It (Eso): una fiesta del horror

It, título adaptado al español tradicionalmente como Eso (gramaticalmente incorrecto (ya que debería ser «Ello» (artículo neutro) y se ha consensuado como «Eso») pero comercialmente conveniente), es una película que muy bien podría considerarse un clásico de horror moderno. La largamente esperada adaptación cinematográfica llega precedida por un gran apoyo viral de avistamientos urbanos de payasos que han incrementado la «coulrofobia» popular, la cual inconscientemente fue asociándose al estreno que se acercaba. Recuerdo innumerables posts en las redes sociales, por lo menos desde mayo del 2016, de gente que reportaba payasos amenazadores en las calles, sin estar conscientes que se trataba de una ingeniosa y relativamente barata campaña de Warner Brothers y New Line Cinema. Nada más económico que distribuir dinero internacionalmente y dispersarlo sobre los potenciales mercados. El resultado en taquilla debe haberlo recuperado de sobra.

En repetidas ocasiones he sostenido a título personal que el horror en el cine ya no me afecta, ni me mueve ni me incomoda. Pero ese es mi problema. Eso no significa que IT no sea una película «horrorizante». A pesar de mantener -y justificadamente- algunos recursos clichéscos del cine de terror convencional, la atmósfera que emana, las estratégicas apariciones de Pennywise en la medida correcta (aún rompiendo la cátedra spielbergiana), y las ilusiones (¿ilusiones?) proyectadas en la mente de los chicos para mantenerlos aterrorizados hacen de este un espectáculo insoportable para los susceptibles, mientras que emocionante y divertido para las audiencias más maduras.

No se puede seguir sosteniendo, como lo pretendieron los típicos puristas (que eran de esperarse en esta ocasión), que la versión original fuese insuperable, o por lo menos la memorable actuación de Tim Curry. Bill Skarsgård brinda una excelente interpretación de Pennywise, y esta vez el terror del personaje viene mejorado con ciertos efectos digitales necesarios para este tipo de historias. Las múltiples mandíbulas emergentes de la criatura, en reminiscencia del rey xenomorfo, otorgan la dimensión exacta para proyectar el mal de un ser de este calibre. Como Eso.

Pennywise no solamente es payaso -usado como adjetivo-: esta vez es más cruel, más despiadado e innegablemente feroz. A pesar de que es presentado sin tapujos desde la primera secuencia, y correcta pero abundantemente dosificada a lo largo de la historia, sumando las innumerables escenas en las que le han permitido salir a la luz antes de su proyección oficial, el rey de los payasos diabólicos no pierde fuerza a la hora de ver la película: hay que verlo en acción. Aún tengo la duda si Stephen King inició la idea de alimentarse del miedo de las víctimas, pero eso es solamente la punta del iceberg del verdadero origen en la mitología de Pennywise, de qué clase de creatura del mal se trata, quienes son sus enemigos naturales y de donde provienen. Datos interesantes mayormente para la comunidad geek y que si se hubiese profundizado en ellos, la película habría perdido su atractivo popular. La novela, de alrededor de 1000 páginas, contiene más profundidad en los personajes -como es de esperarse en tal extensión-, más subtramas, y un vistazo al origen no solo del enemigo, sino de todo el Macroverso, el plano existencial donde este engendro del mal puede ser vencido.

Nunca he sido fan de la historia de It aunque debo reconocer la penetración del concepto en la imaginería urbana, sin tomar en cuenta que la «coulrofobia» ha sido identificada desde mucho antes de la novela y la miniserie. It tiene muchas similitudes con Freddy Krueger, con recursos similares para crear y enfrentar temores en niños y jóvenes, cuya mitología fue creada dos años antes de la aparición del libro original de King y la miniserie televisiva. La única diferencia es que Krueger utiliza el territorio de los sueños, que es como un enorme escenario donde posee total libertad creativa para construir sus pesadillas. Algo, si me preguntan, mucho más coherente que la constante transición de Pennywise de la realidad al Macroverso: como que a veces puede, y a veces no puede. Pero en fin, es perfectamente justificable como metáfora conceptual para el origen y la proyección de los temores infantiles y juveniles.

Esta nueva entrega, hecha con la mejor técnica tanto cinematográfica como estilística, por fin hace justicia al material original de King después de tantos años que reinó la miniserie de 1990. Seas o no aficionado del terror, It impacta de manera positiva, y junto con su gran hype se ha consolidado como una verdadera fiesta del horror. Demuestra una vez más que Hollywood es capaz de hacer buenas producciones sin desviar descaradamente el material original, si los estudios lo permiten, a lo que solamente cuando ya es mercancía probada. A pesar de contener mucho gore -el necesario-, situaciones de abuso sexual infantil, mucho bullying y escenas políticamente incorrectas e inapropiadas para algunos gustos -menores de edad de ambos sexos en ropa interior sugestiva, y eso que no han leído la novela-, se las arregla para mantener el buen gusto y logra que el público salga con un buen sabor de boca, a pesar de ser una película para paladares heroicos.

Ray-BluRay (Colección)

El primero que vi, fue el de Ray-BluRay, de ahí el nombre que le di al compilado. Me pareció de las más graciosas e ingeniosas tendencias de la inteligencia colectiva, y cuando aparecieron más de ese estilo, comencé a reunirlas. Con ustedes, la Colección Ray-BluRay, que iré actualizando poco a poco. Si alguien quiere añadir alguna pieza, se recibe con gusto. Esperamos que sea la exhibición curada más grande de América y ¿por qué no? De todo el mundo, para poder venderla en un futuro a un adinerado coleccionista.

Ray (Charles)

Alejandro Fernández

Amadeus

Amazon

Angus Young

Ariana Grande

Armadillo

Beyonce

Cervantes

Chinchilla

Chopin

Clint Eastwood

Condorito

Debussy

Eso

Harrison Ford

Formaldehído

Héctor Lavoe

John Cena

Jude Law

Laura Pausini

Legolas

Normal cone

Reese Witherspoon

Ringo Starr

Samuel L. Jackson

Sauron

Serena

Usain Bold

Vegeta – Rihanna

Vin Diesel

Washington D.C.

