Sueño Largo Tiempo Acariciado

Sueño largo tiempo acariciado,
el tomarte entre mis brazos y
apretarte,
  levemente primero,
y estrujarte después con desenfado.
Quebrarte hasta los huesos
y beber en cáliz de oro,
con ansia y con decoro,
  el jugo gris y amargo de tus sesos.

Anhelo pocas veces comprendido
  y nunca complacido,
el llevarte al final del universo
donde nada esté prohibido,
liberar mis instintos más perversos.
Violarte tiernamente
  y que aúlles complaciente.
Bañarte con mieles en tu lecho,
rozarte con espigas
y poner cientos de sádicas hormigas
  que recorran tu regazo, espalda y pecho.

Sueño proyectado con esmero
  por el audaz ingeniero
que vive en mi interior y,
sin motivos, forjarte,
erigirte y destruirte
  para luego volver a construirte.
Soy más que un obsesivo, compulsivo
  con el tiempo en las manos.
Soy un cruel y metafórico tirano
  que aspira a colgarte por las uñas,
  aplastarte el corazón con las pezuñas
para luego succionarlo con desgano:
paranoico, antropófago e insano.

Tópico gastado, trillado y exprimido.
Búsqueda imprecisa,
mística, utópica y concisa
  del sueño largo tiempo construido
de enredarme en tus cabellos,
nadar en tus fluidos,
arrancando cada uno de tus vellos
y, vía esófago,
  conducirlos al museo de mi estómago
  donde brillen con luz propia
y, sus destellos,
fabriquen huracanes tan banales
que escapen por mis ductos terminales.

Líbreme de obstáculos la vida
para encontrarte dormida
  y, con oníricas ventajas,
  cercenarte los labios con un beso,
  los párpados cortarte con navajas,
dejar caer en tí todo mi peso.
Sentir que de placer te he provocado
  carcinomas de amor, o un efisema,
   y escribir un romántico poema
    de este sueño eternamente acariciado.