WITHIN YOU WITHOUT YOU o EL MISTERIO DEL TRACK NÚMERO 8

Tal vez no fue un misterio resuelto propiamente dicho, pero por lo menos determiné todos las combinaciones posibles que conducían al caso y la posible solución, como teoría, que nunca pudo verificarse.

Hace muchos años, cuando los Compact Discs apenas entraban al mercado, comencé a comprar las versiones en CD de los discos en vinil que más me gustaban. Todo lo relacionado a los medios digitales era una novedad de principios a mediados de los noventas.

Era aquel tiempo, en la era pre-internet (que ya se conocía, pero aún no era algo común en los hogares), también el de las revistas de computadoras que normalmente incluían un CD con software gratuito o shareware. Compulsivamente probábamos los programas y juegos de PC que semana a semana llegaban en diferentes revistas, y un día llegó una joya: ¡un reproductor de CDs que permitía poner los nombres de las canciones de cada álbum! Era un gran novedad. E inmediatemente comencé a registrar en la computadora uno por uno de cada CD que iba comprando y agregando a mi creciente colección, pensando que ese pequeño y poco conocido software de algún programador independiente iba a durar toda la vida (ni siquiera existía aún el WinAmp).

Entonces ocurrió algo muy extraño. Le tocó el turno a registrar las canciones del Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, de The Beatles. Todo fue muy bien, hasta que al día siguiente lo puse en la bandeja para reproducirlo. Misteriosamente, al abrir el programa en automático cuando detectaba la introducción de un CD, la canción Within You Without You (en los viniles, la primera del lado B) de Harrison, aparecía sin el título en el listado. Qué extraño. Entré al modo de edición y lo volví a ingresar.

Volví a reproducir el disco y… el título había desaparecido de nuevo, pero el track estaba ahí. Track 08. Le di play directamente y… no pasó ni un segundo cuando el reproductor se brincó a la siguiente canción, When I’m Sixty Four, de mi gran compadre McCartney. Algo me hizo pensar que mi CD estaba defectuoso. Entonces corrí a ponerlo en el reproductor físico (es decir, el mini-componente marca Sony). Within You Without You, para mi sorpresa, se reprodujo muy bien. Mm, entonces no es el CD. Pero algo debe haber en ese track de ese disco que no permite (tal vez por la resolución del láser del reproductor físico en la computadora) la reproducción o el registro en el software. Aunque, pensándolo bien, qué extraño, porque la escritura del nombre no debía ocurrir en el CD propiamente, sino en algún archivo o base de datos que el programa escribía en el disco duro.

Para dilucidarlo, revisé los directorios del programa instalado para tratar de determinar dónde eran guardados. Fracaso. El software encriptaba al vuelo la base de datos de cada disco, y era imposible visualizar o editar los nombres en algún archivo. Probé con un editor hexadecimal y no apareció ningún dato que pudiese revelar el secreto.

Le mostré a un amigo el caso y comenzamos a probar. Le pusimos otro nombre al track, una ligera variante, por ejemplo «Within You, Without You», o «Within You and Without You», y seguía ocurriendo lo mismo. El track volvía a marcar Track 08 y no reproducía la canción. Luego nos dimos cuenta que era una estupidez, porque podríamos ponerle el nombre que quisiéramos, como «La Última Carcajada de la Cumbancha», y tendría que aceptarlo. Pero tampoco lo aceptaba. Es decir, el problema estaba en el registro en sí de esa pista en particular. Probamos La Última Carcajada de la Cumbancha en el resto de los tracks y los aceptó sin problemas. Entonces, algo estaba mal en el software y no aceptaba la octava pista de los CDs. Era lo razonable, ¿no? No permitía ni ponerle el título al track ni reproducirlo.

Era una lástima, porque el software estaba «chido». No todos hacían eso, y ese tenía bonito look y era muy práctico y eficiente.

La sorpresa vino cuando, ya con resignación, probé otro CD de los que ya había capturado y… funcionó a la perfección. Cualquier artista, cualquier canción, cualquier track se mostraba bien. Todos los títulos estaban ahí y se reproducían sin problemas, incluyendo el escabroso Track 08: cualquier otro CD que no fuese el Sgt. Pepper’s aceptaba y desplegaba el nombre correcto de la canción.

Algo nos sonó en la mente. Claramente pudimos oir el «click» en nuestros cerebros, nos miramos como diciendo «¡No!». Mi amigo fue a traer su propio CD del Sgt. Pepper’s y… ocurrió lo que pensamos. El Track 08 volvía a ser un fantasma, un muerto irreproducible.