Werewolf

X-Men

Yoda

Y algunos juegos con nombres…

Danza con simios

El reciente «escándalo» (ya que no se le puede llamar de otra forma sino con comillas) de las declaraciones de Aleks Syntek contra el tristemente célebre reggatón es un claro termómetro de la nefasta situación de la actual industria musical.

Enfrentémoslo. Estamos en un mundo en el que el rock está en coma perpetuo, sostenido solamente por una pléyade de fans que poco a poco se van debilitando, con mucha fuerza (aún) en Europa y adorado por «ghettos» musicales, pero que sufre de falta de interés por la gran masa de público hispano y latino, en todo el continente americano. En su lugar, la raza, esa que compra discos y repleta conciertos, prefiere un género que comenzó siendo un subgénero que comenzó pareciéndonos muy carismático, cuando jamás nos imaginamos a lo que iba a llegar (el antecedente más lejano que recuerdo es «Te ves buena» de El General). En su momento ni siquiera le llamábamos reaggetón. Nos parecía una combinación de rap, hip-hop y reggae, un experimento muy gracioso que para nosotros los -más o menos conocedores- de la música fue perdiendo el interés, pensando inocentemente que no pasaría de unos cuantos refritos y moriría.

En lugar de eso, fue cobrando fuerza a través de dos décadas y media, durante las cuales no puedo recordar cuándo escuché por primera vez referirse a eso como «reggaetón», pero la palabra en sí me parecía un chiste. ¿Reggae? ¡No, reggaetón! No necesitabas conocer las raíces o ser fan del reggae para disfrutar del reggaetón.

Pero una vez que fue diseccionado y fueron pasando estrellas fugaces y otras estáticas a través de su existencia, pudimos descubrir que lo único que se necesitaba, musicalmente hablando, para que una canción se presentara como reggaetón era basarse en un sencillo ritmo, oscilando hacia arriba y abajo de los mismos BPM, ritmo que reza… Tún, tún-tún, tún–Tún, y eso era todo. Poco importaba que hablaran de gatos voladores, de chicas que quieren chorizo, de gasolinas o de mujeres que conocieron en un taxi. Poco importaba que el mensaje a trasmitir consistiera sólo de lo bien que iban a perrear, que chuleara divina y misóginamente a las mujeres diciéndoles mamita y nena muévelo y acércate a mi pantalón dale vamo a pegarnos como animales y te voy a atravesar con mi espada. El único requerimiento verdadero y universal es el Tún, tún-tún, tún–Tún.

De ahí evolucionaría, al darse cuenta algunos novatos y estrellas ya consolidadas de que «si no puedes vencerlo, únete» era la máxima válida aquí, comenzaron a integrar el Tún, tún-tún, tún–Tún a sus éxitos y colaboraciones, situación en la que han caído desde los más desconocidos hasta los grandes consagrados. La única manera de integrarlo sin perder su propio glamour era suavizando la misoginia implícita y la carga erótico-vulgar del género, con letras un poco más pensadas, sensuales y menos toscas, y nunca con complicaciones intelectuales (con una sola excepción y mención honorífica: Calle 13).

Y de pronto, al gran Aleks Syntek, músico bien preparado y conocedor de la historia musical pop y otros géneros, buen arreglista, compositor y carismático intérprete, se le ocurre decir (tal vez bromeando, y con toda intención y entendimiento de la tormenta que causaría) que el reggaetón le tiene hasta la madre, que no se explica por qué tantos colegas le entran (pregunta casi retórica) y, entre otras cosas, que el reggaetón viene de los simios.

Obviamente, muchísimas personas, yo incluído, aplaudimos las declaraciones de Aleks Syntek y sobre todo su valor al declarar que aunque el reggaetón fuese lo último que quedara disponible, él no le entraría al toro. No sabemos si realmente lo haría; lo cierto es que, como es tan usual y tan de moda en estos tiempos, la «comunidad reggaetonera» se le fue encima, al grado de que (mal por Aleks) tuvo que disculparse por haber dicho lo que dijo.

Vamos, no se trata de defender los insultos, pero ¿en qué clase de tiempos estamos viviendo en los cuales alguien muy versado en música ofende a un género decadente desde su concepción y después debe disculparse por decir la verdad? Si Aleks ofendió a los engendros de Alex y Fido, al barriobajoso C-Kan, al alcohólico y drogadicto (y a todas luces analfabeta) Nicky Jam, al estúpido Yankee y a los caritas misóginos de Balvin y Maluma ¿por qué debe pedir disculpas públicamente y satisfacer a una gran masa de simios a quien no le preocupa en lo más mínimo la calidad musical? El que todos esos dizque cantantes hayan protestado y exigido la retractación resulta exactamente la misma ofensa para nosotros, si no mayor, que la que Aleks hizo a ellos. Estos intérpretes tienen el cerebro lleno de estiércol y sus seguidores y admiradores son la lacra de la sociedad.

Ya. Está hecho. Insulté y ofendí a toda esa comunidad reggaetonera. ¿Y qué ocurrió? Nada. Ninguna turba enardecida vendrá a buscarme con antorchas para llevarme a la pira purificadora de la retractación pública. Ni ocurrirá de aquí a la eternidad. ¿Por qué?

La respuesta es sencilla: Aleks Syntek es una figura pública, y la gran cantidad de seguidores del reggaetón componen una masa enorme y hambrienta de justicia y venganza. Anhelan la lapidación mediática por una tontería, por una broma, por un momento de extravagancia y, sobre todo, de honestidad.

Porque estamos en los desagradables tiempos en que la corrección política es la ley y las redes sociales son jueces y verdugos.

Por la misma razón que una vez fueron lapidados Platanito por repetir un chiste de humor negro (el de Kentucky Fried Children) en un momento sensible, a Nicolás Alvarado por decir la verdad de su actitud hacia Juan Gabriel (que estaba en todo su derecho), Tiziano Ferro por llamar bigotonas a las mexicanas (a quien les vienen guangos sus detractores en México), a Ludwika Paleta por repetir el chiste de la sopa de coditos en un inofensivo tuit, a Michael Richards por su rant humorístico contra los negros en un show de stand-up («a ese idiota ya nadie le da chamba y ahora quiere hacerse el gracioso ofendiendo a un brother»).

