War for the Planet of the Apes – La magia del remake

War for the Planet of the Apes (La Guerra del Planeta de los Simios) es la manera brillante de cerrar una trilogía brillante de un brillante remake en el cine moderno.

Cuando todos dan por sentado que los remakes apestan y que todo tiempo pasado fue mejor, la nueva trilogía del Planeta de los Simios demuestra que Hollywood no hace mejores películas porque no le interesa y generalmente apuesta por lo fácilmente vendible. Por fortuna (y desfortuna para tantas historias mal rescatadas) a los adorables monos les tocó las de ganar. Tres películas hechas con sensibilidad artística, sólida narrativa y adecuadas dosis de acción para los gustos más inquietos, aunque debemos siempre reconocer que, por muy intelectuales que pretendamos ser, la acción bien dosificada es un elemento imprescindible en el quehacer cinematográfico.

No podemos decir que es un remake en el extenso sentido de la palabra – ya que no se «rehicieron» las mismas historias; tampoco un reboot pues no fue «reiniciada» la narrativa original, como en el incomprensible fracaso de la versión de Tim Burton. La presente trilogía funciona más bien como una precuela si ignoramos el hecho de que en la línea de tiempo de las películas sesenteras/setenteras se jugó con la línea temporal para explicar con una brillante -entonces brillante, ingenua ahora- paradoja temporal el propio inicio de todo el desaguisado simiesco. La propuesta moderna tiene mucho más sentido.

Lo que fue en principio una novela divertida, desenfadada y casi humorística del francés Pierre Boulle (publicada en 1963) terminó convirtiéndose en una de las más famosas franquicias con la adaptación al cine, protagonizada por Charlton Heston y dirigida por Franklin Schaffner en 1968, la cual produjo una de las escenas finales más icónicas del cine pre-moderno. A partir de ahí se generaron varias secuelas, una serie de televisión y dos remakes más, de los cuales el último es al que pertenece la trilogía actual.

Tal vez la robustez de esta nueva saga reside principalmente en el imponente carácter del protagonista César (interpretado por el sobrevalorado Andy Serkis), un chimpancé evolucionado que se abre camino desde el desarrollo artificial de su inteligencia a manos del científico Will Rodman (James Franco) hasta el liderazgo definitivo de una nueva raza de simios pensantes que se las arregla para sobrevivir en un mundo cedido por humanos paulatinamente diezmados por el virus mutante que impulsó a los simios en primer lugar. Esta última entrega contiene algunas alusiones bíblicas que tal vez molestarán a algunos, y por lo menos una presentación directa a quien posteriormente se convertirá en un elemento significativo en las cintas originales: Nova. Otra referencia muy clara es la interpretación de Woody Harrelson, en ingenioso e intencional homenaje al icónico Coronel Kurtz, el personaje de Marlon Brando en Apocalypse Now. Los guionistas sabían lo que hacían.

Otro de los grandes valores del cine moderno de acción bien realizado también consiste en la magia de los efectos especiales. El cine actual ya es bastante maduro como para utilizar los sofisticados efectos especiales no para asombrar, sino para utilizar el realismo como apoyo a historias bien escritas, las nuevas sagas épicas. No sabemos qué nos depara el futuro de la tecnología cinematográfica, pero creo que es bastante sano rehacer y volver a rehacer las historias que han echado raíces en la conciencia popular. Esto tal vez entre en conflicto con la creencia postmoderna formulada como pregunta: «Para qué rehacer un clásico?». Yo sostengo que, en las mejores manos, cualquier obra cinematográfica muy querida es susceptible de rehacerse con mejores recursos y con mejores resultados, como prueba de ellos es la infravalorada Total Recall (2012), de Len Wiseman, la cual hizo mejor justicia a la historia original de Philip K. Dick.

En muchas ocasiones existen historias a las que nunca se les da la importancia suficiente y permanecen dormidas hasta el final de los tiempos. La saga de los simios mutantes, posible pero improbable, tal vez toca en el fondo algunas fibras antropocentristas. Una gran cantidad de gente, de actitud conservadora, prefiere creer en el humano como el centro del universo y de la Creación. Una mirada a los andares de César, aún sabiendo que se trata de un elemento de ficción, permite entender, sobre todo si alguna vez se han visto simios inteligentes en persona y se ha estudiado su desempeño, cómo nuestro ADN se diferencia del de ellos sólo por una ínfima cantidad de código genético. Tal vez por eso estas historias son tan cautivadoras y nos permiten sintonizarnos en gran medida con la raza que -en esta ficción- sustituirá a la nuestra. Sin tomar en cuenta que la raza humana es presentada -mañosamente- con abundante villanía.

Pero no habría por qué justificar a los animalovers en este sentido. Lo más seguro es que, si los simios algún día llegaran a tomar el control de la sociedad, en su lenta evolución y desarrollo, igual caerían presos de las mismas pasiones humanas -o en este caso, simiescas- de destrucción, autodestrucción, envidia, vanidad, ambición y ansia desmedida de poder. Todos estos que, al final, son más signos de inteligencia que de barbarie.

War for the Planet of the Apes (La Guerra del Planeta de los Simios), dirigida por Matt Reeves, protagonizada por Andy Serkis, Woody Harrelson y Steve Zahn.

What Goes On? La Lista de Anomalías de The Beatles

Este es un artículo especial para fanáticos de hueso colorado de The Beatles, y será mejor apreciado si eres estudioso, músico y/o seguidor del cuarteto. Requiere una buena dosis de paciencia, poseer todos los álbumes originales (preferentemente en versión digital) y un buen par de audífonos, por no mencionar un oído bastante aguzado.
¿Alguna vez…

… has escuchado charlas, voces o ruidos extraños en el trasfondo de una canción de The Beatles?

