Ready Player One y los críticos del futuro

Aún no se estrena Ready Player One y ya hay quienes declaran que «será una basura». Ni siquiera dicen «tal vez sea…», sino que ya lo decretan, como críticos del futuro.

Afirmar de entrada que será una basura, es exactamente la razón por la que se percibe como basura. Un claro ejemplo de prejuicio. Ready Player One está concebida de origen como novela para ser llevada al cine, y es obligatorio que esté repleta de efectos digitales. Existe una consigna actual para desacreditar todo lo de Hollywood que tenga mucha efectología, sin embargo no sería posible comparar Transformers con Independence Day, la primera creada especialmente para deleitar a los fans de esos robots y la segunda un clásico de su época. Ambas cumplen su función, como estoy seguro que RPO la cumple, a juzgar por los que varios críticos (serios, profesionales) han señalado hasta el momento. Descalificarla a priori es una pose que conlleva al mismo resultado.

He encontrado este comportamiento no inusual. El exceso de efectos visuales ha sido condenado como una maldición en la actual propuesta hollywoodense y creo que es una exageración. Pero la explicación densa es compleja para tratarla en un sencillo post. Sencillo es el mensaje: no es el exceso de efectos visuales, es el exceso de crítica nos impide disfrutar buenas producciones, y el prejuicio juega en contra si se llega con predisposición a ver una película como Ready Player One. Que es, ni más ni menos, un homenaje en varios niveles a la cultura ochentera, fraguado mucho antes que Stranger Things y la fracasada Pixels. Mi recomendación optimista es, antes del estreno para el resto de los mortales, es que se relajen, no esperen una profundidad filosófica en el tratamiento del guión. Esperen una aventura excitante, bien diseñada y garantizada por la mano experta de Spielberg, quien no pudo haber sido mejor elección: un ícono de la época que extiende su influencia hasta estos tiempos.

Star Wars: The Last Jedi, la nueva fuerza de La Fuerza

Decir que Star Wars: The Last Jedi (El Último o Los Últimos Jedi), el octavo episodio en la ya trascendental franquicia cinematográfica es mil veces mejor que su predecesora, Star Wars: The Force Awakens, es ser bastante injusto con ésta última y deteriorar su mérito de haber sentado las bases, las nuevas situaciones y los personajes para continuar la épica saga.

En lugar de eso, como odio las comparaciones denostativas, me limitaré a afirmar que The Force Awakens es una película muy bien lograda y que supo honrar la causa, pero The Last Jedi es, indudablemente, encantadora.

A pesar de ciertas fallas en el ritmo y secuencias que se sienten innecesariamente largas, esta nueva entrega es capaz de mantenernos interesados durante dos horas y media sin perder el mínimo de interés. En algún momento entre los últimos dos años llegué a pensar que era necesario traer de regreso a George Lucas y obligarle a sintonizarse con su espíritu creativo en versión joven para lograr recapturar la esencia de los primeros episodios (4, 5 y un poco del 6), la cual perdió en su brillante idea de presentar al mundo toda una pre-trilogía que fue basada mayormente en situaciones galactico-políticas y muy poco en las aventuras heroicas a las que dejó acostumbrada a su leal legión de fans.

Ahora ya no lo pienso. Es notable ver que, mientras J. J. Abrams jugó a la segura en el episodio anterior (tal vez presionado por los jefes Disney, pero también compartiría la responsabilidad con el mismo Kasdan y Amdt, co-escritores), Rian Johnson se las arregló para desarrollar un guión con un balance más cohesivo entre los arcos de religión, lealtad, heroismo y aventura. Igual, tal vez el mérito no es totalmente suyo, pero de cualquier forma, no quiero poner ambas películas en un deathmatch para ver cuál es mejor. Según la crítica, esta gana por mucho.

Sin embargo, TFA hizo algo que era absolutamente necesario: encarrilar una antigua historia a un público ávido de más Star Wars que habría querido presenciar todo lo que ocurrió con Luke, Leia y Han durante más de treinta años de no saber absolutamente nada de los amados personajes. Esa es la razón por la cual, hace dos años, nos emocionamos con la triunfal entrada de Han Solo y Chewbacca en su imparable Millenium Falcon, nos sentimos complacidos de ver a Leia convertida en general de la nueva resistencia y encontrar, finalmente, al ahora legendario (literalmente hablando) Luke Skywalker, auto-exiliado en una isla en los confines de La Galaxia ya de por sí tan lejana. Por lo tanto, para mi generoso punto de vista, el episodio VII tiene todos mis respetos.