Porque dicen lo que sólo podemos decir las no-celebridades en nuestros blogs personales y sitios de opinión, en foros de discusión, en charlas de café y en bromas de fiesta. Nada ocurre si yo apoyo a Aleks Syntek y reitero que EL REGGAETÓN VIENE DE SIMIOS, sí, porque eso es la neta, pero a la gente no le importa si uno dice la neta. Le importa que lo digan los famosos. Hagan un experimento. Tengan ustedes la edad que tengan, afirmen frente a un chico o chica amante del reggaetón que su música es simiesca, inculta y degradante. Mientras menos edad tengan, lo más que podrá pasar es que recibirán un «chinga tu madre» fácilmente perdonable, a menos que vivan en un barrio sin ley. Fuera de esos sitios, a nadie le importa la opinión insultante de un hijo de vecina, sea del estrato social que sea (la vecina).

Y créanme, no odio realmente el reggaetón. Que lo desprecie como expresión musical tampoco significa que no reconozca que SÍ ES MÚSICA, aunque muy primitiva, fácil de hacer, fácil de cantar, fácil de componer, repetitiva y nada imaginativa. Eso tampoco me impide reconocer que de repente me sorprendo a mí mismo canturreando los 4 felices de Maluma, el reggaetón necesitoso de Balvin, los mashups de género de Gloria Trevi, Ricky Martin y similares y, ¡cómo no! el archifamoso little slow de Fonsi y Yankee. Y si hay que bailarlo en algún momento que haya que bailarlo, no tengo problema, le entro, aunque siempre he sido menos bailarín que cualquier simio de la alta sociedad.

De pilón, les regalo esta joyita, quien muestra todo su linaje de cobre cuando le preguntan por la notita musical tatuada en su cabeza:

Dave Made a Maze (2017)

Es fácil decir que Dave Made a Maze pudiera muy bien haber sido un guión de Charlie Kauffman (Eternal Sunshine of a Spotless Mind, Being John Malkovich, Synecdoche, New York) en sus años de adolescencia. Igual que otras películas que bordan el surrealismo realista, alegórico, con simbolismos y alusiones a las complejidades de la vida moderna, el director y co-guionista Bill Waterston nos presenta una situación imposible, aún si pretendiera examinarse bajo los estándares de la ciencia ficción convencional. Una situación absurda ocurre, y los protagonistas la aceptan tácitamente y se dejan llevar por el flujo de la misma en lugar de cuestionarla: esta es la diferencia que identifica al surrealismo.

Dave, un artista frustrado por el síndrome de no-concluir-nada-de-lo-que-se-propone, decide un día terminar con este esquema y ocupa todo un fin de semana para construir, en la sala del departamento que comparte con su novia, un laberinto hecho de cartón que viene siendo un eco lejano de la legendaria TARDIS de Doctor Who. «Es más grande por dentro», anuncia Dave desde el interior del complejo a su sorprendida compañera, quien llega a casa después de estar ausente todo el fin. Le pide por favor que no entre, ni lo destruya, y que llame a su mejor amigo para ayudarle a salir del problema.

Así comienzan a llegar a conocer la hazaña de Dave varios personajes quienes, con sorpresa menos intensa de lo que se esperaría, comienzan a explorar el laberinto. Resulta que el lugar es enorme, ha desarrollado vida propia y está lleno de trampas y peligros mortales -literalmente- pues incluso el mismo Dave no puede encontrar la salida.

Soy honesto al decir que yo deseaba que esta película fuese una obra destacada del surrealismo actual. Yo quería fervientemente que se convirtiera en mi favorita de este oscuro subgénero, y algo me impidió verla así. Casi toda la acción transcurre dentro de un enorme complejo hecho principalmente de cartón y otros accesorios caseros. Pero me quedé sólo emocionado con la pura premisa. El desarrollo de la trama me pareció poco emocionante, pues los guionistas en realidad parecen haberse perdido en el laberinto de su propio mensaje. Tal vez se deba a las deficientes actuaciones y a un enfoque pobre de la consecución del objetivo final.

Sin embargo, puedo decir que la película es admirable por su entusiasmo su complicado y al mismo tiempo simplista diseño de producción y sus altamente imaginativas situaciones, a pesar de que no terminen de cuajar en su totalidad. No podemos descalificar un gran esfuerzo creativo únicamente por la inexperiencia de los escritores.

No puedo refrenarme de citar al crítico Scott Wold, de Paste Magazine, con este extracto que resume a la perfección lo que sentí al terminar de verla:

«Una de las más frustrantes experiencias en la apreciación del arte es el llegar a la confusa intersección de admirar el trabajo de un artista y al mismo tiempo no particularmente apreciarlo. Deja a los intencionados evaluadores en la más incómoda de las posiciones: a la deriva en el río de medir el valor de una pieza. ¿Es su culpa que no puedan conectar con esta, a pesar de reconocer las meritorias cualidades del trabajo? ¿O sus instintos son correctos, y los méritos del arte son tales que son meramente impresionantes en relación a sus atributos menos halagadores? Dave Made a Maze, la fieramente creativa pero infinitamente frustrante obra de Bill Watterson nos deja precisamente en esta incómoda posición.»

Que es exactamente la impresión que me queda, por ejemplo, al ver una obra de Picasso o Van Gogh.

Aún así, puedo recomendar Dave Made a Maze, no por lo cuestionable del desarrollo de su trama, sino porque es una idea genial y su hechura extremadamente laboriosa, lo cual merece un reconocimiento y ser apreciada por este esfuerzo. Tal vez habría crecido mejor en manos más capaces.

Tormento macartniano

El inicio

Paul es un muchacho con un talento natural para la música, alentado por su padre, pero él ha preferido aprendido a tocar de oído, así que a los quice años obtiene una guitarra acústica y compone sus primeras canciones. Conoce a un chico interesante llamado John, quien lo invita a formar parte de su banda de skiffle y rock and roll. Es lo que necesita para volcar su creatividad desbordante. No le importa que Johnnie brille más que él, pues sabe que contribuirá a armar una banda que impactará con su energía.

