealtad, heroismo y aventura. Igual, tal vez el mérito no es totalmente suyo, pero de cualquier forma, no quiero poner ambas películas en un deathmatch para ver cuál es mejor. Según la crítica, esta gana por mucho.

Sin embargo, TFA hizo algo que era absolutamente necesario: encarrilar una antigua historia a un público ávido de más Star Wars que habría querido presenciar todo lo que ocurrió con Luke, Leia y Han durante más de treinta años de no saber absolutamente nada de los amados personajes. Esa es la razón por la cual, hace dos años, nos emocionamos con la triunfal entrada de Han Solo y Chewbacca en su imparable Millenium Falcon, nos sentimos complacidos de ver a Leia convertida en general de la nueva resistencia y encontrar, finalmente, al ahora legendario (literalmente hablando) Luke Skywalker, auto-exiliado en una isla en los confines de La Galaxia ya de por sí tan lejana. Por lo tanto, para mi generoso punto de vista, el episodio VII tiene todos mis respetos.

Dicho esto y dejándolo bien establecido, continúo con el episodio actual. En The Last Jedi, Rey, Finn y Poe, los nuevos héroes principales, ahora se nos hacen más familiares y van cobrando nueva fuerza (y Fuerza), mientras los venerables antiguos personajes les van abriendo el camino, dejándoselos muy bien pavimentado. Suena un poco ridícula a estas alturas la opinión de Lucas de que ya no podían seguir contándose más historias de Star Wars. Lo que no podría haber logrado era continuar contando la misma historia con sabor a space soap opera (o «telenovela del espacio»). En efecto, lo que más deseaban los fans no habría sido un acierto si, como en la historia de las largas telenovelas, no se hubiesen introducido nuevos elementos, ya que los viejos conocidos se desgastan con el tiempo. Lo único que tal vez lamentamos es el no haber presenciado una nueva y última cooperación entre Luke y Han, todo gracias al enfant terrible y parricida de Kylo Ren.

Los más conocedores de la saga encontrarán, indudablemente, muchos paralelismos con el pasado. La cinta está repleta de guiños. En algún momento, y tal vez contaminado por el incesante criticismo de los eternos conocedores de cine, llegué a pensar que tanta similitud y situaciones análogas, puestas con toda intención, eran una mala señal, una jugada ambiciosa por parte de los ejecutivos de Disney que gritaban «escribe situaciones que los fans reconozcan, con eso ganamos». Ahora, mirando en retrospectiva, puedo ver que en realidad es un acierto: jamás les habrían perdonado que hicieran lo mismo que Star Trek Discovery: luce como Star Trek, pero no sabe a Star Trek. Y quién más que yo para decirlo, que si me obligasen a decidir llevarme una de ambas sagas a la proverbial «Isla Desierta», elegiría sin duda todas las series y películas de Star Trek.

También viene incluído el obligatorio paquete de alienígenas humanoides y criaturas sorprendentes, entre ellas los adorables y amistosos (con la mercadotenia) porgs, unos ordeñables animales marinos y unos bellos e inquietantes zorros cristalinos que son una delicia visual. Así como hermosos lugares, entre ellos un sofisticado casino para gente de élite que es mañosamente anunciado como el sitio donde confluye lo más bajo y deleznable de la escoria de la galaxia.

La película tiene preciosos momentos introspectivos, así como dinámicas secuencias de batallas espaciales (tal vez más claras que la trilogía 1-2-3) y brillantes tácticas de guerra. Luke Skywalker como un viejo quejumbroso e inseguro toca la nota correcta y la justificación es apropiada (no quería decirlo pero aparece un viejo -literal- conocido), así como lo fue el desempeño de Han Solo en la entrega anterior, como el incansable mercenario espacial. C3PO mantiene su adorabilidad como androide protocolario y tal vez R2-D2 está desaprovechado, siendo comprensible, con tal de permitir la transferencia de cariño de los fans hacia el no menos simpático BB8. También veo un poco más confortable el personaje de Kylo Ren, a mi juicio, el único que le costó trabajo embonar, ahora tal vez porque ya tuvo que darse cuenta de la ridiculez de usar un casco-máscara que no tenía ni remotamente el poder icónico del que poseía su abuelo.

Y tenemos sobre el final un sorprendente giro, el cual me veo impedido a revelar para no arruinar la sorpresa. Solo puedo decir que en verdad la resolución de este capítulo limpia el estigma y libera de cualquier indecisión que se tuviera sobre la validez de continuar con la milenaria historia. Por fin, puede decirse que, como todo en la vida, Star Wars ha pasado a una nueva etapa y para el episodio IX (del que estamos seguros que tampoco será el final-final) ya no serán necesarios los servicios emocionales de aquellos jóvenes que fueron la clave de la Alianza Rebelde hace treinta y tantos años: la nueva fuerza de La Fuerza por fin logró conquistar nuestros corazones, y lo más seguro es que también la Galaxia.

https://www.youtube.com/watch?v=04d-MeYQlRc