… te has preguntado quién cantó «She Loves You» al final de «All You Need is Love»?

… has oído historias sobre lo que John canta al final de «Baby You’re A Rich Man»?

… has sabido sobre una canción de Beatles, tocada en la radio de todo el mundo, que contiene una mala palabra que no fue borrada, dónde está y por qué sucedió?

… has querido saber donde está la famosa edición en «Strawberry Fields Forever», y qué significa el código en Morse que está insertado?

… te has cuestionado sobre las extrañas voces en «I Am The Walrus», «Yellow Submarine», y «Revolution No. 9»?

… te has preguntado sobre esos mensajes al revés acerca de Paul?

… has querido saber sobre ese sonido de reloj alarma, dónde se puede oir a John mascando goma, qué es el golpeteo rítmico de «Blackbird», por qué hay partes que faltan en las guitarras de Day Tripper, de qué son esos extraños ruiditos en Helter Skelter, y quién tiene las ampollas en los dedos?

Entonces sigue leyendo, pues estás entre amigos.

Estas son las frases de bienvenida del asombroso sitio What Goes On – The Beatles Anomalies List (La Lista de Anomalías de The Beatles), el cual conocí desde hace aproximadamente quince años y al que nunca he dejado de volver con cierta frecuencia. Tampoco deja de sorprenderme la cantidad de detalles que han sido recogidos allí.

Pueden encontrarlo en el siguiente enlace:

What Goes On – The Beatles Anomalies List
http://wgo.signal11.org.uk/wgo.htm

Este genial repositorio de curiosidades beatlescas se inició en los tiempos antediluvianos pre-Web2.0 (y ha mantenido su aspecto muy vintage, supongo que intencionalmente), debido a un post en los foros USENET, en el newsgroup rec.music.beatles, cuando el usuario Michael Weiss publicó una serie de «anomalías» que se había dado a la tarea de compilar. Estas consistían en:

  1. Errores en las letras, notas, beats, etc.
  2. Otros sonidos no pertenecientes a las voces e instrumentos, como rechinidos o chasquidos.
  3. Dirección vocal, como conteos u otras formas de señalamiento con voz (no incluyendo conteos iniciales como los de «I Saw Her Standing There»).
  4. Errores de mezclado, partes en las que un track fue colocado en tiempo incorrecto.
  5. Comentarios vocales, bromas, expresiones, etc. no pertenecientes a la dirección.

El nombre asignado a la colección en ese entonces fue Every Little Thing, el cual fue cambiado posteriormente a What Goes On y continuó evolucionando como un documento viviente bajo la supervisión del mismo Weiss y de Mike Brown, quien finalmente lo convirtió en el sitio que conocemos ahora.

La cantidad de «anomalías» que se han sumado al gran esfuerzo es impresionante y supone la guía definitiva de curiosidades en las grabaciones de The Beatles, organizada por orden alfabético (228 canciones) y por álbum, además de clips de sonido para hallar con facilidad las partes más significativas. También ofrece una deliciosa sección de extras con las transcripciones de las charlas en los discos de Anthology y un apartado completo dedicado al debate de quién cantó el «She Loves You Yeah Yeah Yeah!» en la recta final de «All You Need is Love».

A lo largo de estos años que he visitado el sitio, he encontrado -y aprendido sobre- detalles como el de qué es el golpeteo que suena a lo largo de la canción «Blackbird», grabada por Paul. El sonido misterioso no es más que un metrónomo mecánico que intencionalmente dejaron en la mezcla final. O en el caso de «Baby You’re a Rich Man», en donde afirman que la burla de John hacia Brian Epstein diciéndole «Baby you’re a rich fag jew» (eres un rico judío maricón) es sólo un mito y se trata de, como aseguró Freud, «un puro no es más que un puro». El conteo de los 24 tiempos en «A Day In The Life» es atribuido a Malcolm Evans, y en Strawberry Fields Forever, a partir del segundo 00:15, puede escucharse en la mezcla un código en Morse que la leyenda asegura que son las iniciales J.L., hecho desacreditado por especialistas radio-operadores.

Este es uno de esos esfuerzos excéntricos colaborativos que muchos consideran producto de fanáticos con demasiado tiempo libre en sus manos, pero lo cierto es que The Beatles Anomalies List es un tesoro de información enfocada, que tal vez no tenga utilidad práctica pero que sin duda hace una invaluable aportación al bagaje cultural y musical de la humanidad con relación al fabuloso cuarteto de Liverpool. Tanta información, que estoy seguro que ni George Martin ni ninguno de los cuatro podría haber recordado o estado consciente de la misma en su totalidad.

En una ocasión, en mis tiempos de secundaria, varios amigos hicimos una grabación amateur y uno de nosotros pronunció cierta frase de una manera muy cómica. Días después, ninguno de los 6 presentes en la grabación pudo recordar quién había sido el perpetrador. Y siempre me había inquietado la razón por la que Paul no se ha acercado a confirmar o desmentir algunos de los rumores, en especial lo del final de «All You Need is Love». Luego recuerdo nuestra anécdota de secundaria, y se me pasa.

Así que, si ustedes son tan curiosos como un servidor, saben inglés, tienen algunos ratos de tiempo libre y quieren escuchar a The Beatles en una dimensión completamente nueva, dénse una vuelta por What Goes On – The Beatles Anomalies List y dedíquenle atención a qué sucede con cada cosita, cositas que tal vez ni siquiera sabían que estaban allí.