Dicho esto y dejándolo bien establecido, continúo con el episodio actual. En The Last Jedi, Rey, Finn y Poe, los nuevos héroes principales, ahora se nos hacen más familiares y van cobrando nueva fuerza (y Fuerza), mientras los venerables antiguos personajes les van abriendo el camino, dejándoselos muy bien pavimentado. Suena un poco ridícula a estas alturas la opinión de Lucas de que ya no podían seguir contándose más historias de Star Wars. Lo que no podría haber logrado era continuar contando la misma historia con sabor a space soap opera (o «telenovela del espacio»). En efecto, lo que más deseaban los fans no habría sido un acierto si, como en la historia de las largas telenovelas, no se hubiesen introducido nuevos elementos, ya que los viejos conocidos se desgastan con el tiempo. Lo único que tal vez lamentamos es el no haber presenciado una nueva y última cooperación entre Luke y Han, todo gracias al enfant terrible y parricida de Kylo Ren.

Los más conocedores de la saga encontrarán, indudablemente, muchos paralelismos con el pasado. La cinta está repleta de guiños. En algún momento, y tal vez contaminado por el incesante criticismo de los eternos conocedores de cine, llegué a pensar que tanta similitud y situaciones análogas, puestas con toda intención, eran una mala señal, una jugada ambiciosa por parte de los ejecutivos de Disney que gritaban «escribe situaciones que los fans reconozcan, con eso ganamos». Ahora, mirando en retrospectiva, puedo ver que en realidad es un acierto: jamás les habrían perdonado que hicieran lo mismo que Star Trek Discovery: luce como Star Trek, pero no sabe a Star Trek. Y quién más que yo para decirlo, que si me obligasen a decidir llevarme una de ambas sagas a la proverbial «Isla Desierta», elegiría sin duda todas las series y películas de Star Trek.

También viene incluído el obligatorio paquete de alienígenas humanoides y criaturas sorprendentes, entre ellas los adorables y amistosos (con la mercadotenia) porgs, unos ordeñables animales marinos y unos bellos e inquietantes zorros cristalinos que son una delicia visual. Así como hermosos lugares, entre ellos un sofisticado casino para gente de élite que es mañosamente anunciado como el sitio donde confluye lo más bajo y deleznable de la escoria de la galaxia.

La película tiene preciosos momentos introspectivos, así como dinámicas secuencias de batallas espaciales (tal vez más claras que la trilogía 1-2-3) y brillantes tácticas de guerra. Luke Skywalker como un viejo quejumbroso e inseguro toca la nota correcta y la justificación es apropiada (no quería decirlo pero aparece un viejo -literal- conocido), así como lo fue el desempeño de Han Solo en la entrega anterior, como el incansable mercenario espacial. C3PO mantiene su adorabilidad como androide protocolario y tal vez R2-D2 está desaprovechado, siendo comprensible, con tal de permitir la transferencia de cariño de los fans hacia el no menos simpático BB8. También veo un poco más confortable el personaje de Kylo Ren, a mi juicio, el único que le costó trabajo embonar, ahora tal vez porque ya tuvo que darse cuenta de la ridiculez de usar un casco-máscara que no tenía ni remotamente el poder icónico del que poseía su abuelo.