Probamos el cd player que por default traía aquel rudimentario Windows 95. Instalamos otros reproductores de CD de los que venían en las revistas. Ya lo han de adivinar: el track número 8 del Sgt. Pepper’s se reprodujo a la perfección. Inclusive, encontramos otro reproductor, no tan cool como ese pero que permitía introducir también los títulos. Y como se imaginarán, Within You Without You permanecía ahí, el título, con todas sus letras, de una canción que al fin y al cabo nunca nos ha gustado much… oh… wait!

¿Sería que…?

Sí. La única conclusión posible, después de exhaustivas pruebas y descartar cualquier falla técnica, llegamos a la sorprendente conclusión de que… Al programador del software no le gustaba esa canción, esa en especial: dictaminó que no merecía ser parte del álbum considerado el más grande de todos los tiempos, y decidió vetarla de cualquier CD del Sgt. Pepper, impidiendo que pudiese registrarse y reproducirse. Algo que no es descabellado si se toma en cuenta que los CDs contienen en su codificación un número identificador del soporte digital, de esa edición específica, como los ISBN de los libros.

Desafortunadamente, no puedo recordar cuál era el programa. Quedó enterrado en las montañas de revistas y discos de casi tres décadas. Pero a juzgar por su poco profesionalismo y su programación visceral, supongo que no debe haber tenido éxito en el mercado informático.

Star Wars: The Last Jedi, la nueva fuerza de La Fuerza

Decir que Star Wars: The Last Jedi (El Último o Los Últimos Jedi), el octavo episodio en la ya trascendental franquicia cinematográfica es mil veces mejor que su predecesora, Star Wars: The Force Awakens, es ser bastante injusto con ésta última y deteriorar su mérito de haber sentado las bases, las nuevas situaciones y los personajes para continuar la épica saga.

En lugar de eso, como odio las comparaciones denostativas, me limitaré a afirmar que The Force Awakens es una película muy bien lograda y que supo honrar la causa, pero The Last Jedi es, indudablemente, encantadora.

A pesar de ciertas fallas en el ritmo y secuencias que se sienten innecesariamente largas, esta nueva entrega es capaz de mantenernos interesados durante dos horas y media sin perder el mínimo de interés. En algún momento entre los últimos dos años llegué a pensar que era necesario traer de regreso a George Lucas y obligarle a sintonizarse con su espíritu creativo en versión joven para lograr recapturar la esencia de los primeros episodios (4, 5 y un poco del 6), la cual perdió en su brillante idea de presentar al mundo toda una pre-trilogía que fue basada mayormente en situaciones galactico-políticas y muy poco en las aventuras heroicas a las que dejó acostumbrada a su leal legión de fans.

Ahora ya no lo pienso. Es notable ver que, mientras J. J. Abrams jugó a la segura en el episodio anterior (tal vez presionado por los jefes Disney, pero también compartiría la responsabilidad con el mismo Kasdan y Amdt, co-escritores), Rian Johnson se las arregló para desarrollar un guión con un balance más cohesivo entre los arcos de religión, lealtad, heroismo y aventura. Igual, tal vez el mérito no es totalmente suyo, pero de cualquier forma, no quiero poner ambas películas en un deathmatch para ver cuál es mejor. Según la crítica, esta gana por mucho.

Sin embargo, TFA hizo algo que era absolutamente necesario: encarrilar una antigua historia a un público ávido de más Star Wars que habría querido presenciar todo lo que ocurrió con Luke, Leia y Han durante más de treinta años de no saber absolutamente nada de los amados personajes. Esa es la razón por la cual, hace dos años, nos emocionamos con la triunfal entrada de Han Solo y Chewbacca en su imparable Millenium Falcon, nos sentimos complacidos de ver a Leia convertida en general de la nueva resistencia y encontrar, finalmente, al ahora legendario (literalmente hablando) Luke Skywalker, auto-exiliado en una isla en los confines de La Galaxia ya de por sí tan lejana. Por lo tanto, para mi generoso punto de vista, el episodio VII tiene todos mis respetos.