Aquí les dejo la lista completa, traducida por mí, de anomalías de la canción «Hey Jude», para que le midan el agua al submarino.

Nota: se apuntan el minuto:segundo exacto de las grabaciones oficiales, los canales estereofónicos y comentarios profusos y detallados.

Hey Jude

0:06
Centro – alguien suena un pandero.

0:21-0:22
Extraños ruidos vocales durante el canto, casi como si tragar mientras se canta (¡brillante!). Esto ha sido tomado como «más repiqueteo del pandero». Cierto, hay más repiqueteo del pandero justo después de «start», lo cual no fue listado. Pero la anomalía vocal mencionada es durante «make it». Podría ser algún extraño efecto en la garganta de Paul que fue recogido por el micrófono.

2:12-2:15
George toca su riff que dobla la frase «Da da da daaa daaa» aquí. Esto no debería pasar hasta el final del verso. George se detiene antes de completar el riff.

2:17
Canal izquierdo, una voz alta (¿femenina? ¿falsete de Paul?) hablando -suena como «Love you» – en las palabras «Just You». Esto puede ser la voz de Paul viniendo a través del track del piano.

2:52-3:02. Mejor escuchado en 2:58
Esto viene de «Recording Sessions» de Mark Lewisohn, acerca de una referencia no específica a un «expletivo no eliminado».

Mientras Paul y John cantan «Remember to let her under your skin», John grita «Got the wrong chord!» (¡Me equivoqué de acorde!), tal vez en respuesta al torpe acorde muerto en 2:53-2:55). La última palabra se adhiere más que las otras tres, y entonces lanza una maldición.

Si se cuenta alto 1-2-3-4 en sincronía con el ritmo a través de esta sección, se obtiene:

Michael Patrick observa que George suelta un «aah» no coreografiado en este punto, esto puede ser muy bien al haber escuchado la palabra «acorde».

Sin embargo, justo después de «begin» (to make it better) en 3:00 hay algo como una forma de edición, que causa un brillo muy notorio en el canal izquierdo. ¿Tal vez es un error en la parte instrumental aquí también, que fue escondido por la edición?

También se escuchan expletivos como «Need some help», «Ok Now», «Take it out» y varios otros.

Como alternativa, pero probablemente menos preciso, la explicación de wa3dhb@bellatlantic.net agrega:

«Encontré este cachito de información en whitealbum.cjb.net. La persona que dice: ‘Fucking hell’ en Hey Jude es John Perry del grupo Grapefruit. El afirma que llego al estudio y Paul le dijo que se pusiera los audífonos y que hiciera respaldo. Lo hizo, y los audífonos tenían el volumen muy alto, así que gritó ‘Fucking hell!’.»

Encuentro esto difícil de creer, pues no se explica por qué John Perry diría «Got the wrong chord!». Tal vez estaba reprendiendo a John por equivocarse de acorde. También encuentro asombroso que la gente pudiera andar libremente en el estudio durante la grabación, y ser suficientemente no profesionales como para arruinar potencialmente una toma comportándose así. ¡No sería invitado de nuevo! No, no puedo tragarme esa…

3:12-3:58
Canal derecho, muchos gritos de Paul, todos fuera del micrófono por un rato antes de que fuera mezclado al centro a volumen completo. Las líneas de «Make it [better]» (3:15) acerca de «making it, not breaking it» (hacerlo, no romperlo) (3:20,3:36) se introducen, pero son muy difíciles de escuchar.

4:30
No-anomalía. A menudo ha sido reportada como «Don’t f**k about Jude» (no la cagues, Jude). Esto es realmente: «Don’t make it bad Jude».

5:37
Similarmente, esto no es «What the f**k Jude?» (qué jodidos, Jude), como muchos reportan, o «Hey look at that you idiot!» (Hey, mira eso, idiota!) o incluso «play a bit of that tune» (toca un poco de esa melodía), «maybe we’ll go back to England» (tal vez regresaremos a Inglaterra), sino simplemente «The pain won’t come back Jude» (el dolor no regresará, Jude).

Sin embargo, en el frente de lenguaje extranjero, V Lichere escribe:
Suena exactamente, con el acento adecuado, como en francés: «He, on peut partir?» («Hey, podemos irnos?»). ¿Soy el único que escucha eso? ¿Es posible?.

6:52-6:54
En la versión de Past Masters 2, el bajo intenta un movimiento de adorno, pero no lo hace correctamente. Entonces toca la nota equivocada repetidamente. Al final, el bajo es desvanecido o cortado antes que el track termine.

Para evitar posteriores reportes extraños de anomalías, aquí está el texto completo de los asombrosos gritos de Paul que aparecen con claridad desde el 3:58 (aproximadamente).