Y tenemos sobre el final un sorprendente giro, el cual me veo impedido a revelar para no arruinar la sorpresa. Solo puedo decir que en verdad la resolución de este capítulo limpia el estigma y libera de cualquier indecisión que se tuviera sobre la validez de continuar con la milenaria historia. Por fin, puede decirse que, como todo en la vida, Star Wars ha pasado a una nueva etapa y para el episodio IX (del que estamos seguros que tampoco será el final-final) ya no serán necesarios los servicios emocionales de aquellos jóvenes que fueron la clave de la Alianza Rebelde hace treinta y tantos años: la nueva fuerza de La Fuerza por fin logró conquistar nuestros corazones, y lo más seguro es que también la Galaxia.

https://www.youtube.com/watch?v=04d-MeYQlRc

Asesinato en el Expreso de Oriente: de nuevo, Poirot nuevo

Mi primera reacción no fue sorpresiva ni original, al enterarme que habría otro remake de Murder on the Orient Express (Asesinato en el Expreso de Oriente), la icónica novela de la Dame Agatha Christie. Pensé, como muchos, «¿Necesitamos otro?». Después recordé que tengo una política personal de no desaprobar obras artísticas por el solo hecho de seguir la corriente intolerante, y se me pasó.

Nunca me ha gustado unirme al clamor purista, sin embargo, en este caso no hay necesidad de ello. Poirot ha sido representado 15 veces en imagen (teatro, cine y televisión) y varias más en dramas radiofónicos. Es ampliamente reconocido que el Poirot de David Suchet ha sido el más preciso y más acorde a la visión original de Agatha Christie, y se llevó el corazón de todos nosotros.

Esta verdad consensuada no es suficiente para automáticamente descalificar una nueva entrega de la historia que, vale la pena decirlo, en la pluma de doña Agatha fue de brillante trama y ejecución, si bien nunca fue de mis favoritas. Para mí, una de las más representativas del órden y método en las que el afamado detective belga ha puesto en servicio sus famosas células grises, ha sido Death On The Nile (Muerte en el Nilo, también titulada en castellano Poirot en Egipto).

Pero Orient Express es una obra que se presta irresistiblemente a la escenificación. En este caso, el remake es instigado por 20th Century Fox respondiendo a vaya usted a saber qué decisiones ejecutivas, y cedido el mando al buen Kenneth Branagh, quien tampoco pudo resistirse a la interpretación del exquisito detective. No se trata de hacer odiosas comparaciones. Lo que sí puedo decir con seguridad es que la novela de Christie adquiere una nueva dimensión a quienes ya conocemos el desenlace del misterio. A quienes no lo conozcan, se les previene encarecidamente que no dejen que les comenten nada si quieren disfrutarlo, ya que sólo se necesita una palabra, por descuido o malevolencia, para arruinar la magnífica sorpresa que la ingeniosa escritora nos regaló. Lamentablemente, esta democratización del one-word spoiler se ha convertido en una verdadera plaga en el internet moderno.

¿Por qué digo que adquiere una nueva dimensión? El conocer la identidad de el/la asesino/a del señor Ratchett (interpretado por Johnny Depp en otro rol prácticamente honorario), permite enfocarse en otros aspectos del desarrollo del hilo narrativo y observar los comportamientos de cada sospechoso. Es un ejercicio fascinante, característica que funciona en varias obras de doña Agatha. La manera en que cada director maneja la presentación de las pistas y la sutileza de las mismas, es en mayor o menor medida la consecución del factor sorpresa y del valor de segunda contemplación de la película. Mi apreciación personal es que, en este caso, Branagh hizo hincapié en la fuerza interpretativa de él mismo y del resto del reparto, descuidando un poco los detalles que propulsan el poder cautivador del misterio principal. Nada sorprendente, considerando que estamos hablando de un actor irlandés egresado de la Academia Real (británica) de Arte Dramático y de educación básicamente shakespeariana. Entendible también por contar con un reparto de este calibre, que incluye a Depp, Judi Dench, Willem Dafoe, Michelle Pfeiffer, Penelope Cruz, Olivia Colman y la pisando-fuerte Daisy Ridley, entre otros.

Mis únicas quejas, si es que se me permiten (o me las permito), es que en cierto sentido se trató de sherlockholmizar a Poirot. Desconozco quién propició esto, si los escritores, a instancias del estudio o del mismo Branagh. Aún así, el misterio que Poirot resuelve a manera de preámbulo antes de embarcarse en el fatídico tren merecía un poco más del ingenio y la brillantez que caracterizaba al detective de las novelas. Poirot afirma, en justificado honor al personaje, que él es una persona que ve al mundo como debería ser, y por eso las imperfecciones de la realidad saltan a la vista como la nariz sobresale de un rostro. En otro momento, una secuencia de acción inusitada en que Poirot se envuelve nos hace pensar que tal vez hubo cierta presión para ser incluida, justo como hicieron con el Sherlock Holmes de Robert Downey Jr., intentando darle un aire de «hombre de acción» y tener cierto atractivo para las masas. Por suerte, aquí esta tendencia fue mitigada. Pero es justo comprender que la película, muy cerebral y basada especialmente en los procedimientos de investigación poirotiana, puede no ser adecuada para la mayoría de los gustos.