Dicho esto y dejándolo bien establecido, continúo con el episodio actual. En The Last Jedi, Rey, Finn y Poe, los nuevos héroes principales, ahora se nos hacen más familiares y van cobrando nueva fuerza (y Fuerza), mientras los venerables antiguos personajes les van abriendo el camino, dejándoselos muy bien pavimentado. Suena un poco ridícula a estas alturas la opinión de Lucas de que ya no podían seguir contándose más historias de Star Wars. Lo que no podría haber logrado era continuar contando la misma historia con sabor a space soap opera (o «telenovela del espacio»). En efecto, lo que más deseaban los fans no habría sido un acierto si, como en la historia de las largas telenovelas, no se hubiesen introducido nuevos elementos, ya que los viejos conocidos se desgastan con el tiempo. Lo único que tal vez lamentamos es el no haber presenciado una nueva y última cooperación entre Luke y Han, todo gracias al enfant terrible y parricida de Kylo Ren.

Los más conocedores de la saga encontrarán, indudablemente, muchos paralelismos con el pasado. La cinta está repleta de guiños. En algún momento, y tal vez contaminado por el incesante criticismo de los eternos conocedores de cine, llegué a pensar que tanta similitud y situaciones análogas, puestas con toda intención, eran una mala señal, una jugada ambiciosa por parte de los ejecutivos de Disney que gritaban «escribe situaciones que los fans reconozcan, con eso ganamos». Ahora, mirando en retrospectiva, puedo ver que en realidad es un acierto: jamás les habrían perdonado que hicieran lo mismo que Star Trek Discovery: luce como Star Trek, pero no sabe a Star Trek. Y quién más que yo para decirlo, que si me obligasen a decidir llevarme una de ambas sagas a la proverbial «Isla Desierta», elegiría sin duda todas las series y películas de Star Trek.

También viene incluído el obligatorio paquete de alienígenas humanoides y criaturas sorprendentes, entre ellas los adorables y amistosos (con la mercadotenia) porgs, unos ordeñables animales marinos y unos bellos e inquietantes zorros cristalinos que son una delicia visual. Así como hermosos lugares, entre ellos un sofisticado casino para gente de élite que es mañosamente anunciado como el sitio donde confluye lo más bajo y deleznable de la escoria de la galaxia.

La película tiene preciosos momentos introspectivos, así como dinámicas secuencias de batallas espaciales (tal vez más claras que la trilogía 1-2-3) y brillantes tácticas de guerra. Luke Skywalker como un viejo quejumbroso e inseguro toca la nota correcta y la justificación es apropiada (no quería decirlo pero aparece un viejo -literal- conocido), así como lo fue el desempeño de Han Solo en la entrega anterior, como el incansable mercenario espacial. C3PO mantiene su adorabilidad como androide protocolario y tal vez R2-D2 está desaprovechado, siendo comprensible, con tal de permitir la transferencia de cariño de los fans hacia el no menos simpático BB8. También veo un poco más confortable el personaje de Kylo Ren, a mi juicio, el único que le costó trabajo embonar, ahora tal vez porque ya tuvo que darse cuenta de la ridiculez de usar un casco-máscara que no tenía ni remotamente el poder icónico del que poseía su abuelo.

Y tenemos sobre el final un sorprendente giro, el cual me veo impedido a revelar para no arruinar la sorpresa. Solo puedo decir que en verdad la resolución de este capítulo limpia el estigma y libera de cualquier indecisión que se tuviera sobre la validez de continuar con la milenaria historia. Por fin, puede decirse que, como todo en la vida, Star Wars ha pasado a una nueva etapa y para el episodio IX (del que estamos seguros que tampoco será el final-final) ya no serán necesarios los servicios emocionales de aquellos jóvenes que fueron la clave de la Alianza Rebelde hace treinta y tantos años: la nueva fuerza de La Fuerza por fin logró conquistar nuestros corazones, y lo más seguro es que también la Galaxia.

https://www.youtube.com/watch?v=04d-MeYQlRc

Asesinato en el Expreso de Oriente: de nuevo, Poirot nuevo

Mi primera reacción no fue sorpresiva ni original, al enterarme que habría otro remake de Murder on the Orient Express (Asesinato en el Expreso de Oriente), la icónica novela de la Dame Agatha Christie. Pensé, como muchos, «¿Necesitamos otro?». Después recordé que tengo una política personal de no desaprobar obras artísticas por el solo hecho de seguir la corriente intolerante, y se me pasó.

Nunca me ha gustado unirme al clamor purista, sin embargo, en este caso no hay necesidad de ello. Poirot ha sido representado 15 veces en imagen (teatro, cine y televisión) y varias más en dramas radiofónicos. Es ampliamente reconocido que el Poirot de David Suchet ha sido el más preciso y más acorde a la visión original de Agatha Christie, y se llevó el corazón de todos nosotros.