(3:58) «Jude Judy Judy Judy Judy Judy.. ow, wahow!»
(4:07) «Ow hoo, my my my»
(4:12) «Jude Jude Jude Jude Joo-oo …»
(4:18) «Na na na na na, yeh yeh yeh»
(4:24) «Yeah you know you can make it, yeah Jude, you not gotta break it»
(4:30) «Don’t take it bad Jude»
(4:33) «Take a sad song and make it better»
(4:36) «Oh Jude, Jude, Hey Jude, woooow»
(4:44) «Ooo, Joooode»
(4:47) «Yeah»
(4:50) «Hey, hey, hey-ya-ay»
(4:57) «Hey, hey, hey …»
(5:03)»Now Jude Jude Jude Jude Jude Jude, yeah yeah yeah yeah …»
(5:12) «Woh yeah ye-ah»
(5:16) «Ah nanananananana cause I wanna na na na»
(5:20) «Nanananana … nanalalal ow ow ow»
(5:35) «Oh God»
(5:37) «The pain won’t come back Jude»

(5:58) «Yeah, eh hehe heh»
(6:03) «Make it through»
(6:07) «Yeyeye Yeah .. yeah y-yeah … yeah-hahahaha ….»
(6:20) «Goodeveningladiesandgentlemen mymymymy mahhhh»
(6:29) «oooo»
(6:35) «oo-oo»
(6:41) «ooo»
(6:47) «Woooh»
(6:48) «Well then a na-nanan»
(6:56) «Isn’t that …»

Enjoy!

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Karma No Instantáneo

La situación es muy conocida y no es la primera vez que ocurre. En una tienda departamental de algún lugar de México, un empleado despistado pretende poner el precio de una televisión LED de 42 pulgadas en $6,450 pesos y, por desconocimiento de las matemáticas fraccionarias más elementales, comete el error de escribir $64.50. Un joven matrimonio llega y descubren el error, y con toda la «inocencia» del mundo, llevan el anuncio del precio equivocado a la caja para intentar obtener el producto a ese precio. Al encontrar la respuesta negativa de los encargados de caja y de la tienda, acuden a la PROFECO (Procuraduría Federal del Consumidor, en México) para denunciar el incumplimiento comercial, una violación flagrante a la regla (tal vez no escrita) que si una tienda anuncia un precio, está en la obligación de cumplirlo, no cueste lo que no cueste y valga lo que valga.

Por supuesto, muchos estamos en contra de la actitud de la señora. Claro que el amable lector tiene todo el derecho de opinar lo contrario, pero apelando a la ética más básica no es difícil deducir que los clientes esta vez no tienen la razón. Tal vez sea legal, pero no moralmente correcto. Gracias a su insistencia y su ambición, tal vez alguien quedará sin trabajo – sin entrar a detalles sobre las políticas de la empresa, que si se lo descuentan al empleado, que si la mercancía está asegurada, solamente un jefe con aún menos escrúpulos que la señora sería capaz de cobrar el seguro de ese producto y encima cobrárselo al empleado para clavárselo a su propio bolsillo. Es lo de menos. Por la más mínima decencia, no deberíamos aprovecharnos de los errores de los demás, esperando no se entienda esto como un sermón circunstancial. Sintonizándonos con el sentir popular, podríamos pensar que el «dar un palo» a estas grandes empresas es un acto de heroísmo socialista o que es como «quitarle un pelo a un gato». Eso ya depende de cada quién, pero por lo pronto hay que fijarse si nuestra ambición no afecta a alguien que tiene menos que nosotros.

Sin embargo, aunque son bienvenidas las opiniones en los comentarios, el objetivo de este artículo no es determinar si la señora tiene razón o no.

Lo que me llama la atención son los comentarios en las redes con respecto a este video. Por regla general, habrá quien aplauda la hazaña de la señora, pero la gran mayoría la condena. Y un detalle me salta a la vista, las opiniones de algunas personas cuando afirman «Pero hay algo que se llama karma, y tarde o temprano vendrá alguien que la chingue a ella».

Obvio, es una creencia popular (proveniente de las religiones dhármicas), muy afianzada en el colectivo, el célebre «karma». El cual, como el proverbial experimento del bote de leche, puede ser instantáneo, o no, o simplemente puede nunca llegar.

El «karma» es entendido por la mens populi como una especie de conciencia vigilante, como una policía del comportamiento que acude raudamente -o no tan rauda- a hacer pagar a cualquiera que haya cometido un mal hacia sus semejantes. En especial, hacia sus semejantes. Muchos están seguros que, al haber esta señora reclamado su tan mezquino derecho y poner en aprietos a un desconocido -cuyo único crimen es la falta de atención o la ignorancia- puso en marcha una maquinaria de justicia cósmica (sospechosamente enfocada en humanismo mundano) que en unos momentos, o días, o meses, va a traerle su merecido castigo. O tal vez este sistema de justicia padezca un poco de burocracia y la sentencia tarde más en llegar, tal vez años… o quizá la solicitud se traspapele y la acción correctiva nunca llegue.

Realísticamente hablando, hay una probabilidad de que esto suceda, pero no ahora y no por esa mala acción. Y esta reside en que la persona en cuestión -ya no hablemos de esta señora, sino de cualquiera que obre mal- constantemente cometa actos que atraigan, no de una manera mística sino por un muy natural sistema de causa-efecto, consecuencias negativas para ellos.

Roba a las personas, estáfalas, aprovéchate de la ingenuidad, de la buena fe, de la inocencia, y se irán acumulando en tu fama varias manchas que tú no verás, pero que tarde o temprano van a repercutir en una animadversión hacia tu persona, y al final, alguien te denunciará, por venganza o por mero deseo de justicia. Y puedes ser muy hábil, y nunca conocerás la cárcel. Hay gente que lleva toda una vida ganándosela de esa manera. Y el hecho de que no les ocurra nada, significa que el karma no es tan instantáneo como creen, o de plano, no es. Y a quienes sí le rebota en la cara, hay una razón muy sencilla. Tira piedras constantemente a un tejado y acabarás haciendo un hoyo. Maltrata a un animal poderoso y en el momento menos esperado te dará una buena coz. La ciencia estudia la causalidad, y la casualidad. Pero ese legendario «karma», igual que otras entidades de su vuelo, a veces está tan ocupado que no puede atender a todos los infractores que quisiera.