La Banda

La Banda funciona muy bien. Era de esperarse. Él y John están consolidándose como una mancuerna de compositores excepcionales. Le ha enseñado a su amigo varios trucos y secretos musicales, así como infinidad de acordes que ni siquiera sabía que existían, y con Georgie apoyándoles con su firme guitarra y el buen Ringo en la batería, no cabe duda que van en ascenso.

Los ídolos

Ahora, ya son importantes. Paulie sabe que el público admira la creatividad de ambos. Tiene toneladas de ideas bajo la manga. John también. Y ambos sienten que tanta gira les está poniendo la bota en el cuello de su inventiva. Sabe que su camarada compositor lo mira con cierto recelo, pero Paul sabe que él lo hace por el bien de la banda. Experimentan en estudio. Deben demostrar a la gente que ellos son más que muchachitos rocanroleros, que son músicos de verdad. Aunque John no ayuda mucho con sus declaraciones y sus excentricidades. La gente puede darles la espalda. Aunque Paul confía que puede manejarlo. Su amigo es un hueso difícil de roer, y no debe perder de vista el objetivo principal: hacer a la banda la mejor de todas.

Ya tienen a América y el mundo en la bolsa. Ahora, Paul comienza a emerger como la nueva fuerza creativa del grupo, el arreglista, el productor, el director musical de La Banda, ante la aparente dejadez de John.

Tormento

La situación se pone un poco tensa. Su manager e impulsor, el buen Brian, ha muerto inesperadamente. John y los demás parecen no entender que La Banda es un sólido negocio que no pueden dejar de lado. Hay que tomar las riendas y consolidar muy bien los siguientes proyectos creativos.

Pero su compañero está insanamente interesado en la japonesa que conoció y quien parece estarle absorbiendo la atención. John, enfócate. Debemos seguir escribiendo, creando, innovando. La Banda debe continuar arrasando.

Mmm, ahora John está introduciendo a su novia al estudio, y la quiere hacer partícipe del proceso creativo. No es bueno. «La Banda somos nosotros». Yo también tengo a mi chica pero no por eso la tengo aquí entre nosotros para intervenir en todo.

Tampoco es bueno que la gente crea que todas estas canciones que se le ocurren son ideas de ambos. John tiene su inquietud expresiva, Paul tiene la suya. La música es un arte para él, es un vehículo para contar historias, un escaparate creativo, no para gritarle al mundo lo que sientes por dentro. Maldita la hora en que convinieron firmar en pareja. Ya no le está gustando el rumbo que John está tomando. Está abandonándoles en espíritu. Las canciones que éste escribe son sus emociones, sus lamentos, sus introspecciones. Paul quiere que sigan siendo La Banda, aunque por dentro se sientan como corazones solitarios. Debe ser más que un sargento, un capitán, o coronel o general.

«Debo tomar las riendas. Si no lo hago yo, quién».

La división

Ya no se puede. Oficialmente, Paul anuncia que deja La Banda. En verdad quiso mantenerla, pero la tensión ya no se soporta. Es más sano para todos. John ya no quiere, él desea hacer cosas que ya no embonan con el concepto original. Deben hacer más rock, ellos están llevándolo a nuevas dimensiones. Pero no lo entiende o no lo desea. Parece que su amigo lo odia.

George está insufrible por todas las composiciones contenidas y que ellos a duras penas le han permitido sacar a la luz. Ringo está en piloto automático, por lo que ellos no serán problema alguno. John es el único que se sentirá mal por su decisión, pero es necesario.

Están en condiciones de soportarlo. Pero ahora, habrá que demostrar cada uno su talento individual.

Deberá comenzar de ceros.

Incluso cuando hay quien cree que él, Paul, en realidad está muerto, y él, Paul, es solamente un sustituto.

El nuevo camino

Paul sabe que debe trabajar duro. Deben demostrarlo, y sabe que llevan ventaja; después de todo tienen un público cautivo, una legión de adoradores.

Al principio no es fácil. A veces la crítica lo destroza, a veces lo consiente. Él sabe que le debe al público lo que quiere obtener. Coloca algunos éxitos en las listas, enmedio de los ataques de John. Bueno, somos como adolescentes peleando, pero ¿enemigos? Le sigue el juego. Lo que él sí se toma en serio es el querer destacar con la nueva banda que ha armado. Ahora sí, es suya, por lo tanto su adorada mujer puede participar sin que haya recriminaciones.

Paul confía en su talento. Desea que a John le vaya bien, igual que a George y a Ringo. Pero a John le da por el activismo y se mete en camisa de once varas. George no ha sido tan afortunado, pero ahí la lleva, y Ringo sigue en piloto automático, muy quitado de la pena. Con gusto le echa la mano al buen Richard.

Paul y su mujer hacen algunos intentos de acercamiento con John y su pareja, pero finalmente se da cuenta que no son completamente bien recibidos.

Los setenta no le han tratado tan mal, y logra recuperar su prestigio.

El golpe

Tal parece que los cambios de década son significativos. Le alegra ver que John se decidió a volver a grabar. Parece estar sentando cabeza.

Y una tragedia ocurre. Un psicópata asesina a John. Esto cambia todo. Sabe que no había posibilidad de que se reunieran de nuevo pero ¿John muerto? ¿Su amigo de la adolescencia? El mundo está muy mal. ¿Podría pasarle a él?

No se permite el lujo de alegrarse por librarse de su único competidor. Él no es así de mezquino. En realidad, lo llora.

Los tormentos

Ahora el muchachito moreno de voz atiplada que es un hit en el mundo del pop le invita a colaborar. Es natural. Todos quieren colaborar con él. Pero Paul ingenuamente le sugiere entrarle al mundo del music publishing, y cuando se da cuenta ya le ganó el brinco. Ha comprado todo el catálogo de La Banda.

Y sus canciones en ella, que tanto éxito siguen teniendo, siguen firmadas por John (en primer lugar) y él. Y encima, debe pagar derechos por interpretarlas en vivo.

