Blade Runner 2049: una fiesta sci-fi con after hour

A pesar de que soy fiel admirador de la obra literaria de Philip K. Dick, debo decir que la novela Do Androids Dream of Electric Sheep? (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, 1968) nunca fue de mis favoritas, en especial porque no soy tan aficionado al tema de la probable consciencia de las inteligencias artificiales como lo soy de la naturaleza y percepción de la realidad, asunto que el escritor también abordó en varias ocasiones.

Tampoco fui muy afecto de la libre adaptación cinematográfica de Ridley Scott, Blade Runner (1982). ¿Razón? Aparte de la que mencioné arriba, me pareció un poco lenta, aún siendo casi 50 minutos más corta que la secuela actual y su trama bastante directa y digerible. Y no me malinterpreten, ya que de todas formas la considero una gran película.

Blade Runner 2049, con duración de casi 2 horas y 45 minutos, es el nuevo hito cinematográfico de Denis Villeneuve, quien desde Arrival (2016) se ha convertido en el nuevo director consentido de la ciencia-ficción «seria». La crítica se deshizo en halagos por una secuela que supera con creces la obra de culto de Scott, y no seré yo quien toque la nota discordante. Sin embargo, esta es una de esas ocasiones en que me encanta responder a la pregunta «¿Te gustó?» con la paradójica respuesta: «Sí, sí me gustó, me parece una tremenda película y un clásico instantáneo dentro del género, pero no soportaría una segunda vista y creo que jamás la vería de nuevo». Villeneuve es como el Martin Scorsese de la CF: tuve exactamente la misma reacción con Silence (2016): la historia me mantuvo en vilo, y me pareció muy bien llevada en sus largos 160 minutos, aunque es de esos placeres para disfrutarse una sola vez en la vida.

Nunca he aceptado (aunque sí entendido) el llamado «cine de arte» por una razón muy personal: prefiero mil veces una narración fluída y amena que un guión lento que se desarrolla en medio de una ostentosa presunción visual y se toma un tiempo excesivo con el fin de ofrecer «éxtasis conceptual». Esas obras que los hipsters y cinéfilos villameloneros adoran. La misma razón por la que una de mis películas favoritas de todos los tiempos, 2001 A Space Odissey (1968), no la he visto más de tres veces en toda mi vida, hecho que de ninguna manera significa que no aprecie su gran valía y tremendo impacto en el séptimo arte.

Blade Runner 2049 es innecesariamente larga desde el punto de vista de la narrativa, lo que la hace una fiesta con after hour para los fans de la cinta de 1982 y veteranos de la hardcore sci-fi, además de una sólida candidata a los diversos premios por su ritmo y cadencia. Pero es un pésimo producto para el espectador casual, a quien precisamente le es imposible salir totalmente feliz del evento. Esto me lleva a reconsiderar la romántica idea de que, en este tipo de obras, los productores deberían liberar dos versiones explícitas para el público: La versión larga, para geeks y la versión corta, para neófitos. Y de antemano sé que ni a los estudios ni a las grandes cadenas de multiplexes les conviene.

La misma historia podría haberse contado en 120 minutos, si se hubiesen evitado (o moderado) las largas escenas reflexivas, los paseos relajantes de la cámara por el mundo decadente de mitad de siglo, los interminables diálogos (y en ocasiones monólogos) de los personajes que tratan de trasmitir sus nada descabelladas filosofía e ideología. Y aún así, estos excesos constituyen la característica que la coloca como una obra de arte en su categoría subestimada. Es el tipo de trabajos que permite que la gente voltee a ver el malogrado género de la CF con la misma apreciación que a los clásicos del cine y la literatura. Eliminar estos detalles abrumadores y agregar más acción con humor le acercaría peligrosamente, a la vista de la crítica especializada y la visión del público pretencioso, en mero objeto de liviandad comercial.

En el otro lado de la moneda: la satisfactoria actuación de Ryan Gosling, cuyo acierto reside en un rostro sin emociones pero que sugiere perpetua melancolía y tristeza, es balanceada con la carismática presencia del veterano Harrison Ford como Rick Deckard. Su aparición en los trailers nos permite también que mencionarlo sin que se trate de un spoiler, pero sí es importante descubrir por nosotros mismos qué papel juega en la trama, para mantener viva la expectación. Siempre es agradable la participación del viejo y buenazo Ford.

En resumen, Blade Runner 2049 puede considerarse un inteligente y cuidado producto artesanal que no es para todos los gustos, ni para todas las ocasiones. Vale la pena verla, aunque sea una sola vez.

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