Hace unos meses, el famoso «ruso nazi» recibió tremenda paliza por haberse dedicado sistemáticamente a molestar a quienes él consideraba una raza inferior y el resultado no se hizo esperar. Una multitud se reunió para apalearlo y no salió bien librado. Honestamente, ¿ustedes creen que eso fue karma? ¿Semi-instantáneo, o tardío? ¡Pero le llegó! De acuerdo, aunque hay (y existieron) infinidad de personas que han cometido actos infinitamente más atroces, y nunca han recibido su merecido.

Sin embargo, tal parece que las redes y la impartición de justicia proyectada son una especie de catarsis. Atiendan a los comentarios y encontrarán cientos de guerreros sociales de teclado que pronostican que a tal o cual villano le llegará su castigo, y una vez hecha la predicción, se retiran a seguir con sus tranquilas vidas, la mayoría de las veces sin comprobar si el mentado karma llegó o hizo acto de ausencia.

Igual, el mismo ejército de guerreros en la red usa su derecho a odiar a los personajes que es necesario que existan como los depositarios del odio colectivo, pero eso ya es tema del próximo artículo.

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El Doctor número 13 será mujer

Si eres fan de Doctor Who, la antiquísima -y renovada- serie inglesa de ciencia-ficción fantástica, es posible que al día de hoy (16 de Julio de 2017) ya te hayas enterado de este acontecimiento. El Doctor Who número 13 será, por primera vez, una mujer.

La BBC acaba de anunciar, con bombo y platillo, que la décimo tercera encarnación del famoso alienígena de Gallifrey estará a cargo de Jodie Whittaker, quien ya previamente compartió créditos con el mismísimo David «Allons-Y» Tennant (el famosísismo y aparentemente insuperable Décimo Doctor) en la serie británica Broadchurch. El encargado de la temporada 11 y frontrunner de la misma será el guionista Chris Chibnall (también escritor titular de Broadchurch), cuyos guiones aportados a Doctor Who no son precisamente de los favoritos de los Whovians, por lo que albergamos un poco de dudas sobre si la serie alcanzará los mismos estándares de calidad cienciaficcionesca que ha alcanzado el célebre Steven Moffat, showrunner por 6 temporadas, desde el 2010.

Jodie Whittaker, la nueva Doctor.Lo cual nos llevará, en la undécima temporada de la era moderna de Doctor Who, a una especie de bifurcación en la percepción. Veamos, cuando se experimenta con lo ya establecido y lo tradicional, es decir, se rompen los paradigmas, hay que tener siempre un punto de control, y esto es aún más cierto cuando está de por medio una audiencia cautiva durante tantos años. Y más si es inglesa.

Cuando estamos tratando de encontrar una falla, digamos, en programación, o en reparaciones de hardware, no vamos haciendo pruebas, correcciones o cambios de dos en dos (o más de dos), si es que queremos hallar el origen verdadero del problema. Si tenemos éxito, así nunca sabremos cual fue la operación que nos llevó al mismo.

En el caso de esta serie, los cambios no debieron haberse hecho al mismo tiempo. Si la undécima temporada resulta un fracaso (lo cual no deseo pero albergo ese ligero temor en mi mente), no sabremos si fue por un deficiente desempeño de Chibnall -quien puede ser un excelente guionista pero, hasta el momento, ha carecido de ese enfoque de misterio y ese halo de misticismo dramático-científico de Moffat- o si se debió a que Jodie Whittaker no alcanzó a llenar los grandes zapatos que deja Capaldi.

Por mi parte, no tengo inconveniente en que el Doctor sea una fémina. Esta es la época del inclusivismo, y hay que estar acorde. El tradicionalismo con el que la mayoría hemos crecido (insisto, y más los ingleses), nos lleva a pensar que los personajes establecidos deben seguir los lineamientos originales de raza, color, género y edad. Este último ya fue desbancado desde las temporadas iniciales cuando el primer Doctor, William Hartnell, fue sucesivamente reestituido por uno cada vez más joven, alternando edades hasta llegar a Matt Smith de la nueva época con escasos veintisiete años (ver Las Edades de los Doctores).

Según la mitología de los Time Lords, el Doctor podría transformarse en cualquier tipo de humano -en sí, por conveniencia de la serie- ya que los Time Lords de origen también tienen la apariencia de nuestra especie. Tal vez lo que veo de Whittaker es una apariencia de mujer frágil, probablemente por sus rasgos faciales, aspecto en el cual habrían sido más favorable la leve y excéntrica androginia de Tilda Swinton o la fiereza de una Sigourney Weaver. Pero tal vez eso también sea desear que la mujer sea masculinizada para mantener el prejuicio machista, por lo que deberé conceder a Jodie el beneficio de la duda. Quizá nos de la sorpresa igual que como nos la propinó Matt Smith con sus manerismos maniacos, ella puede tener un as bajo la manga de su talento para portar con decoro el rol del Doctor y proporcionarle una nueva personalidad, sin perder su esencia.

Peter Capaldi DoctorNo tuve mucha confianza en Capaldi, hasta que mejoró notablemente al final de su primera temporada (octava) y al inicio de su segunda. A este punto, le veo a la misma altura y cumpliendo con la fortaleza (léase seguridad en sí mismo) como el Doctor de Tennant. El punto en que me demostró que era un más que digno Ultimate Time Lord fue en el episodio 11 de la temporada 9, «Heaven Sent», capítulo que mezcló un gran guión de Moffat, un exquisito diseño de producción y una inmejorable actuación en un one-man-show.