Paul sigue cosechando éxitos y vendiendo discos, pero la gente sigue aclamando las de la banda.

Su adorada mujer muere. Su gran pérdida. La llora tanto como a su viejo amigo.

Pero el mundo ha ascendido a su viejo amigo al pedestal máximo del gran genio musical de todos los tiempos. Es injusto.

En los albores del nuevo siglo, muere el gran George. Lo lamenta también. Es una lástima que no pudo ayudarle más.

Ahora se junta con una mujer que al final no resultó lo que esperaba, y la separación resulta una catástrofe.

La recta final

Paul no se rinde. Sigue grabando discos y saliendo de giras. Reconoce que, aparte de crear, siempre le han gustado los aplausos, los gritos, la gente frenética coreando sus canciones, los reflectores, el estrellato. Son su néctar divino y su único vicio verdadero.

Aunque la música ya no sea lo que era en sus tiempos, en pleno siglo XXI. Sin embargo, la vida lo ha puesto en una situación privilegiada. No importando lo que ocurra en el mundo musical, cuántos grupillos que se comparen con La Banda emerjan, cuántos cantantes y raperos se autoproclamen los mayores genios, él sigue siendo Paul y La Banda sigue siendo LA BANDA, con mayúsculas.

Por fin, recupera los derechos de su música. Y tiene el reconocimiento que desde joven anheló. Tiene a una mujer tan buena como su linda mujer. Es galardonado por múltiples instancias y el público le sigue aclamando en vivo.

¿Qué es lo que todavía atormenta a Paul?

«Ya no soy joven. Mi voz se pierde, pero algo dentro de mí me impulsa a seguir componiendo. Los años en la banda parecen ahora un sueño lejano. Parte de mis composiciones siguen atribuyéndose a John, y muchos creen que él es mejor músico y artista que yo. Muchos todavía creen que soy mi propio impostor. ¡Vaya, pero eso tiene fácil solución!

«Juro que no morí. Y que aún no he muerto. Y que esta gira, tampoco es la última.»

Libre interpretación del periplo emocional del aludido a lo largo de su carrera, con dudosa pero honesta objetividad, sin intención de confrontar talentos o cuestionar méritos. Tómese con la cabeza fría y las vísceras dormidas, exceptuando mente y corazón.

Trailer: It – de Stephen King

«It» (erróneamente llamada «Eso» en español) del prolífico autor Stephen King, es probablemente una de las historias de terror más famosas de la cultura popular, aunque pocos realmente conocen su verdadero significado.

La mayoría piensa que It solamente trata de un payaso diabólico (llamado Pennywise, no «Eso») que aterroriza niños, mientras los temas subyacentes de la novela original -los cuales espero se manifiesten en esta versión- son mucho más profundos y simbólicos de lo que comúnmente se piensa. Pero una vez que se estrene, hablaremos de ello.

La película será estrenada en México el 14 de Septiembre de este año, por lo cual ya mucha gente prepara su «coulrofobia villamelonera». Esperamos que esta película sí le haga justicia a su origen literario, y borre de una vez por todas la fallida versión televisiva de la cual tal vez lo único rescatable fue la interpretación de Tim Curry y el impacto cultural que dejó.

Trailer: Doctor Who Christmas Special 2017

El próximo especial de Navidad de Doctor Who será especial por cinco razones:

  1. Peter Capaldi dejará la serie, y pasará la batuta a…
  2. Jodie Whitakker, quien será la primera mujer Doctor, y
  3. Steven Moffatt dejará el puesto de showrunner y pasará la batuta a…
  4. Chris Chibnall, de quien esperamos mantenga en alto este extraordinario show, y además
  5. ¡veremos al Doctor N°12 y al Primer Doctor trabajar en equipo!

Lamento lennoniano

El origen

John es un chico inquieto, de esos que nacen para, se sienten, y se comportan como líderes. Conoce a otro muchacho llamado Paul. Es un buenazo para la guitarra, un tipazo con un talento increíble para escuchar y reproducir canciones de moda, con una creatividad desbordante. Johnny, como buen líder, lo reconoce y le incorpora a sus filas. Paulie es talentoso, claro, «pero siempre brillaré más que él». Bienvenido a la banda Johnny y sus ¿qué? Bueno, suyos, a fin de cuentas.

El origen

El ascenso

La banda está funcionando mejor de lo que esperaba John. Ya grabaron un disco. Tienen fans por doquiera, su fama está trascendiendo el océano, ahora a conquistar América. Hey! Y Paul también ha resultado más brillante de lo que esperaba. ¡Perfecto! Eso demuestra a John que tiene visión para el estrellato. Y el Georgie, ese Georgie salió todo un virtuoso de la guitarra. Puede que le deje incluir una que otra rola suya para el álbum siguiente.

El ascenso

En la cumbre

Toda la tragedia de la muerte de Julia y el abandono de su padre va quedando atrás, se va difuminando entre las luces de las cámaras, el asedio de las fans y la montaña rusa de las giras interminables. No puedes sufrir si eres rico y famoso, imposible darse el lujo. Y ahora que se puede decir lo que uno quiera, el inquieto y contestatario Johnnie emite con desenfado una verdad de esas inconvenientes que muchos sospechan pero nadie quiere oir: dice que la fama de su banda perdurará más que la del líder sagrado de su mundo. El más tranquilo y burgués Paulie lo mira con un dejo de alarma, John es proclive a soltar afirmaciones polémicas, y esto puede traerles problemas.
En la cumbre

A John no le preocupa tanto. Su banda es sólida, y el daño por este incidente no es más que el piquete de un mosquito a un brontosaurio.

Las fuerzas creativas comienzan a crear conflictos. Paul demuestra un conocimiento y aptitud sofisticados por varios géneros musicales y se desempeña muy bien en ellos, lo mismo usa cuerdas y metales para crear sonidos exquisitos que guitarras distorsionadas para presentar piezas que luego evolucionarían en Heavy Metal; George es un compositor excelente pero no puede combatir los poderosos trenes de egos de John y Paul, mientras que Richard, el cuarto del grupo, tímidamente presenta una que otra composición con la esperanza de ser tomado en cuenta. Y lo hacen.