El bigote exagerado de este nuevo Poirot también me incomoda un poco, junto con su ausencia de calvicie. Tradicionalmente, Hercule Poirot es descrito como un hombrecillo con cabeza de huevo, un ridículo, pequeño, rígido y bien estilizado mostacho cuyas puntas sobresalen en cualquier situación. Levemente amanerado por la exquisitez de sus modales, el aspecto icónico del detective belga es traicionado por el duro y masculino look de Branagh. Detalle que tampoco debería importarnos demasiado, ya que los 20 años del Poirot de Suchet siguen estando ahí para ser disfrutados las veces que queramos.

Cualquier escenificación de las obras de Christie atraerá mi atención sin ningún reparo y la veré con la mejor actitud de complacencia, habiendo sido yo un ávido lector de sus historias desde muy joven. Quizá ni la novela ni esta versión cinematográfica sean de mis favoritas, pero siempre valdrá la pena su consumo.

Blade Runner 2049: una fiesta sci-fi con after hour

A pesar de que soy fiel admirador de la obra literaria de Philip K. Dick, debo decir que la novela Do Androids Dream of Electric Sheep? (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, 1968) nunca fue de mis favoritas, en especial porque no soy tan aficionado al tema de la probable consciencia de las inteligencias artificiales como lo soy de la naturaleza y percepción de la realidad, asunto que el escritor también abordó en varias ocasiones.

Tampoco fui muy afecto de la libre adaptación cinematográfica de Ridley Scott, Blade Runner (1982). ¿Razón? Aparte de la que mencioné arriba, me pareció un poco lenta, aún siendo casi 50 minutos más corta que la secuela actual y su trama bastante directa y digerible. Y no me malinterpreten, ya que de todas formas la considero una gran película.

Blade Runner 2049, con duración de casi 2 horas y 45 minutos, es el nuevo hito cinematográfico de Denis Villeneuve, quien desde Arrival (2016) se ha convertido en el nuevo director consentido de la ciencia-ficción «seria». La crítica se deshizo en halagos por una secuela que supera con creces la obra de culto de Scott, y no seré yo quien toque la nota discordante. Sin embargo, esta es una de esas ocasiones en que me encanta responder a la pregunta «¿Te gustó?» con la paradójica respuesta: «Sí, sí me gustó, me parece una tremenda película y un clásico instantáneo dentro del género, pero no soportaría una segunda vista y creo que jamás la vería de nuevo». Villeneuve es como el Martin Scorsese de la CF: tuve exactamente la misma reacción con Silence (2016): la historia me mantuvo en vilo, y me pareció muy bien llevada en sus largos 160 minutos, aunque es de esos placeres para disfrutarse una sola vez en la vida.

Nunca he aceptado (aunque sí entendido) el llamado «cine de arte» por una razón muy personal: prefiero mil veces una narración fluída y amena que un guión lento que se desarrolla en medio de una ostentosa presunción visual y se toma un tiempo excesivo con el fin de ofrecer «éxtasis conceptual». Esas obras que los hipsters y cinéfilos villameloneros adoran. La misma razón por la que una de mis películas favoritas de todos los tiempos, 2001 A Space Odissey (1968), no la he visto más de tres veces en toda mi vida, hecho que de ninguna manera significa que no aprecie su gran valía y tremendo impacto en el séptimo arte.