Por el lado de Chibnall, en verdad tiene que esforzarse para superar los guiones con los que ha contribuido a la serie y por lo menos igualar los story-arcs (arcos narativos, las historias de fondo que trasncurren a lo largo de las temporadas) a los que nos acostumbraron Russell T. Davies (el resucitador de Doctor Who y primer showrunner) y el mismo Moffat. Hasta ahora, sus episodios han sido más drama que ciencia-ficción.

Chris es un excelente dramaturgo y Broadchurch ha sido uno de sus grandes hitos, sin embargo, en el ámbito de la CF/F hay que ser atrevido, visionario, y empujar los límites cada vez más. Si no logra nivelar adecuadamente las dosis de drama y fantasía que en especial este legendario show requiere, los Whovians pueden mostrar su disgusto y eso no le conviene a la BBC, y por lo tanto, el show podría llegar a una nueva cancelación.

Y por el lado de los ingleses, hay algo que mantiene mi esperanza. Tal vez son uno de los pueblos más tradicionalistas, probablemente más que México, más que Japón -que ya es mucho decir- y pueden entrar alegremente a la onda del inclusivismo mundial, aunque hay dos cosas que nunca van a permitir. El Doctor puede ser mujer, negro, joven, viejo, calvo, gordo, flaco, pero siempre, siempre deberá ser británico. La otra cosa que es casi seguro que no dejen que les quiten de las manos es el honor de poseer el show televisivo de ciencia-ficción más antiguo del mundo: 54 años, y contando.

De manera que, mis dos centavos: uno para Chris y otro para Jodie. De todo corazón deseo que mantengan la vara en alto. Lo único que me pregunto es: cuando el Doctor se regenere en el próximo especial de Navidad y aparezca en el cuerpo femenino, ¿dirá: «Boobs! No dick! And… still not Ginger!»?

Él es William Riker, y se sienta ¡así!

Tantas veces que vi esta serie y jamás reparé en este detalle. El primer oficial William T. Riker (Jonathan Frakes), del U.S.S. Enterprise (Star Trek The Next Generation) siempre que llega a sentarse lo hace de esta manera:

Investigando en este enlace, me enteré de lo que comentaron en Reddit:

Frakes had a back injury, caused by having a job moving furniture. The result is the «Riker Lean,» where you often see him on set leaning on chairs or consoles, or with one leg propped up on something. You can also see his body is tilted a little when he’s standing up straight.

«Frakes tuvo una lesión en la espalda, causada por un empleo de cargador de muebles. El resultado es el «Inclinamiento Riker», en el cual puede verse a menudo inclinándose, o con una pierna subida en algo. También puedes ver su cuerpo inclinado ligeramente cuando se para derecho.»

Más ejemplos del Riker Lean en este video:

El Limbo (extracto de la novela El Pecado del Mundo)

