Dave Made a Maze (2017)

Es fácil decir que Dave Made a Maze pudiera muy bien haber sido un guión de Charlie Kauffman (Eternal Sunshine of a Spotless Mind, Being John Malkovich, Synecdoche, New York) en sus años de adolescencia. Igual que otras películas que bordan el surrealismo realista, alegórico, con simbolismos y alusiones a las complejidades de la vida moderna, el director y co-guionista Bill Waterston nos presenta una situación imposible, aún si pretendiera examinarse bajo los estándares de la ciencia ficción convencional. Una situación absurda ocurre, y los protagonistas la aceptan tácitamente y se dejan llevar por el flujo de la misma en lugar de cuestionarla: esta es la diferencia que identifica al surrealismo.

Dave, un artista frustrado por el síndrome de no-concluir-nada-de-lo-que-se-propone, decide un día terminar con este esquema y ocupa todo un fin de semana para construir, en la sala del departamento que comparte con su novia, un laberinto hecho de cartón que viene siendo un eco lejano de la legendaria TARDIS de Doctor Who. «Es más grande por dentro», anuncia Dave desde el interior del complejo a su sorprendida compañera, quien llega a casa después de estar ausente todo el fin. Le pide por favor que no entre, ni lo destruya, y que llame a su mejor amigo para ayudarle a salir del problema.

Así comienzan a llegar a conocer la hazaña de Dave varios personajes quienes, con sorpresa menos intensa de lo que se esperaría, comienzan a explorar el laberinto. Resulta que el lugar es enorme, ha desarrollado vida propia y está lleno de trampas y peligros mortales -literalmente- pues incluso el mismo Dave no puede encontrar la salida.

Soy honesto al decir que yo deseaba que esta película fuese una obra destacada del surrealismo actual. Yo quería fervientemente que se convirtiera en mi favorita de este oscuro subgénero, y algo me impidió verla así. Casi toda la acción transcurre dentro de un enorme complejo hecho principalmente de cartón y otros accesorios caseros. Pero me quedé sólo emocionado con la pura premisa. El desarrollo de la trama me pareció poco emocionante, pues los guionistas en realidad parecen haberse perdido en el laberinto de su propio mensaje. Tal vez se deba a las deficientes actuaciones y a un enfoque pobre de la consecución del objetivo final.

Sin embargo, puedo decir que la película es admirable por su entusiasmo su complicado y al mismo tiempo simplista diseño de producción y sus altamente imaginativas situaciones, a pesar de que no terminen de cuajar en su totalidad. No podemos descalificar un gran esfuerzo creativo únicamente por la inexperiencia de los escritores.

No puedo refrenarme de citar al crítico Scott Wold, de Paste Magazine, con este extracto que resume a la perfección lo que sentí al terminar de verla:

«Una de las más frustrantes experiencias en la apreciación del arte es el llegar a la confusa intersección de admirar el trabajo de un artista y al mismo tiempo no particularmente apreciarlo. Deja a los intencionados evaluadores en la más incómoda de las posiciones: a la deriva en el río de medir el valor de una pieza. ¿Es su culpa que no puedan conectar con esta, a pesar de reconocer las meritorias cualidades del trabajo? ¿O sus instintos son correctos, y los méritos del arte son tales que son meramente impresionantes en relación a sus atributos menos halagadores? Dave Made a Maze, la fieramente creativa pero infinitamente frustrante obra de Bill Watterson nos deja precisamente en esta incómoda posición.»

Que es exactamente la impresión que me queda, por ejemplo, al ver una obra de Picasso o Van Gogh.

Aún así, puedo recomendar Dave Made a Maze, no por lo cuestionable del desarrollo de su trama, sino porque es una idea genial y su hechura extremadamente laboriosa, lo cual merece un reconocimiento y ser apreciada por este esfuerzo. Tal vez habría crecido mejor en manos más capaces.

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