Lamentos

Ahora la burguesía y la sociedad están siendo un castre para John. Debe combatir el conformismo, representado internamente por su viejo amigo compositor. Él debe sobrepasar los límites, debe mostrarle al mundo que su banda es la mejor de todos los tiempos. Pero ya está empezando a descubrir que ya no cree en su banda; que la banda, que siempre ha sido él, ya no es él. Su genio individual debe ser demostrado. Y lo peor es que cada vez que se le ocurre algo novedoso y groundbreaking, Paul sale con algo mejor, o cuando mucho igual. Pero no se queda atrás.

Lamentos 1Ya no cree en la banda. Ni en su matrimonio, ni en su familia ni en sus amigos. Encuentra a una artista que sí lo comprende, una mujer nipona tan excéntrica como él. O, por lo menos, del nivel de excentricidad con el que él ha soñado toda la vida. La sociedad y su conservadurismo lo han hastiado. Él y su nueva mujer, la japonesa, deben combatir lo tradicional, el establishment. Con la inercia de la banda y la admiración que el público mundial le profesa, se sabe El Elegido. The One. Mientras tanto, Paul lo mira con recelo. John está actuando muy extraño desde que está con esa mujer.

Mientras los fans lo aman (como a los cuatro) y le perdonan todo, John es criticado desde otro sector por su rebeldía, su descaro y su cinismo, así como por su insistencia en volverse uno solo con la japonesa y meterla en los estudios de grabación. Paul y los demás se oponen, pero John se ofende. ¿Quiénes se han creído? Ella tiene todo el derecho a opinar. Vamos, querida. Toca ese pandero. Échate una línea en esta canción, aviéntate un grito de urgencia primal en esta rola experimental.

¿Qué? ¿Ya no quieren experimentar? No importa, mi amada sí me comprende. Me meteré a grabar con ella lo que se nos venga en gana. Me lanzaré por nuestro lado a abogar por la paz mundial, a protestar contra la guerra.Lamentos 2 Nos casaremos a como dé lugar. Y todos esos que creen que ella me está comiendo el coco, se tragarán sus palabras cuando vean que adoptaré hasta su nombre. Y les demostraré que la banda no existe: la banda soy yo.

Paul intenta mantener todo en orden. Que seamos bien administrados. La banda somos los cuatro, y debemos demostrar que somos un gran equipo. Ya se dará cuenta John, cuando se le pase esa «infatuación» con la nipona. Y seremos La Banda por muchos años más.

La caída

Finalmente, no pueden soportarlo. John se siente traicionado por Paul. La banda se disuelve. Era justo y necesario: palabra de John.

Ya han salido los álbumes que John grabó sin la banda y se siente traicionado ahora por el mismo público que lo adoraba. ¿Cómo puede ser que nadie se dé cuenta que esto es la evolución natural de la música? ¿Quieren seguir recibiendo cancioncitas estúpidas? ¿Sonsas e insulsas canciones de amor? Es lo que sigue haciendo el simple de Paul. Su primer álbum solista no fue tratado precisamente con excelencia, pero fue más apreciado que los suyos.

Para demostrarles que él era la banda, se convierte en una banda nueva, e incluye a su adorada mujer en el nombre. Ahí vuelve a quejarse. De la sociedad, de las creencias religiosas de la guerra, del capitalismo opresor, de su madre porque se fue, de su padre porque no llegó. Ahora, solamente cree en él. En su mujer y en él.

Y aun así, los fans demuestran, en los años setenta, que ya tienen suficiente con la experimentación de los sesenta y conceden a Paul los grandes éxitos en las listas de popularidad.

John vs Paul

John descubre que la gente prefiere el melosismo de su amigo. El sonido que su otrora amigo del alma es muzak para sus oídos, y se lo hace saber públicamente. Paul, ingenuamente, le sigue el juego, pero muy ocupado en hacer música y expresarse artísticamente, mientras su gran amigo sigue protestando y exhibiendo su sufrimiento privado.

Por un momento, John prueba de nuevo las mieles del éxito creativo con una canción legendaria. Imagínate. Imagínenlo. Paz mundial. No fronteras ni enemigos, ideologías en paz. El mundo como uno solo, como él y ella.

Pasada la cresta, vuelve a conflictuarse. Esta vez con su mujer. Se pierde un breve fin de semana, que le parece eterno. Mientras se echa su caña al aire, ve con amargura cómo Paul sigue cosechando éxitos.

Es demasiado para una vida de incomprensión, pérdidas y abandonos. Pero se mantiene en pie, sin pensar en el harakiri. Pero ya no graba. Gradualmente se va reintegrando a la sociedad. Ahora, cansado del contestatarismo, y pasando la tormenta entrando al umbral de los años ochenta, se reconcilia con la familia, con la burguesía que tanto combatió, con el imperio que tanto desafió.

Y el rey, haciendo pan con miel, la reina, contando el dinero. El príncipe, apenas haciendo sus primeros pinitos en la vida.

John & Yoko

John ahora es quien nunca quiso ser, pero quien ahora tiene la paz que tanto hizo la guerra por conseguir. Perdona a un Paul que por orgullo trató de minimizar y ridiculizar, y considera una reunión amistosa, que aquel busca sin rencor. Ahora le ve como ese viejo amigo con quien siempre deseó que conformasen el contradictorio y proverbial dúo de enemigos íntimos.

Sí, Paulie siempre fue un gran, talentoso tipo.

Por fin, la sensatez y el sentido común eran ahora sus camaradas. John vuelve a cantar. A la vida, a la familia, a su hijo, a todo lo que representa paz y tranquilidad. Y una antigua maquinaria que desde mucho antes se había puesto en marcha, aceleró su proceso.

El final

John regresa de grabar sus próximos cantos en colaboración con su querida esposa, con quien vuelve a su hogar, un poco adelantado. En la entrada del castillo, escucha que le llaman por su nombre y siente varios ramalazos de dolor en la espalda. Cae al suelo. Instintivamente sabe que ha sido atacado, antes de escuchar los gritos circundantes.

