Siempre he intentado, en aras de la diversión, estirar los límites de mi incredulidad con el objetivo de disfrutar plenamente las historias que consumo en el cine y la TV. Lo he hecho así desde mi infancia con 2001 A Space Oddisey, pasando por Back to the Future, Star Trek, y hasta la fecha con la moderna ciencia-ficción, en tiempos recientes con Interstellar y Arrival, ambos excelentes ejemplos de hardcore sci-fi en el siglo XXI. Y todos deberían hacer lo mismo, bajo pena de amargarse intelectualmente y terminar como el papá de un amigo que no puede entretenerse ni con las aventuras del Santo y Blue Demon, y mucho menos reírse del humor involuntario que estas películas de culto nos regalan.
Cuando tenemos una incipiente formación cuasi-científica y podemos comprender las implicaciones de la física cuántica sin internarnos en sus complejidades, así como los pliegues espaciales, los bucles temporales y las paradojas derivadas, aún podemos aceptar pequeñas violaciones a las leyes existenciales con tal de pasar ratos agradables sumergiéndonos en las historias que los guionistas nos ofrecen para motivar nuestra mente. El caso de la saga de Back to the Future es significativo: comete varios atentados contra la lógica de los viajes en el tiempo, sin embargo los perdonamos por el innegable carisma de los personajes y del enredijo que alegremente crearon para nuestro deleite. Doctor Who lleva milenios viajando por la historia y en sus inicios jamás se imaginaron que el primer doctor podría encontrarse con sus posteriores encarnaciones, sin que esto haya afectado la serie que ya es un clásico de la ficción terrestre.
En eso reside precisamente el término “suspensión de la incredulidad”. Significa hacer concesiones mentales para poder disfrutar de las tramas aunque estas contengan errores, involuntarios o intencionales. Aunque a veces, y en especial los guionistas norteamericanos, van demasiado lejos y descuidan la veracidad interna de su propia realidad.
Ese es el caso de Timeless, serie estrenada a principios del mes de octubre de este año. Sin abordar el tema de que fue acusada de plagio por los creadores de la serie española El Ministerio del Tiempo, este show nos cuenta, en resumen, las aventuras de una historiadora experta, un soldado y un científico que viajan en una nave temporal para corregir las alteraciones en el tiempo que ha creado el villano que robó otra nave, para cumplir una agenda propia. El planteamiento es un moderno collage con elementos de antiguos programas como The Time Tunnel, Quantum Leap y Voyagers!, donde la protagonista es la clásica experta y Wikipedia ambulante en asuntos históricos, el rudo que hace el trabajo combativo y el científico que resuelve los problemas técnicos. La razón por la que curiosamente siempre caen en los momentos claves de la historia americana también está plenamente justificado: el chico malo busca estos parteaguas, con el objeto de alterarlos. No pueden faltar en la serie los encuentros con personajes célebres como John Wilkes Booth, Werner Von Braun o Ian Fleming. Diría yo que todo esto no sólo es conveniente, sino necesario para hacer avanzar este tipo de shows.
Mi problema con Timeless (y mi problema debería tomarse como simple ejercicio lúdico intelectual, no como campaña de desaprobación) comienza cuando ocurre un cambio en el pasado y vuelven al “presente”. En el primer episodio, Lucy Preston vuelve del pasado después de intervenir en el accidente del Hindemburg y encuentra que su madre ya no está muriendo de cáncer pero su hermana nunca ha existido. El inconveniente resultante es que todo lo demás sigue exactamente igual. La misma casa, mismas personalidades, mismos trabajos, etcétera. Todo esto porque alguien que debió haber muerto, sobrevivió al desastre del dirigible. Y un cambio tan significativo debería desarrollar una ola de eventos hacia el futuro con tantas alteraciones que un individuo específico ni siquiera tendría la oportunidad de existir.
A esto se le llama Efecto Mariposa, un concepto de la Teoría del Caos que sostiene que una pequeña variación en los datos iniciales de un sistema puede producir una evolución completamente diferente. No se trata de que viajes al pasado, haces que tu padre repruebe su examen de admisión en la universidad y al retornar al presente, ahora vives con tus mismos padres y hermanos en una casa paupérrima (o lo inverso). No es así de sencillo. En la serie Fringe cometieron un desliz similar: se trasladan a una realidad alterna en la que el presidente Kennedy no fue asesinado, y presenciamos un encuentro televisivo entre JFK y Obama. En tal caso, sería de esperarse que la sucesión presidencial tomase otro rumbo muy distinto, a menos que lo justifiquemos con el “Obama estaba predestinado”. Lo cual pone fin a cualquier discusión y mejor moverse a otro tema.
Timeless, en resumen, es una buena serie estándar de viajes en el tiempo, destinada solamente a entretener, sin tomar en cuenta las variaciones geográficas temporales, la inconveniencia del efecto mariposa, el desplazamiento del planeta Tierra por el espacio, en fin, cosas que nadie toma en cuenta para poder disfrutarla y pasar un rato divertido. Los personajes son de un carisma regular y, diría yo, demasiado predecibles y moralistas, pero también entiendo que esa es la carne de los shows norteamericanos de sci-fi. Por lo tanto, ni me hagan mucho caso y siéntense cómodamente a disfrutar la primera temporada, que si este grinch cienciaficcionero pudo perdonar las inconsistencias de Marty McFly y el Doc Brown ¿qué autoridad tendrá para condenar las nuevas sagas?
Un abrazo a todos.