Blade Runner 2049 es innecesariamente larga desde el punto de vista de la narrativa, lo que la hace una fiesta con after hour para los fans de la cinta de 1982 y veteranos de la hardcore sci-fi, además de una sólida candidata a los diversos premios por su ritmo y cadencia. Pero es un pésimo producto para el espectador casual, a quien precisamente le es imposible salir totalmente feliz del evento. Esto me lleva a reconsiderar la romántica idea de que, en este tipo de obras, los productores deberían liberar dos versiones explícitas para el público: La versión larga, para geeks y la versión corta, para neófitos. Y de antemano sé que ni a los estudios ni a las grandes cadenas de multiplexes les conviene.

La misma historia podría haberse contado en 120 minutos, si se hubiesen evitado (o moderado) las largas escenas reflexivas, los paseos relajantes de la cámara por el mundo decadente de mitad de siglo, los interminables diálogos (y en ocasiones monólogos) de los personajes que tratan de trasmitir sus nada descabelladas filosofía e ideología. Y aún así, estos excesos constituyen la característica que la coloca como una obra de arte en su categoría subestimada. Es el tipo de trabajos que permite que la gente voltee a ver el malogrado género de la CF con la misma apreciación que a los clásicos del cine y la literatura. Eliminar estos detalles abrumadores y agregar más acción con humor le acercaría peligrosamente, a la vista de la crítica especializada y la visión del público pretencioso, en mero objeto de liviandad comercial.

En el otro lado de la moneda: la satisfactoria actuación de Ryan Gosling, cuyo acierto reside en un rostro sin emociones pero que sugiere perpetua melancolía y tristeza, es balanceada con la carismática presencia del veterano Harrison Ford como Rick Deckard. Su aparición en los trailers nos permite también que mencionarlo sin que se trate de un spoiler, pero sí es importante descubrir por nosotros mismos qué papel juega en la trama, para mantener viva la expectación. Siempre es agradable la participación del viejo y buenazo Ford.

En resumen, Blade Runner 2049 puede considerarse un inteligente y cuidado producto artesanal que no es para todos los gustos, ni para todas las ocasiones. Vale la pena verla, aunque sea una sola vez.

Mother!: todos debemos amarla

Mirándola en su nivel más superficial, estuve a punto de etiquetar Mother! la más reciente extravagancia de Darren Aronofski, como una «comedia de horror». Yo mismo no podía aguantar la risa en alto volumen y me sentí apoyado por varios compañeros del público, seguro que lo que estaba viendo era una farsa, una crítica sociológica que utilizaba la comedia como excusa para un terror sofisticado.

Hasta que dejé de reírme.

Afortunadamente, no me documenté previamente sobre la película y pude formar mi propio criterio desde una hoja en blanco. Cuando terminó el primer acto, las cosas comenzaron a ponerse más extrañas y entonces es cuando hube de comenzar a usar el cerebro, en un esfuerzo inusual para un aparente thriller/suspense. Requerimiento que pone a esta cinta como una de las obras cinematográficas a la altura de clásicos enigmáticos como «Possession» (1981) de Andrzej Zulawski o «Mulholland Dr.» (2001) de David Lynch.

Mother! (estilizada como «mother!») es una película que, al mismo tiempo que muestra resistencia a la clasificación, su apreciación queda en riesgo cuando se comenta y analiza a profundidad antes de ser disfrutada. Cualquier detalle es una revelación potencial que arruinaría la sorpresa, por lo cual pediré a quienes no la han visto y quieran apreciarla en toda su extensión, que dejen de leer esta reseña después del aviso de spoilers.

Antes de entrar a ese nivel, es obligatorio mencionar que la película ha dividido tanto a críticos como a audiencias en dos bandos: los que la odiaron profundamente y los que la amamos sin reservas. Es obvio que yo me cuento entre estos últimos, tanto por el estilo narrativo que utiliza Aronofski como por la curiosa construcción y emplazamiento de las secuencias.

Ahora sí, favor de no leer de aquí en adelante, si no la han visto.