Esta verdad consensuada no es suficiente para automáticamente descalificar una nueva entrega de la historia que, vale la pena decirlo, en la pluma de doña Agatha fue de brillante trama y ejecución, si bien nunca fue de mis favoritas. Para mí, una de las más representativas del órden y método en las que el afamado detective belga ha puesto en servicio sus famosas células grises, ha sido Death On The Nile (Muerte en el Nilo, también titulada en castellano Poirot en Egipto).

Pero Orient Express es una obra que se presta irresistiblemente a la escenificación. En este caso, el remake es instigado por 20th Century Fox respondiendo a vaya usted a saber qué decisiones ejecutivas, y cedido el mando al buen Kenneth Branagh, quien tampoco pudo resistirse a la interpretación del exquisito detective. No se trata de hacer odiosas comparaciones. Lo que sí puedo decir con seguridad es que la novela de Christie adquiere una nueva dimensión a quienes ya conocemos el desenlace del misterio. A quienes no lo conozcan, se les previene encarecidamente que no dejen que les comenten nada si quieren disfrutarlo, ya que sólo se necesita una palabra, por descuido o malevolencia, para arruinar la magnífica sorpresa que la ingeniosa escritora nos regaló. Lamentablemente, esta democratización del one-word spoiler se ha convertido en una verdadera plaga en el internet moderno.

¿Por qué digo que adquiere una nueva dimensión? El conocer la identidad de el/la asesino/a del señor Ratchett (interpretado por Johnny Depp en otro rol prácticamente honorario), permite enfocarse en otros aspectos del desarrollo del hilo narrativo y observar los comportamientos de cada sospechoso. Es un ejercicio fascinante, característica que funciona en varias obras de doña Agatha. La manera en que cada director maneja la presentación de las pistas y la sutileza de las mismas, es en mayor o menor medida la consecución del factor sorpresa y del valor de segunda contemplación de la película. Mi apreciación personal es que, en este caso, Branagh hizo hincapié en la fuerza interpretativa de él mismo y del resto del reparto, descuidando un poco los detalles que propulsan el poder cautivador del misterio principal. Nada sorprendente, considerando que estamos hablando de un actor irlandés egresado de la Academia Real (británica) de Arte Dramático y de educación básicamente shakespeariana. Entendible también por contar con un reparto de este calibre, que incluye a Depp, Judi Dench, Willem Dafoe, Michelle Pfeiffer, Penelope Cruz, Olivia Colman y la pisando-fuerte Daisy Ridley, entre otros.

Mis únicas quejas, si es que se me permiten (o me las permito), es que en cierto sentido se trató de sherlockholmizar a Poirot. Desconozco quién propició esto, si los escritores, a instancias del estudio o del mismo Branagh. Aún así, el misterio que Poirot resuelve a manera de preámbulo antes de embarcarse en el fatídico tren merecía un poco más del ingenio y la brillantez que caracterizaba al detective de las novelas. Poirot afirma, en justificado honor al personaje, que él es una persona que ve al mundo como debería ser, y por eso las imperfecciones de la realidad saltan a la vista como la nariz sobresale de un rostro. En otro momento, una secuencia de acción inusitada en que Poirot se envuelve nos hace pensar que tal vez hubo cierta presión para ser incluida, justo como hicieron con el Sherlock Holmes de Robert Downey Jr., intentando darle un aire de «hombre de acción» y tener cierto atractivo para las masas. Por suerte, aquí esta tendencia fue mitigada. Pero es justo comprender que la película, muy cerebral y basada especialmente en los procedimientos de investigación poirotiana, puede no ser adecuada para la mayoría de los gustos.

El bigote exagerado de este nuevo Poirot también me incomoda un poco, junto con su ausencia de calvicie. Tradicionalmente, Hercule Poirot es descrito como un hombrecillo con cabeza de huevo, un ridículo, pequeño, rígido y bien estilizado mostacho cuyas puntas sobresalen en cualquier situación. Levemente amanerado por la exquisitez de sus modales, el aspecto icónico del detective belga es traicionado por el duro y masculino look de Branagh. Detalle que tampoco debería importarnos demasiado, ya que los 20 años del Poirot de Suchet siguen estando ahí para ser disfrutados las veces que queramos.

Cualquier escenificación de las obras de Christie atraerá mi atención sin ningún reparo y la veré con la mejor actitud de complacencia, habiendo sido yo un ávido lector de sus historias desde muy joven. Quizá ni la novela ni esta versión cinematográfica sean de mis favoritas, pero siempre valdrá la pena su consumo.

