War for the Planet of the Apes (La Guerra del Planeta de los Simios) es la manera brillante de cerrar una trilogía brillante de un brillante remake en el cine moderno.
Cuando todos dan por sentado que los remakes apestan y que todo tiempo pasado fue mejor, la nueva trilogía del Planeta de los Simios demuestra que Hollywood no hace mejores películas porque no le interesa y generalmente apuesta por lo fácilmente vendible. Por fortuna (y desfortuna para tantas historias mal rescatadas) a los adorables monos les tocó las de ganar. Tres películas hechas con sensibilidad artística, sólida narrativa y adecuadas dosis de acción para los gustos más inquietos, aunque debemos siempre reconocer que, por muy intelectuales que pretendamos ser, la acción bien dosificada es un elemento imprescindible en el quehacer cinematográfico.
No podemos decir que es un remake en el extenso sentido de la palabra – ya que no se «rehicieron» las mismas historias; tampoco un reboot pues no fue «reiniciada» la narrativa original, como en el incomprensible fracaso de la versión de Tim Burton. La presente trilogía funciona más bien como una precuela si ignoramos el hecho de que en la línea de tiempo de las películas sesenteras/setenteras se jugó con la línea temporal para explicar con una brillante -entonces brillante, ingenua ahora- paradoja temporal el propio inicio de todo el desaguisado simiesco. La propuesta moderna tiene mucho más sentido.
Lo que fue en principio una novela divertida, desenfadada y casi humorística del francés Pierre Boulle (publicada en 1963) terminó convirtiéndose en una de las más famosas franquicias con la adaptación al cine, protagonizada por Charlton Heston y dirigida por Franklin Schaffner en 1968, la cual produjo una de las escenas finales más icónicas del cine pre-moderno. A partir de ahí se generaron varias secuelas, una serie de televisión y dos remakes más, de los cuales el último es al que pertenece la trilogía actual.
Tal vez la robustez de esta nueva saga reside principalmente en el imponente carácter del protagonista César (interpretado por el sobrevalorado Andy Serkis), un chimpancé evolucionado que se abre camino desde el desarrollo artificial de su inteligencia a manos del científico Will Rodman (James Franco) hasta el liderazgo definitivo de una nueva raza de simios pensantes que se las arregla para sobrevivir en un mundo cedido por humanos paulatinamente diezmados por el virus mutante que impulsó a los simios en primer lugar. Esta última entrega contiene algunas alusiones bíblicas que tal vez molestarán a algunos, y por lo menos una presentación directa a quien posteriormente se convertirá en un elemento significativo en las cintas originales: Nova. Otra referencia muy clara es la interpretación de Woody Harrelson, en ingenioso e intencional homenaje al icónico Coronel Kurtz, el personaje de Marlon Brando en Apocalypse Now. Los guionistas sabían lo que hacían.

Otro de los grandes valores del cine moderno de acción bien realizado también consiste en la magia de los efectos especiales. El cine actual ya es bastante maduro como para utilizar los sofisticados efectos especiales no para asombrar, sino para utilizar el realismo como apoyo a historias bien escritas, las nuevas sagas épicas. No sabemos qué nos depara el futuro de la tecnología cinematográfica, pero creo que es bastante sano rehacer y volver a rehacer las historias que han echado raíces en la conciencia popular. Esto tal vez entre en conflicto con la creencia postmoderna formulada como pregunta: «Para qué rehacer un clásico?». Yo sostengo que, en las mejores manos, cualquier obra cinematográfica muy querida es susceptible de rehacerse con mejores recursos y con mejores resultados, como prueba de ellos es la infravalorada Total Recall (2012), de Len Wiseman, la cual hizo mejor justicia a la historia original de Philip K. Dick.
En muchas ocasiones existen historias a las que nunca se les da la importancia suficiente y permanecen dormidas hasta el final de los tiempos. La saga de los simios mutantes, posible pero improbable, tal vez toca en el fondo algunas fibras antropocentristas. Una gran cantidad de gente, de actitud conservadora, prefiere creer en el humano como el centro del universo y de la Creación. Una mirada a los andares de César, aún sabiendo que se trata de un elemento de ficción, permite entender, sobre todo si alguna vez se han visto simios inteligentes en persona y se ha estudiado su desempeño, cómo nuestro ADN se diferencia del de ellos sólo por una ínfima cantidad de código genético. Tal vez por eso estas historias son tan cautivadoras y nos permiten sintonizarnos en gran medida con la raza que -en esta ficción- sustituirá a la nuestra. Sin tomar en cuenta que la raza humana es presentada -mañosamente- con abundante villanía.
Pero no habría por qué justificar a los animalovers en este sentido. Lo más seguro es que, si los simios algún día llegaran a tomar el control de la sociedad, en su lenta evolución y desarrollo, igual caerían presos de las mismas pasiones humanas -o en este caso, simiescas- de destrucción, autodestrucción, envidia, vanidad, ambición y ansia desmedida de poder. Todos estos que, al final, son más signos de inteligencia que de barbarie.
War for the Planet of the Apes (La Guerra del Planeta de los Simios), dirigida por Matt Reeves, protagonizada por Andy Serkis, Woody Harrelson y Steve Zahn.