John last photo

Por su mente pasan muchos lamentos, en sinfonía, después de una rauda evaluación tratando de determinar quién puede ser el perpetrador de este ataque, y cuál podrá ser la razón. Recapitula toda una vida llena de dinamismo, golpes emocionales, éxitos y penas, antes de hundirse en las tinieblas de la inconsciencia.

«¿Tal vez debí aquilatar más las preocupaciones de Mimí? ¿El esfuerzo artístico de Paul? ¿Valorar a mi primogénito? ¿Controlar más a Yoko? ¿Y si…? No, esto no es, no puede ser el fin. Siempre hay un después. La Conciencia Universal, que evidentemente existe, sabe muy bien quién soy, y no permitirá que…

Libre interpretación del periplo emocional del aludido a lo largo de su carrera, con dudosa pero honesta objetividad, sin intención de confrontar talentos o cuestionar méritos. Tómese con la cabeza fría y las vísceras dormidas, exceptuando mente y corazón.

Cómo crear tu ebook para Amazon de manera sencilla (parte 1)

Crear un ebook para Amazon, y subirlo optimizado para los dispositivos Kindle y legible en smartphones y tablets siempre ha sido un dolor de cabeza para los escritores noveles que inician en este mundo de la autopublicación. Hay infinidad de opciones y lineamientos que se convierten en un verdadero laberinto para el creativo que necesita ocupar su valioso tiempo en lo que más debería hacerlo: escribir. Y sin embargo, el subir su libro a la mayor tienda online -y el mejor escaparate- es un fastidioso trabajo que puede resultar en un producto defectuoso, el cual sin duda podría alejar a los lectores de lo que tal vez es una buena obra literaria.

Amazon ha hecho fácil publicar tu libro, pero no te alivia el doloroso proceso de crear el libro digital, ni siquiera con sus propias herramientas. Al transformar mi novela El Pecado del Mundo a ebook, yo lo experimenté en carne propia. La recomendación de utilizar Microsoft Word para convertir el archivo a html y subirlo a Kindle Direct Publishing deja muchos cabos sueltos, el archivo no termina cien por ciento optimizado y se descuidan muchos aspectos como la compatibilidad con la tabla de contenido NCX, la legibilidad, la estilización mínima y varios puntos que nadie te explica coherentemente.
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10 Frases de sabiduría popular, desafiadas

Siempre hemos pensado que si alguien más lo dice, es verdad. Y generalmente, repetimos como loros. Hablo en primera persona del plural simplemente como figura retórica, ya que desde hace mucho tiempo me dio por cuestionar las verdades populares y meterlas bajo la lupa, luego al microscopio y posteriormente al nanomicroscopio.

En verdad, no sé hasta qué nivel de diminutez podré llegar, pero es lo de menos. Lo importante es que a lo largo de esta nanoempresa he recopilado algunas frases que han pasado por mi cruel rasero y finalmente logré juntar estas diez que tengo como bastante significativas.

Son de esas frases, esos dichos, esas «joyas de sabiduría» que todo mundo da por buenas sólo porque -precisamente- parecen muy sabias, pero pueden ser desafiadas con un poco de pensamiento no convencional. Con solo pronunciarlas, la mayoría de la gente se siente: 1) Más lista, 2) Más sabia, 3) Más juiciosa, 4) Más fuerte, 5) Engrandecida, 6) Consolada y, tal vez la más importante, sienten que con el hecho de usarlas ya están zanjando cualquier discusión o polémica a su favor.

Pero, en verdad, pueden ser cuestionadas, y en muchas ocasiones, derrumbadas. Examinémoslas.

Lo importante no es ganar sino competir.

Cada vez que alguien necesita consuelo por haber quedado en segundo lugar, o peor, cuarto o séptimo o incluso el último, alguien echa mano de esta frase tan conformista. Es decir, jugaste para ganar, para llevarte la victoria, para demostrar que eres el mejor. Una vez que no obtuviste el tan deseado y anhelado primer lugar, parece muy justo decir que lo importante era el juego, la carrera, la emoción de competir, que lo mejor era el proceso y no el objetivo. Señores, si lo que quieren es consuelo, creo que es mejor decir: «No obtuve lo que quería. No siempre se puede ganar, pero esto debe enseñarme a esforzarme más para convertirme en el mejor». Y sí, es mejor y más sano estar triste, en lugar de feliz, por no haber ganado.

Nadie madura en cabeza ajena.

Si bien esto ocurre bastante a menudo, vivimos en una cultura que nos ha enseñado que esta es una verdad inalterable. Ocurre generalmente cuando vemos que alguien no hace caso de los consejos y cae inevitablemente en un error que nosotros, por contar con más experiencia, veíamos venir. Tal vez a nosotros nos haya pasado alguna vez. Lo cierto es que sí se puede madurar en cabeza ajena: es muy probable también que algunos de nosotros hayamos aprendido de algún error en el que hemos visto caer a algún conocido o familiar. Y esto es, aparentemente, privativo de algunas personas, a quienes la lotería genética les ha favorecido con un mejor dominio del sentido común. Pero de que se puede, se puede. Hagan memoria y verán que encuentran su caso particular.

Los animales son más inteligentes que los humanos.

Esta frase, con muchas variantes, se repite hasta la saciedad en comentarios de las redes sociales y generalmente es enunciada por los «animalovers» o «animalistas», cada vez que presencian un acto de crueldad hacia los animales (las bestias en realidad son estos…), cuando ven algún video que sugiere que algún animalito está echando mano de su instinto maternal o de conservación, o cuando algún ser humano hace precisamente lo contrario. La realidad es que ningún animal es más inteligente que un ser humano, en las debidas proporciones. Manteniendo estas distancias, es muy posible que un simio (o delfín, o perro) muy listo sea proporcionalmente más listo que un ser humano muy estúpido, pero esta circunstancia no justifica la generalización. Y tampoco podemos obligar a la gente que constantemente use una tabla de equivalencias y relaciones IQ-comportamiento por especie. Así que, seguiremos escuchando que nosotros los humanos somos lo peor… de una creación antropomórfica, qué ironía.

Ladran Sancho, porque cabalgamos.