Un video de Demi Moore de hace 35 años conmociona a los cazabrujas

Concretamente en 1982, Demi Moore fue grabada en una fiesta privada obsequiando a un chico que cumplía 15 años, su compañero de elenco, con un delicioso beso en la boca. Después de 35 años, en plena época de los Eternos Ofendidos, vuelve a cobrar fuerza y los medios y la gente se vuelven locos y gritan «pedofilia» y «abuso sexual».

A pesar de que el video apareció en 2012, recientemente lo recuperan para sumarse a la cacería de brujas que se genera, por supuesto, por los abusos sexuales (que sí son reales) de Harvey Weinstein y en la que por infortunio queda embarrado también el gran actor que ha sido Kevin Spacey.

Pero en el caso de Demi, el chico era su coestrella Philip Tanzini, de la serie General Hospital. A la sazón ella tenía casi 20 años y el chico estaba cumpliendo sus primeros tres lustros.

Creo que estamos viviendo una época de perversión inversa. La gente en las redes se vuelve loca por denunciar supuestos abusos. Que los hay, en efecto, pero este no es uno de ellos. Sería muy diferente si el chico tuviera ocho o nueve años. Pero a esa edad, estoy seguro que la mayoría de los hombres quisiéramos haber tenido esa oportunidad en la vida. Y para aquellos que argumentan que es «hipocresía», porque si fuese a la inversa todos reclamarían, déjenme decirles que tampoco. Jamás, en la vida real, en la realidad biológica de los seres humanos, ha sido antinatural un beso apasionado entre un chico de 20 y una chica de 15. Repelen lo que repelen.

Una cosa muy diferente es un hombre en situación de poder que obliga y/o somete a mujeres mucho menores que no consienten o que no son conscientes de sus actos. Estos son condicionantes importantes para, legalidades aparte, definir la cuestión moral del acercamiento sexual entre dos personas.

Que a Demi Moore le gusten más jóvenes que ella no es nada nuevo. Ni perverso. La cosa es que hay infinidad de mujeres que tienen esa tendencia, muy normal, biológicamente hablando. Quienes lo ven como repulsivo padecen más la enfermedad en su cabeza que las mismas perpetradoras.

Al momento, no creo que Philip Tanzini (actualmente de 50 años) tenga serios problemas psicológicos y se dedique a besar y violar ancianas. Como dicen los millenials… «supérenlo». Aunque ellos mismos no puedan superarlo.

Este tema es muy importante para mí, debido a mi recurrente e ingenua tendencia a denunciar los comportamientos exagerados, retrógrados y puritanos de la sociedad actual. No abogo por la perversión desmedida ni por la promiscuidad insensata, sino por un justo equilibrio en la visión de la moral y sexualidad humana. Esto está fielmente reflejado, en modo satírico, en mi novela El Pecado del Mundo, cuya antagonista principal es una señora obsesionada por combatir la lujuria y la perversión de la sociedad. Échenle un vistazo.

¿La realidad es real? ¿O vivimos en una compleja simulación?

Maravilloso video de Kurzgesagt – In a Nutshell. ¿Vivimos dentro de una compleja simulación creada por una raza tecnológicamente mucho más avanzada que la nuestra? ¿Nuestro universo, nuestra realidad, está contenido todo dentro de esa simulación?

Puede sonar un poco a Matrix, pero lo cierto es que esta teoría supera enormemente la idea de la clásica saga de The Wachowskis.

Favor de activar los subtítulos en español de YouTube.

Designated Survivor (Sobreviviente designado) en Netflix

Ya en su segunda temporada, Netflix presenta esta singular serie política, Designated Survivor, protagonizada por Kiefer Sutherland.

https://www.youtube.com/watch?v=N_f1v0Nx5Sw

La trama es directa y contundente: un poco ambicioso Secretario de Desarrollo Urbano es tomado por sorpresa por el destino cuando un ataque al Capitolio termina con la vida del presidente de Estados Unidos y todo el congreso. Como resultado, Tom Kirkman, el «sobreviviente designado», se convierte en el nuevo presidente y debe luchar contra las adversidades por tratarse de un Comandante en Jefe no elegido.

En el reparto está incluído Kal Penn, el actor que dio vida a uno de los doctores del equipo de House M.D. y pocos saben que en la vida real participó en la administración de Barack Obama como Director Asociado en la Oficina de Asuntos Públicos.

Muy recomendable.