Si eres fan de Doctor Who, la antiquísima -y renovada- serie inglesa de ciencia-ficción fantástica, es posible que al día de hoy (16 de Julio de 2017) ya te hayas enterado de este acontecimiento. El Doctor Who número 13 será, por primera vez, una mujer.
La BBC acaba de anunciar, con bombo y platillo, que la décimo tercera encarnación del famoso alienígena de Gallifrey estará a cargo de Jodie Whittaker, quien ya previamente compartió créditos con el mismísimo David «Allons-Y» Tennant (el famosísismo y aparentemente insuperable Décimo Doctor) en la serie británica Broadchurch. El encargado de la temporada 11 y frontrunner de la misma será el guionista Chris Chibnall (también escritor titular de Broadchurch), cuyos guiones aportados a Doctor Who no son precisamente de los favoritos de los Whovians, por lo que albergamos un poco de dudas sobre si la serie alcanzará los mismos estándares de calidad cienciaficcionesca que ha alcanzado el célebre Steven Moffat, showrunner por 6 temporadas, desde el 2010.
Lo cual nos llevará, en la undécima temporada de la era moderna de Doctor Who, a una especie de bifurcación en la percepción. Veamos, cuando se experimenta con lo ya establecido y lo tradicional, es decir, se rompen los paradigmas, hay que tener siempre un punto de control, y esto es aún más cierto cuando está de por medio una audiencia cautiva durante tantos años. Y más si es inglesa.
Cuando estamos tratando de encontrar una falla, digamos, en programación, o en reparaciones de hardware, no vamos haciendo pruebas, correcciones o cambios de dos en dos (o más de dos), si es que queremos hallar el origen verdadero del problema. Si tenemos éxito, así nunca sabremos cual fue la operación que nos llevó al mismo.
En el caso de esta serie, los cambios no debieron haberse hecho al mismo tiempo. Si la undécima temporada resulta un fracaso (lo cual no deseo pero albergo ese ligero temor en mi mente), no sabremos si fue por un deficiente desempeño de Chibnall -quien puede ser un excelente guionista pero, hasta el momento, ha carecido de ese enfoque de misterio y ese halo de misticismo dramático-científico de Moffat- o si se debió a que Jodie Whittaker no alcanzó a llenar los grandes zapatos que deja Capaldi.
Por mi parte, no tengo inconveniente en que el Doctor sea una fémina. Esta es la época del inclusivismo, y hay que estar acorde. El tradicionalismo con el que la mayoría hemos crecido (insisto, y más los ingleses), nos lleva a pensar que los personajes establecidos deben seguir los lineamientos originales de raza, color, género y edad. Este último ya fue desbancado desde las temporadas iniciales cuando el primer Doctor, William Hartnell, fue sucesivamente reestituido por uno cada vez más joven, alternando edades hasta llegar a Matt Smith de la nueva época con escasos veintisiete años (ver Las Edades de los Doctores).
Según la mitología de los Time Lords, el Doctor podría transformarse en cualquier tipo de humano -en sí, por conveniencia de la serie- ya que los Time Lords de origen también tienen la apariencia de nuestra especie. Tal vez lo que veo de Whittaker es una apariencia de mujer frágil, probablemente por sus rasgos faciales, aspecto en el cual habrían sido más favorable la leve y excéntrica androginia de Tilda Swinton o la fiereza de una Sigourney Weaver. Pero tal vez eso también sea desear que la mujer sea masculinizada para mantener el prejuicio machista, por lo que deberé conceder a Jodie el beneficio de la duda. Quizá nos de la sorpresa igual que como nos la propinó Matt Smith con sus manerismos maniacos, ella puede tener un as bajo la manga de su talento para portar con decoro el rol del Doctor y proporcionarle una nueva personalidad, sin perder su esencia.
No tuve mucha confianza en Capaldi, hasta que mejoró notablemente al final de su primera temporada (octava) y al inicio de su segunda. A este punto, le veo a la misma altura y cumpliendo con la fortaleza (léase seguridad en sí mismo) como el Doctor de Tennant. El punto en que me demostró que era un más que digno Ultimate Time Lord fue en el episodio 11 de la temporada 9, «Heaven Sent», capítulo que mezcló un gran guión de Moffat, un exquisito diseño de producción y una inmejorable actuación en un one-man-show.
Por el lado de Chibnall, en verdad tiene que esforzarse para superar los guiones con los que ha contribuido a la serie y por lo menos igualar los story-arcs (arcos narativos, las historias de fondo que trasncurren a lo largo de las temporadas) a los que nos acostumbraron Russell T. Davies (el resucitador de Doctor Who y primer showrunner) y el mismo Moffat. Hasta ahora, sus episodios han sido más drama que ciencia-ficción.
Chris es un excelente dramaturgo y Broadchurch ha sido uno de sus grandes hitos, sin embargo, en el ámbito de la CF/F hay que ser atrevido, visionario, y empujar los límites cada vez más. Si no logra nivelar adecuadamente las dosis de drama y fantasía que en especial este legendario show requiere, los Whovians pueden mostrar su disgusto y eso no le conviene a la BBC, y por lo tanto, el show podría llegar a una nueva cancelación.
Y por el lado de los ingleses, hay algo que mantiene mi esperanza. Tal vez son uno de los pueblos más tradicionalistas, probablemente más que México, más que Japón -que ya es mucho decir- y pueden entrar alegremente a la onda del inclusivismo mundial, aunque hay dos cosas que nunca van a permitir. El Doctor puede ser mujer, negro, joven, viejo, calvo, gordo, flaco, pero siempre, siempre deberá ser británico. La otra cosa que es casi seguro que no dejen que les quiten de las manos es el honor de poseer el show televisivo de ciencia-ficción más antiguo del mundo: 54 años, y contando.
De manera que, mis dos centavos: uno para Chris y otro para Jodie. De todo corazón deseo que mantengan la vara en alto. Lo único que me pregunto es: cuando el Doctor se regenere en el próximo especial de Navidad y aparezca en el cuerpo femenino, ¿dirá: «Boobs! No dick! And… still not Ginger!»?