It, título adaptado al español tradicionalmente como Eso (gramaticalmente incorrecto (ya que debería ser «Ello» (artículo neutro) y se ha consensuado como «Eso») pero comercialmente conveniente), es una película que muy bien podría considerarse un clásico de horror moderno. La largamente esperada adaptación cinematográfica llega precedida por un gran apoyo viral de avistamientos urbanos de payasos que han incrementado la «coulrofobia» popular, la cual inconscientemente fue asociándose al estreno que se acercaba. Recuerdo innumerables posts en las redes sociales, por lo menos desde mayo del 2016, de gente que reportaba payasos amenazadores en las calles, sin estar conscientes que se trataba de una ingeniosa y relativamente barata campaña de Warner Brothers y New Line Cinema. Nada más económico que distribuir dinero internacionalmente y dispersarlo sobre los potenciales mercados. El resultado en taquilla debe haberlo recuperado de sobra.
En repetidas ocasiones he sostenido a título personal que el horror en el cine ya no me afecta, ni me mueve ni me incomoda. Pero ese es mi problema. Eso no significa que IT no sea una película «horrorizante». A pesar de mantener -y justificadamente- algunos recursos clichéscos del cine de terror convencional, la atmósfera que emana, las estratégicas apariciones de Pennywise en la medida correcta (aún rompiendo la cátedra spielbergiana), y las ilusiones (¿ilusiones?) proyectadas en la mente de los chicos para mantenerlos aterrorizados hacen de este un espectáculo insoportable para los susceptibles, mientras que emocionante y divertido para las audiencias más maduras.
No se puede seguir sosteniendo, como lo pretendieron los típicos puristas (que eran de esperarse en esta ocasión), que la versión original fuese insuperable, o por lo menos la memorable actuación de Tim Curry. Bill Skarsgård brinda una excelente interpretación de Pennywise, y esta vez el terror del personaje viene mejorado con ciertos efectos digitales necesarios para este tipo de historias. Las múltiples mandíbulas emergentes de la criatura, en reminiscencia del rey xenomorfo, otorgan la dimensión exacta para proyectar el mal de un ser de este calibre. Como Eso.

Pennywise no solamente es payaso -usado como adjetivo-: esta vez es más cruel, más despiadado e innegablemente feroz. A pesar de que es presentado sin tapujos desde la primera secuencia, y correcta pero abundantemente dosificada a lo largo de la historia, sumando las innumerables escenas en las que le han permitido salir a la luz antes de su proyección oficial, el rey de los payasos diabólicos no pierde fuerza a la hora de ver la película: hay que verlo en acción. Aún tengo la duda si Stephen King inició la idea de alimentarse del miedo de las víctimas, pero eso es solamente la punta del iceberg del verdadero origen en la mitología de Pennywise, de qué clase de creatura del mal se trata, quienes son sus enemigos naturales y de donde provienen. Datos interesantes mayormente para la comunidad geek y que si se hubiese profundizado en ellos, la película habría perdido su atractivo popular. La novela, de alrededor de 1000 páginas, contiene más profundidad en los personajes -como es de esperarse en tal extensión-, más subtramas, y un vistazo al origen no solo del enemigo, sino de todo el Macroverso, el plano existencial donde este engendro del mal puede ser vencido.
Nunca he sido fan de la historia de It aunque debo reconocer la penetración del concepto en la imaginería urbana, sin tomar en cuenta que la «coulrofobia» ha sido identificada desde mucho antes de la novela y la miniserie. It tiene muchas similitudes con Freddy Krueger, con recursos similares para crear y enfrentar temores en niños y jóvenes, cuya mitología fue creada dos años antes de la aparición del libro original de King y la miniserie televisiva. La única diferencia es que Krueger utiliza el territorio de los sueños, que es como un enorme escenario donde posee total libertad creativa para construir sus pesadillas. Algo, si me preguntan, mucho más coherente que la constante transición de Pennywise de la realidad al Macroverso: como que a veces puede, y a veces no puede. Pero en fin, es perfectamente justificable como metáfora conceptual para el origen y la proyección de los temores infantiles y juveniles.
Esta nueva entrega, hecha con la mejor técnica tanto cinematográfica como estilística, por fin hace justicia al material original de King después de tantos años que reinó la miniserie de 1990. Seas o no aficionado del terror, It impacta de manera positiva, y junto con su gran hype se ha consolidado como una verdadera fiesta del horror. Demuestra una vez más que Hollywood es capaz de hacer buenas producciones sin desviar descaradamente el material original, si los estudios lo permiten, a lo que solamente cuando ya es mercancía probada. A pesar de contener mucho gore -el necesario-, situaciones de abuso sexual infantil, mucho bullying y escenas políticamente incorrectas e inapropiadas para algunos gustos -menores de edad de ambos sexos en ropa interior sugestiva, y eso que no han leído la novela-, se las arregla para mantener el buen gusto y logra que el público salga con un buen sabor de boca, a pesar de ser una película para paladares heroicos.