En las oficinas de DataCod, Cindy ilustraba a Víctor sobre la importancia de prevenir y evitar que los hijos no se descarriaran y la responsabilidad que implicaba para los padres el enseñarles que el sexo (o palabra de cuatro letras) sólo había sido creado para que el hombre pudiese perpetuar la especie. Por alguna razón Víctor tuvo la necesidad de discutirle… ¿por qué el sexo fue creado para eso y es mal visto? ¿por qué es algo inmundo y es tan necesario? ¿por qué…? Pero tenía la sensación de que esa plática ya había tenido lugar, no necesariamente con ella, ni con él. Como decía un viejo chiste, “debían haber sido otros dos”. Además, no tenía las ganas ni el deseo de ponerse a Cindy en contra.
—Bueno, necesito que me ayudes a rezar —pidió Víctor, aprovechando que ella llegó a esa sección de su cátedra.
—¿Para qué? —preguntó graciosamente la chica.
—Es una computadora que necesito reparar, pero no lo he logrado —mintió—. Marcos y yo la necesitamos para terminar un proyecto. Creo que solo rezar me ayudará.
—Me alegra —consintió ella— que pienses que Dios puede ayudarte siempre. Así tienes gran parte del cielo ganado.
—Gracias —sin mucho convencimiento, Víctor se dirigió a la máquina en cuestión, las tapas estaban fuera y todas sus entrañas de circuitos, tarjetas y cables al descubierto—. Esto es lo que no sirve —anunció.
—Haz lo que yo hago —pidió ella.
La chica inclinó su cabeza, se arrodilló frente a la mesa y juntó las manos en posición de rezo. Cerró los ojos y comenzó a pronunciar “Padre Nuestro, que estás en los cielos…”, lo repitió tres veces y continuó con otras tantas “avemarías”. Víctor parafraseó cada una de las letanías.
Para su desilusión, sobre el artefacto destripado no apareció una luz azulosa con decenas de puntitos luminosos, como en Baterías No Incluidas, que hacían que los cables y tarjetas se repararan con metamorfosis a la vista, acompañada de una música de hadas. La chica abrió sus enormes ojos y musitó: “eso es suficiente”. Se incorporó y se sentó en el sillón ejecutivo, como si estuviese fatigada.
Víctor habló con cautela.
—Eehh… perdón, Cindy… ¿cómo sabes que eso es suficiente?
—Es parte de mi talento ¿sabías?
—¿Sí, pero, quiero decir, como mides la cantidad de rezos para cualquier finalidad?
—Supongo que es algo innato. Lo percibo, simplemente.
—Lo percibes.
—Sí, he notado que para las cosas materiales se requiere menor cantidad de rezos. Para los problemas humanos, se debe utilizar mayor cantidad y variedad.
Víctor se preguntó si alguien habría escrito un libro sobre el tema.
—Bien, ¿y ahora qué?
—Esperamos unos minutos —la abejita se levantó del asiento y se dirigió al escritorio de la recepción—. Ven conmigo, dejemos que el poder de Dios haga lo suyo.
—Pero…
—Normalmente no le gusta que miren.
Víctor obedeció y siguió a Cindy. No se atrevió a preguntar si con “no le gusta que miren” se refería a Dios o a su poder.
Cuando era pequeño, se preguntaba por qué Santa Claus no se dejaba ver cuando entregaba los juguetes a los niños. Debían irse a dormir y al despertar a la mañana siguiente, los regalos ya estaban ahí. Este caso tenía una semejanza, pero con un dejo terrorífico que no podía digerir. Imaginó una especie de ángeles oscuros, siniestros, reparando el equipo mientras él estaba con la chica en otra habitación. Lo que en otro tiempo le habría parecido una fantasía, aquí era perfectamente plausible, por lo que no se atrevió a volver antes de tiempo.
—Ustedes tienen una amiga que se llama Marcia, ¿verdad? —inquirió Cindy repentinamente, como tratando de distraer a Víctor de la curiosidad que le había provocado.
—Así es… ¿la conoces?
—No, pero Marcos me habló de ella. Pobre muchacha, necesita corrección urgente. Esa chica está perdiéndose en la degradación de su cuerpo y de su alma. Y si no la atendemos pronto, va a arrastrar a tu amiga Wendy con ella.
—Lo imagino. Pobre Wendy.
—¿Sabes dónde está Marcia, Víctor?
—Negativo. Se separó de nosotros hace rato. Pero creo que volverá. No puede ir muy lejos sola.
—¿Y por qué se separó?
—Pues, estaba harta de… —Víctor se detuvo un momento. Estaba claro que Cindy no comprendería la razón del hartazgo de Marcia como lo veían él y el resto de los ocho— estaba harta de nosotros.
—Hay que ayudarla, Víctor.
—¿Por qué te interesa tanto?
—Cada vez que salvo un alma de la corrupción, gano puntos para un mejor puesto en el Cielo. Con dedicación, tal vez me gane el puesto de asistente personal de la Señorita Ernestina Beltrán en su proyecto, así en la Tierra como en el Cielo, por toda la eternidad.
—¿Cuál es su proyecto?
—Es un poco largo de explicar, pero todas mis colegas quisieran trabajar para ella.
¡Qué trabajo tan miserable! pensó Víctor. Ser asistente de la infame mujer. Aunque, viéndolo con perspectiva, en ese mundo era un honor, si bien no entendía por qué la ambiciosa chica no llegaba al grado de desear llegar al mismo rango de Ernestina, en lugar de conformarse con un simple puesto secundario. Ese hecho le estaba diciendo algo, pero no sabía exactamente qué.
—Entonces, conoces a doña Ernestina —preguntó afirmando, a pesar de saber la respuesta.
—La he visto en persona, pero no he hablado con ella. Víctor, por favor, en nuestro medio, ¿quién no la conoce? Es una heroína de nuestro tiempo. Ella es una santa, como pocas mujeres han existido.
—Sí, claro, es una santa. Bien, vamos a buscar a Marcia para ponerla en tus manos, se lo diré a Marcos y Wendy cuando vuelvan por nosotros.
Víctor ya había entendido que por mucha vara alta que tuviesen estos seres con el Orden Divino, no se les había dado el don de la suspicacia, y menos el de leer las mentes. Se les podía engañar simplemente mostrando buenas intenciones. Cindy puso expresión de satisfacción y dijo, como si le hubiese llegado un mensaje, precisamente telepático.
—Ya debe estar, Vic. Vamos a ver la máquina.
—Oye, pero… ¡no han pasado ni dos minutos!
La abejita ignoró la incredulidad y se dirigió a la otra pieza. Víctor quedó estupefacto. Las piernas le temblaron y en el estómago sintió un nudo de aprehensión. Algo muy extraño estaba ocurriendo. Si toda esta aventura ya era de por sí fuera de lo común, esto ya sobrepasaba los límites de la nueva normalidad a la que apenas estaba habituándose. Podía sentir el tejido de la realidad desgarrándose, casi podía escuchar la tela haciéndose mil pedazos.
