
No han pasado ni dos semanas desde que el simpático Donald J. Trump tomara posesión del asiento del famoso Despacho Oval de la Casa Blanca y ya ha tomado varias decisiones que nos afectan, directa o indirectamente, al resto de los países del mundo. México es tal vez una de las naciones a las que más ha humillado -o intentado humillar, dependiendo como lo vean- en su loco tren de racismo, discriminación y supremacía. El odio y el desprecio por los inmigrantes, la construcción del famoso muro, su misoginia, el supuesto video en prácticas de urolagnia con prostitutas rusas, son tantos los temas y tantas las bromas que se han hecho con memes para atacar por medio de la burla y el escarnio a tan patético personaje, que sería imposible coleccionarlos en un solo artículo de esta columna, por lo que dejaré de lado esa intención inicial, para enfocarme en el tema.
Creo que no soy el único que temió y sintió verdadera ansiedad cuando vimos el sorprendente ascenso de Trump con su exitosa campaña. Mis sospechas de su victoria crecieron de golpe cuando leí el artículo de Michael Moore 5 razones por las que Trump ganará (en inglés). ¿Por qué? Por la sencilla razón de que Moore exhibió las razones de peso, las que muchos sospechaban pero no querían creer, los puntos clave que tenían verdadera relevancia en el quehacer de una nación
que no dista demasiado de sus vecinos del sur en cuestiones electorales. Uno de sus argumentos principales fue el que el país ha mejorado y hay grandes avances en materia social: la no discriminación a las minorías, mejores leyes ambientalistas, la violencia a la mujer y el racismo realmente son mal vistos y condenados, la legalización de la mariguana, etc. … sin embargo todo esto prospera principalmente en el núcleo de votantes que no acude a las casillas. Si el presidente de los Estados Unidos de América se eligiera a través de Facebook, Twitter y los X-Box y PlayStations, la derrota de Trump sería inminente.
Con lo que nadie contó fue con la gran fuerza de los apoyadores radicales del señor del peluquín. Toda esa gente cuyo odio racial, creencia en la supremacía blanca y feroces sentiminentos discriminadores suprimidos, para quienes Trump es un héroe que realmente hará a América grande de nuevo, fueron los realmente inspirados para salir a poner su voto.
Pero todos (¿cual sería el porcentaje de esos todos) creíamos y queríamos creer que existe una inteligencia colectiva que no permitiría el ascenso de un simio, de ese tamaño y calaña, al puesto de mayor poderío del planeta. Craso error. La inteligencia colectiva se durmió y Trump llegó a la Casa Blanca ante la mirada desanimada del resto del mundo. Fuimos víctimas, todos sus detractores, del «Pensamiento Deseoso».
¿Qué es el «Pensamiento Deseoso»?
O «Pensamiento Ilusorio» (en inglés, «Wishful Thinking») es la formación de creencias y toma de decisiones de acuerdo a lo que es placentero de imaginar en lugar de apelar a la evidencia, racionalidad o realidad. En resumen: creamos conclusiones en base a lo que deseamos. Ocurre y aplica en todas las áreas de nuestro comportamiento diario. A veces ganamos y las cosas pasan como esperábamos, pero en la mayoría de las ocasiones vemos con sorpresa y desconcierto que no se cumplió lo que supusimos a pesar de todas las deducciones y análisis cuyos resultados salieron definitivamente a nuestro favor. Cuando apuestas a tu equipo favorito desmenuzando los mejores desempeños de los jugadores en quien más confías y las más notorias fallas y carencias del equipo contrario. Cuando tienes la seguridad que te darán un empleo porque ya checaste a todos tus competidores y concluyes que son inferiores a ti. Cuando sabes que vas a lograr algo en determinado lapso después de hacer estrictas líneas de tiempo y planificas todo hasta el más mínimo detalle (y oh, sorpresa, el tiempo se te vino encima). Hay infinidad de ejemplos al respecto pero muchos entran en el terreno filosófico-teológico y no conviene ahondar en esas aguas turbias.
BIENVENIDOS A LA REALIDAD
La cuestión es que en el caso de Trump, se trató de un Pensamiento Deseoso a nivel mundial. Leímos decenas de análisis que aseguraban que era imposible que Trump obtuviera la victoria con todos estos arrebatos y desmanes, atentados contra el sentido común. No puedo imaginar a los optimistas (y lambiscones) en el equipo de la Hillary convenciéndose entre todos que ella era quien tenía la victoria asegurada por su brillante desempeño en los debates, en los cuales dejó al Donald «como trapo de cocina». Y como en México también ocurrió, les comparto por lo menos el tuit que más me hizo reir en ese sentido, relativo al hashtag #FueraTrump:
Entre todo estp, un artículo rebatió uno por uno los puntos expuestos por Moore en su brillante texto maldito: 5 razones por las que Michael Moore está equivocado sobre la victoria de Donald Trump (en inglés). Eso, señores, es el Pensamiento Deseoso. Opera esclavizando nuestro propio subconsciente, obnubilando nuestra objetividad y haciéndonos ignorar las pruebas más poderosas que fungen en contra de lo que quisiéramos que fuese. Y no podemos culparnos, es una reacción completamente humana, y ha funcionado así desde que los primeros homínidos contemplaban el Sol y la Luna y estaban seguros que adorándolos obtendrían mejores resultados en la caza.
Más aún, con el advenimiento de la información omnipresente, una obra como El Secreto, que invoca nuestro más arraigado optimismo, pretende convencernos que, deseándolo fervientemente, cualquier cosa -sí, en serio, cualquier cosa– puede lograrse sin importar qué tan difícil (o imposible) sea. Y siempre presenciaremos el éxito de estas publicaciones porque nos hacen sentir que nada, absolutamente nada, nos puede detener.
Conclusión: no debemos sentirnos mal porque nuestros pronósticos fallaron. Creímos en todos los analistas políticos, en todos los posts y tuits que aseguraban que no llegaría, creímos en la inteligencia mundial y en nuestro angustiado corazón. Ahora, los más pensantes del mundo en la escena política aseguran que Trump no durará mucho en su flamante puesto. Ese es otro de esos pensamientos infames. Y se vale deleitarnos en este.
Como bonus, y como compensación por haber soportado este descorazonador pero realista artículo, les regalo una frase que alguien inadvertidamente me soltó hace muchos años, y que la experiencia misma me ha demostrado que siempre funciona sin importar qué tanto no la creamos, por lo que a todos nos debería hacer sentir mejor:
EN EL CAMINO SE ACOMODAN LAS NARANJAS
Pásenla bien.