Esta fue tomada de una cita apócrifa de una novela clásica de la literatura castellana, y mucha gente la hace suya, especialmente en tiempos y situaciones de competitividad electoral. Dejando de lado el hecho de que Don Quijote nunca pronunció realmente la célebre frase (¡porque nunca la dijo!), se supone que funciona como un blindaje ante las críticas: es muy fácil pensar que si la gente está constantemente señalando lo que no haces bien, o que estás en un error, o que vas por el camino equivocado, o que te has adherido a la facción equivocada, es la demostración de la metáfora que deja a los demás, quizá algunos de ellos más sabios que tú, mal parados como necios perros que hacen su escándalo sólo porque tú vas dirigiéndote muy orondo en el camino de la razón y de la verdad absoluta. Dudo mucho que esto, en todos los casos, sea cierto. La verdad es que muchas veces hay que saber escuchar las críticas y saber filtrarlas con base en la personalidad y la probable intención de los «ladradores».

Mal de muchos, consuelo de tontos.

Generalmente nos sentimos bien cuando una desgracia, o simplemente un sentimiento de pérdida o desazón por algún inconveniente en la vida, no solamente nos pasa a nosotros, sino que todo un colectivo sufre la misma situación. Esto no es un «consuelo de tontos». Es un sentimiento muy humano y tiene sus raíces en una reacción muy natural: intenta acostarte en una cama con un clavo en ristre, en posición vertical, práctica nada agradable. Ahora hazlo en una cama con miles de clavos, alineaditos (ya sabes, como las de los fakires). ¿Ves la diferencia? El daño se minimiza al ser compartido por miles de células receptoras del dolor. El principio psicofisiológico es el mismo.

La dicha de la fea, la hermosa la desea.

No necesitamos mucha imaginación para saber quién inventó esta máxima, que desde siempre usaban las abuelas para consolar a sus descendientes menos afortunadas. En la vida real, práctica, las personas con mejores atributos físicos tienen ligeras (si bien no apabullantes, pero puede se acerquen) ventajas sobre sus contrapartes menos agraciadas. Esto se puede combatir con ingenio y agudeza, pero aunque suene horrible, todos preferiríamos vernos, de origen, lo mejor posible. La «desdicha» de la belleza a la que alude el dicho se debe más bien a que las personas muy bellas se acostumbran desde su infancia a merecer todo y a tratar con prepotencia a los demás, o a tomar ventajas de su condición, pero esto se arregla, una vez más, con sentido común. Creo que no necesito explicarlo.

La tecnología nos está volviendo idiotas.

Esta es otra favorita de los alarmistas modernos. La gente pierde la interacción con los demás -dejándola por… interacción con los demás. Deja de apreciar la naturaleza, la belleza de la vida, la vida en familia, los deportes, las artes. Siempre «pegados» a un aparatito. Antes era la TV, la cual fue llamada «la caja idiota» por los hipsters de la época. Ahora le tocó el turno a las computadoras y celulares, enmarcados por el internet. Tal vez, en realidad, todo esto nos está haciendo más inteligentes. Una vez que se aplique un primer filtro, el resultado evolutivo será gente más capaz en su desempeño neuronal.

La ociosidad es madre de todos los vicios.

Dudé un poco en incluir esta -y tal vez la deseche por una mejor en un futuro, si quiero mantener el decálogo-, pero la verdad es que el bendito ocio también ha sido generador de grandes obras artísticas e invenciones extraordinarias -a la par de la necesidad-, concediendo tiempo con el que la gente ocupada no puede contar. Estoy seguro que muchas personas son muy inventivas pero gracias a sus múltiples ocupaciones productivas y también muchas de ellas se encaminan a los vicios. Una vez más, la cosa no es generalizar.

Sólo se odia lo querido.

Una mentira muy extendida, creada generalmente por la gente «ardida» que trata de justificar el sentimiento convertido en odio, normalmente por un mal desempeño. El odio es una emoción muy natural humana -al que se puede renunciar intelectualmente, de lo cual me encargaré en otro artículo- cuyo origen no necesariamente es un amor previo. Cierto es que mucha gente vuelca en algo muy parecido al odio -o en odio mismo, las más extremas- sus reacciones hacia lo que no puede obtener. Pero hay muchas razones para odiar -la mayoría no justificables-, ya sea por aversión natural, lo opuesto a la química entre dos personas, o producto de la envidia ante logros ajenos, o resultado de una agresión constante también injustificada (bullying). No necesariamente se odia lo que una vez se amó.

Todo tiempo pasado fue mejor.

Una de las favoritas de todas las generaciones. Cada uno de los ciclos repite la misma historia. En mis tiempos, la música era mejor, el cine era mejor, la interacción social era mejor, la comida era mejor. Todo lo que pertenezca a tu propia época tiendes a ensalzarlo como las mejores muestras de logros humanos, artísticos, tecnológicos, sociales. Pero no siempre es verdad. Hay muchas tendencias actuales que han evolucionado y han mejorado con grandes invenciones. La comunicación humana es mejor. Las manifestaciones de arte han mejorado -y otras han empeorado, igual-. Lo cierto es que la expresión y el desempeño humano, en todos los ámbitos, tiende a pulirse, a mejorar, a aprender de sus errores. Habrá situaciones que nunca se resolverán, como el crimen, el ansia de poder y la autodestrucción. Pero lo bueno siempre existirá y seguirá produciéndose.

El dinero no compra la felicidad (o es la raíz de todos los males).

Constantemente repetida en canciones, cuentos, fábulas y telenovelas, la frase originalmente popularizada por la Biblia tiene un origen un poco menos idealista y más práctico: «el amor al dinero es la raíz de todos los males». Y cómo no, la codicia aplastante puede destruir hogares, imperios, relaciones comerciales. No solamente el amor al dinero, sino el amor desmedido a cualquier cosa inocua. Y sí, el dinero sí puede comprar la felicidad, siempre y cuando se utilice sabiamente y se aplique el principio de «sana ambición, saludable codicia», y las personas que te rodeen sean nobles de corazón, lo cual tampoco es razón suficiente para obligarles a vivir de pan y cebolla.

Sinceramente, siempre quise que fueran diez.