SPOILERS

Si bien la película está contada en metáforas y éstas no están construídas en absoluta perfección, el trabajo para diseñar las analogías es digno de ser tomado en cuenta. Aronofsky ha emparejado cada actor-personaje principal con un objeto místico/metafísico de la mitología católica: Jennifer Lawrence («mother», en los créditos) representa a la Madre Naturaleza. La casa que ella misma va remodelando y mejorando representa a la Tierra. El personaje de Javier Bardem, en los créditos como Him (Él, el único con inicial en mayúscula) es, obviamente, el Creador. Ed Harris (man) y Michelle Pfeiffer (woman) son la contrapartida de Adán y Eva, quienes llegan por primera vez a visitar el paraíso y rompen el preciado objeto de Él, analogizando el episodio del Fruto Prohibido. Sus hijos (oldest son y younger son) son Caín y Abel. La muerte de Abel por Caín propicia un velorio que termina en ruptura e inundación (aquí las metáforas son comprimidas por conveniencia). «Madre» queda preñada y da a luz a un hijo que sin duda es el paralelismo de Jesucristo, hijo que la humanidad termina asesinando en un frenesí de fanatismo. El haber necesitado utilizar a un personaje adicional para emular a la Virgen María habría requerido más complejidad y el resultado habría sido aún menos comercial. Finalmente, la Madre Naturaleza se inmola para limpiar toda la basura de su casa y, de sus restos, aún viviendo, Él extrae de su interior, un nuevo objeto (su corazón), reiniciando así el ciclo de la Creación con una nueva Madre. Ingenioso.

No importa si no la amas. Pero, metafóricamente también, todos deberíamos amarla. Es entendible que no a todos los públicos les haya agradado Mother! La vertiginosa acción del segundo acto, más que divertir, produce vértigo en los espectadores sensibles. Es una historia difícil de digerir y de disfrutar, realmente una audacia de Aronofsky (quien junto con David Lynch, Lars Von Trier y David Cronenberg nunca hemos entendido quién sigue finánciandolos) y supongo que no esperaba que fuese un éxito taquillero, aún incluyendo a su esposa como protagonista. Este resultado habría sido sólo un plus. La crítica tampoco trató bien a Mother! en su totalidad. Sin embargo, a mí me parece una obra para ser considerada entre las supremas y magníficas de todos los tiempos: no cualquier película nos ofrece un puzzle tan cuidado y al mismo tiempo un desarrollo tan lleno de suspenso y acción insana que te mantiene en vilo desde el inicio hasta el extraño y perturbador final, cuya sugerencia es más escalofriante de lo que parece, si se razona adecuadamente.

It (Eso): una fiesta del horror

It, título adaptado al español tradicionalmente como Eso (gramaticalmente incorrecto (ya que debería ser «Ello» (artículo neutro) y se ha consensuado como «Eso») pero comercialmente conveniente), es una película que muy bien podría considerarse un clásico de horror moderno. La largamente esperada adaptación cinematográfica llega precedida por un gran apoyo viral de avistamientos urbanos de payasos que han incrementado la «coulrofobia» popular, la cual inconscientemente fue asociándose al estreno que se acercaba. Recuerdo innumerables posts en las redes sociales, por lo menos desde mayo del 2016, de gente que reportaba payasos amenazadores en las calles, sin estar conscientes que se trataba de una ingeniosa y relativamente barata campaña de Warner Brothers y New Line Cinema. Nada más económico que distribuir dinero internacionalmente y dispersarlo sobre los potenciales mercados. El resultado en taquilla debe haberlo recuperado de sobra.

En repetidas ocasiones he sostenido a título personal que el horror en el cine ya no me afecta, ni me mueve ni me incomoda. Pero ese es mi problema. Eso no significa que IT no sea una película «horrorizante». A pesar de mantener -y justificadamente- algunos recursos clichéscos del cine de terror convencional, la atmósfera que emana, las estratégicas apariciones de Pennywise en la medida correcta (aún rompiendo la cátedra spielbergiana), y las ilusiones (¿ilusiones?) proyectadas en la mente de los chicos para mantenerlos aterrorizados hacen de este un espectáculo insoportable para los susceptibles, mientras que emocionante y divertido para las audiencias más maduras.

No se puede seguir sosteniendo, como lo pretendieron los típicos puristas (que eran de esperarse en esta ocasión), que la versión original fuese insuperable, o por lo menos la memorable actuación de Tim Curry. Bill Skarsgård brinda una excelente interpretación de Pennywise, y esta vez el terror del personaje viene mejorado con ciertos efectos digitales necesarios para este tipo de historias. Las múltiples mandíbulas emergentes de la criatura, en reminiscencia del rey xenomorfo, otorgan la dimensión exacta para proyectar el mal de un ser de este calibre. Como Eso.