La computadora que hacía un rato había dejado, toda desbaratada e inservible, se erguía reluciente en la mesa de trabajo. Estaba reparada. Como si la hubiesen sustituido por una de fábrica. Víctor sintió un mareo repentino y tuvo que sentarse en la silla que tenía a la mano. ¿Qué habría pasado si se hubiese atrevido a volver antes que Cindy diera el visto bueno? ¿Habría sorprendido al artefacto metamorfoseándose a su nuevo estado, emulando las escenas del cine de fantasía? ¿O un ser que no podía concebir estaría ejecutando la mutación, enfadándose con él, con una reacción negativa que no quería imaginarse, debido a la afirmación de su amiguita de “no le gusta que miren”?
—¿Qué pasa, Vic? ¿Te ha impresionado el poder de mis rezos? Se diría que nunca habías visto un milagro así.
“Esto está poniéndose peor”. Víctor no sabía qué le causaba más temor, si el no haber presenciado el cómo de la reparación milagrosa o el hecho de que esta nueva existencia ya estaba dando paso a una naturaleza más compleja y agresiva.
—No… bueno, sí… una vez, sí —ya no estaba tan seguro de que no podría haber telepatía.
—Entonces, ¿qué esperas? ¡Enciéndela!
Mecánicamente, y apabullado por conocer de antemano el resultado de la prueba, conectó la máquina a la corriente eléctrica, pulsó el botón de encendido y ni siquiera se sorprendió —incluso esbozó una sonrisa de ironía— cuando en la pantalla apareció el logotipo de “Heaven Windows”. Cindy se aplaudió a sí misma y mientras el sistema operativo hecho en el Cielo iniciaba, comenzó una de sus cápsulas ilustrativas:
—¿Sabías que originalmente se llamaría Hell Windows? Por suerte pudo detenerse, se derrocó al señor Gates y la Santa Iglesia Católica tomó el control de Microsoft. Imagina cuántas almas se salvaron con eso. Ganamos una excelente herramienta y ahora es usada para la salvación de la humanidad.
—Sí, por supuesto —Víctor simuló estar enterado—, porque Bill Gates es el Anticristo ¿no?
—¡Así es! Bravo, Vic, vas que vuelas para tu salvación. ¿Sabías que el 95, el que pretendía imponer a todo el mundo el año pasado, en código ASCII da como resultado 666? ¡No quiero ni pensar qué habría ocurrido de haber tenido éxito en su misión!
—Sí, lo imagino.
Por fin, Heaven Windows terminó de cargarse y Víctor, derrotado, jugueteó con la interfaz. Esto era demasiado.
—¡Me da gusto que haya funcionado, Vic! Oye, ¿me permites hacer una llamada?
—Sí, en el teléfono de la recepción… presiona el cero para llamadas al exterior.
—Gracias, ¡eres un amor! Revisa si está funcionando todo bien, si quedó algún problema, con un rezo bastará.
La entusiasta chica se alejó hacia los dominios de Lolita y dejó a Víctor hecho un mar de dudas y reflexiones.
En primer lugar, todo apuntaba a que este Todo no era un universo alterno. No podía serlo. La anécdota de Bill Gates como el Anticristo era una leyenda popular, y no concebía un universo, por más infinitos que fuesen, que embonasen perfectamente en el marco de referencia de la esquizofrenia de una mujer con creencias medievales obsoletas. La idea de “infinito” aplicada a las posibilidades de desarrollo de una existencia organizada lo hacía teóricamente viable y, sin embargo, ahí estaba su mente rechazándolo por el más elemental sentido común. El Efecto Mariposa no podía ser tan preciso y aleatorio. No viajas al pasado y matas al primer renacentista, consiguiendo así el diseño exacto que planeaste en tus mórbidos sueños de pureza. Inclusive Isaac Asimov propuso en una de sus ficciones que puedes lograr el resultado máximo deseado con sólo ejecutar el cambio mínimo necesario, pero para ello necesitarías un extensivo proceso de análisis históricos y vastos cálculos de causalidad para poder encontrar el lugar y el momento exactos. No, no tenía lógica.
Aunque si desechaba esa teoría, por múltiples razones más, la próxima hipótesis que le venía a la mente era la siniestra teoría de Marcia. ¿Estaban… muertos? ¿Era esto un limbo? Más que limbo, debía ser un castigo. Todos ellos odian a la venerable anciana tía de Wendy. Todos ellos, directa o indirectamente, la desafían, se ponen en su contra abiertamente y de repente, el grupo fallece en un accidente. Como consecuencia de tal evento, son responsables colectivamente de todas las muertes. Ahora, están en un purgatorio, por no decir en un infierno, consistente en torturarles por toda la eternidad en un escenario hecho a la medida de las ideas punitivas de su inquisidora.
Todo esto tenía mucho sentido, no podía negarlo, si no fuese por un pequeño detalle. Víctor, siendo el humanista secular que era, cientifista de afición, programador ya de profesión, amante de todo lo geek y la ciencia-ficción, no podía aceptar que existiese una estructura tan sofisticada de castigos divinos. Automáticamente rechazaba la idea de un Dios monárquico y autoritario, un anciano de barba blanca sentado entre las nubes, no dedicado a otra cosa más que a vigilar a su creación como un Todo y a cada ente individual por separado en cada momento de su existencia. Si tenía que creer en algo divino, prefería emular a Einstein y creer en el dios de Baruch Spinoza, “idéntico al orden matemático del universo”. Bajo esta visión, no podía aceptar que alguien ahí arriba estuviese tan preocupado por darles una lección, armando todo un tinglado con escenografía, actores y tecnología incluidos, para demostrarles que una anciana loca tenía razón.
En eso estaba, hasta que un nuevo evento le sacó de sus reflexiones. El centro de control del sistema de vigilancia mostraba un pequeño led rojo que parpadeaba intermitentemente, acompañado de un escasamente audible pitido en etapas que llamó su atención. Eso indicaba que una de las cámaras había detectado movimiento y exigía atención. Encendió el monitor CRT conectado al sistema. No tardó mucho en aparecer la señal, y Víctor contempló una escena que hizo que su mandíbula se estrellase contra el suelo y un escalofrío recorriese su cuerpo y se concentrara en la boca de su estómago, similar al vértigo de una bajada súbita en una montaña rusa.

DNCE – Kissing Strangers ft. Nicki Minaj

Una buena canción con fuerte influencia funk, y un tramo echado a perder (como siempre) por un innecesario rapeo (esta vez a cargo de Nicki Minaj). Pero buena rolita, muy dinámica. Y un ritmo y bajeo bastante contagiosos que definitivamente la hacen un nuevo clásico.