Pennywise no solamente es payaso -usado como adjetivo-: esta vez es más cruel, más despiadado e innegablemente feroz. A pesar de que es presentado sin tapujos desde la primera secuencia, y correcta pero abundantemente dosificada a lo largo de la historia, sumando las innumerables escenas en las que le han permitido salir a la luz antes de su proyección oficial, el rey de los payasos diabólicos no pierde fuerza a la hora de ver la película: hay que verlo en acción. Aún tengo la duda si Stephen King inició la idea de alimentarse del miedo de las víctimas, pero eso es solamente la punta del iceberg del verdadero origen en la mitología de Pennywise, de qué clase de creatura del mal se trata, quienes son sus enemigos naturales y de donde provienen. Datos interesantes mayormente para la comunidad geek y que si se hubiese profundizado en ellos, la película habría perdido su atractivo popular. La novela, de alrededor de 1000 páginas, contiene más profundidad en los personajes -como es de esperarse en tal extensión-, más subtramas, y un vistazo al origen no solo del enemigo, sino de todo el Macroverso, el plano existencial donde este engendro del mal puede ser vencido.

Nunca he sido fan de la historia de It aunque debo reconocer la penetración del concepto en la imaginería urbana, sin tomar en cuenta que la «coulrofobia» ha sido identificada desde mucho antes de la novela y la miniserie. It tiene muchas similitudes con Freddy Krueger, con recursos similares para crear y enfrentar temores en niños y jóvenes, cuya mitología fue creada dos años antes de la aparición del libro original de King y la miniserie televisiva. La única diferencia es que Krueger utiliza el territorio de los sueños, que es como un enorme escenario donde posee total libertad creativa para construir sus pesadillas. Algo, si me preguntan, mucho más coherente que la constante transición de Pennywise de la realidad al Macroverso: como que a veces puede, y a veces no puede. Pero en fin, es perfectamente justificable como metáfora conceptual para el origen y la proyección de los temores infantiles y juveniles.

Esta nueva entrega, hecha con la mejor técnica tanto cinematográfica como estilística, por fin hace justicia al material original de King después de tantos años que reinó la miniserie de 1990. Seas o no aficionado del terror, It impacta de manera positiva, y junto con su gran hype se ha consolidado como una verdadera fiesta del horror. Demuestra una vez más que Hollywood es capaz de hacer buenas producciones sin desviar descaradamente el material original, si los estudios lo permiten, a lo que solamente cuando ya es mercancía probada. A pesar de contener mucho gore -el necesario-, situaciones de abuso sexual infantil, mucho bullying y escenas políticamente incorrectas e inapropiadas para algunos gustos -menores de edad de ambos sexos en ropa interior sugestiva, y eso que no han leído la novela-, se las arregla para mantener el buen gusto y logra que el público salga con un buen sabor de boca, a pesar de ser una película para paladares heroicos.

Dave Made a Maze (2017)

Es fácil decir que Dave Made a Maze pudiera muy bien haber sido un guión de Charlie Kauffman (Eternal Sunshine of a Spotless Mind, Being John Malkovich, Synecdoche, New York) en sus años de adolescencia. Igual que otras películas que bordan el surrealismo realista, alegórico, con simbolismos y alusiones a las complejidades de la vida moderna, el director y co-guionista Bill Waterston nos presenta una situación imposible, aún si pretendiera examinarse bajo los estándares de la ciencia ficción convencional. Una situación absurda ocurre, y los protagonistas la aceptan tácitamente y se dejan llevar por el flujo de la misma en lugar de cuestionarla: esta es la diferencia que identifica al surrealismo.

Dave, un artista frustrado por el síndrome de no-concluir-nada-de-lo-que-se-propone, decide un día terminar con este esquema y ocupa todo un fin de semana para construir, en la sala del departamento que comparte con su novia, un laberinto hecho de cartón que viene siendo un eco lejano de la legendaria TARDIS de Doctor Who. «Es más grande por dentro», anuncia Dave desde el interior del complejo a su sorprendida compañera, quien llega a casa después de estar ausente todo el fin. Le pide por favor que no entre, ni lo destruya, y que llame a su mejor amigo para ayudarle a salir del problema.

Así comienzan a llegar a conocer la hazaña de Dave varios personajes quienes, con sorpresa menos intensa de lo que se esperaría, comienzan a explorar el laberinto. Resulta que el lugar es enorme, ha desarrollado vida propia y está lleno de trampas y peligros mortales -literalmente- pues incluso el mismo Dave no puede encontrar la salida.

Soy honesto al decir que yo deseaba que esta película fuese una obra destacada del surrealismo actual. Yo quería fervientemente que se convirtiera en mi favorita de este oscuro subgénero, y algo me impidió verla así. Casi toda la acción transcurre dentro de un enorme complejo hecho principalmente de cartón y otros accesorios caseros. Pero me quedé sólo emocionado con la pura premisa. El desarrollo de la trama me pareció poco emocionante, pues los guionistas en realidad parecen haberse perdido en el laberinto de su propio mensaje. Tal vez se deba a las deficientes actuaciones y a un enfoque pobre de la consecución del objetivo final.

Sin embargo, puedo decir que la película es admirable por su entusiasmo su complicado y al mismo tiempo simplista diseño de producción y sus altamente imaginativas situaciones, a pesar de que no terminen de cuajar en su totalidad. No podemos descalificar un gran esfuerzo creativo únicamente por la inexperiencia de los escritores.

No puedo refrenarme de citar al crítico Scott Wold, de Paste Magazine, con este extracto que resume a la perfección lo que sentí al terminar de verla:

«Una de las más frustrantes experiencias en la apreciación del arte es el llegar a la confusa intersección de admirar el trabajo de un artista y al mismo tiempo no particularmente apreciarlo. Deja a los intencionados evaluadores en la más incómoda de las posiciones: a la deriva en el río de medir el valor de una pieza. ¿Es su culpa que no puedan conectar con esta, a pesar de reconocer las meritorias cualidades del trabajo? ¿O sus instintos son correctos, y los méritos del arte son tales que son meramente impresionantes en relación a sus atributos menos halagadores? Dave Made a Maze, la fieramente creativa pero infinitamente frustrante obra de Bill Watterson nos deja precisamente en esta incómoda posición.»

Que es exactamente la impresión que me queda, por ejemplo, al ver una obra de Picasso o Van Gogh.

Aún así, puedo recomendar Dave Made a Maze, no por lo cuestionable del desarrollo de su trama, sino porque es una idea genial y su hechura extremadamente laboriosa, lo cual merece un reconocimiento y ser apreciada por este esfuerzo. Tal vez habría crecido mejor en manos más capaces.

Trailer: It – de Stephen King

«It» (erróneamente llamada «Eso» en español) del prolífico autor Stephen King, es probablemente una de las historias de terror más famosas de la cultura popular, aunque pocos realmente conocen su verdadero significado.

La mayoría piensa que It solamente trata de un payaso diabólico (llamado Pennywise, no «Eso») que aterroriza niños, mientras los temas subyacentes de la novela original -los cuales espero se manifiesten en esta versión- son mucho más profundos y simbólicos de lo que comúnmente se piensa. Pero una vez que se estrene, hablaremos de ello.

La película será estrenada en México el 14 de Septiembre de este año, por lo cual ya mucha gente prepara su «coulrofobia villamelonera». Esperamos que esta película sí le haga justicia a su origen literario, y borre de una vez por todas la fallida versión televisiva de la cual tal vez lo único rescatable fue la interpretación de Tim Curry y el impacto cultural que dejó.

Trailer: Doctor Who Christmas Special 2017

El próximo especial de Navidad de Doctor Who será especial por cinco razones:

  1. Peter Capaldi dejará la serie, y pasará la batuta a…
  2. Jodie Whitakker, quien será la primera mujer Doctor, y
  3. Steven Moffatt dejará el puesto de showrunner y pasará la batuta a…
  4. Chris Chibnall, de quien esperamos mantenga en alto este extraordinario show, y además
  5. ¡veremos al Doctor N°12 y al Primer Doctor trabajar en equipo!